La traductora de la Copa Davis

18 Oct

El equipo de Copa Davis de República Checa pasó por Buenos Aires en septiembre de 2012. La historia es conocida: los tenistas dirigidos por Jaroslav  Navratil hicieron polvo las ilusiones de los argentinos. Se perdió en semifinales, como locales y siendo favoritos, pero en esta nota el foco se posara  en otro aspecto que llamó la atención durante toda la semana en la sala de prensa del complejo de Villa Soldati. Había un personaje muy particular, Bedriska Aguilarova, la traductora de checo al español.

Federica, como la llaman en la Argentina, cautivó a los periodistas que les tocó cubrir la dolorosa serie de Copa Davis que significó la eliminación del conjunto nacional de la competencia anual. Su pintoresco español – un poco atravesado – su simpatía a la hora de hablar y su increíble pronunciación de los apellidos de los jugadores checos, como Berdych y Stepanek, hicieron que la traductora no pasara desapercibida. Además, tiene una historia de vida interesantísima que empieza en la ex Checoslovaquia.

Nació en el país del este europeo – ex Unión Soviética – que en la actualidad posee más de 10 millones de habitantes y allí decidió estudiar la carrera de traductora de español. “Yo estudié checo y castellano, terminé la facultad y en Praga conocí a mi esposo. Después de superar una infinidad de dificultades nos casamos y en el 71 me vine para la Argentina”, comentó Bedriska. Más tarde, contó acerca de su hija que vive en la actual República Checa: “Ella está radicada ahí porque fue a estudiar cuando todavía estaban mis padres. Finalmente, conoció a su esposo, consiguió trabajo y se quedó ahí”.

La primavera de Praga, que comenzó el 5 de enero de 1968, fue un movimiento aperturista integrado en su gran mayoría por jóvenes que apoyaban al nuevo Secretario General del partido comunista, Alexander Dubcek, presidente checoslovaco. Este movimiento finalmente fracasó porque el régimen soviético no lo soportó, debido a que Checoslovaquia se encontraba en un punto estratégico dentro de Europa Central. Esta corriente fue un primer indicio de la crisis soviética. Federica tuvo la oportunidad de presenciar este acontecimiento histórico. En 1998, decidió escribir una crónica titulada “Cicatrices”, que retrata como vivió ese momento.

Foto tomada en 1968, antes de la ocupación.

“Cicatrices”

“Aquella pasada noche me acosté tarde. Vivía, entonces, en una callejuela, detrás de la iglesia de Tyn en Praga Vieja. Cuando caminaba hacia mi casa el aire olía a tormenta, sin embargo, en el cielo brillaban encendidas estrellas de todos tamaños. El empedrado desierto de las calles, los faroles, los viejos edificios, muchos con sus ventanas abiertas, todo se preparaba para descansar en paz.
La bóveda y planta baja de la casa, donde yo vivía, fueron construídas en el siglo XV. Todos los ángulos de mi departamento se abrían a más o se cerraban a menos de 90°. A través de las ventanas entraba una noche de agosto. Me dormí rápidamente. Soñé que escuchaba un ruido grave que nada tenía que ver con los sonidos nocturnos habituales de la ciudad.
Todo estaba oscuro, cuando de la calle llegaron a mi cuarto sonidos de voces humanas. Miré el reloj. Eran apenas las cinco
Empecé a prestar atención a lo que decía la gente abajo.
“¿Viste? ¡Están aquí! ¡Nos ocuparon!”
Salté de la cama y miré por la ventana. Vi, como en la luz que iluminaba la estrecha calle, se alejaban dos personas. En la cabeza me resonaban sus últimas palabras- ¡Nos ocuparon! ¡NOS OCUPARON!!!
¡Por eso el extraño ruido! Toda la noche aterrizaban aviones y escupían tanques y soldados…
Me vestí rápidamente y me encaminé al Museo de Náprstek, donde trabajaba. En la Plaza de la Ciudad Vieja los vi. En la oscuridad, en un semicírculo, como escarabajos metálicos y junto a los tanques soldados hablando en ruso.
¡¿Cómo pudimos ser tan INGENUOS…?!

Pasaron las primeras horas, los primeros días de nuestra ocupación.
Parecía una pesadilla…
Caminaba por las calles y deseaba volver a ver Praga tan linda como fue antes del 21, pero las noticias eran cada vez menos alentadoras. Los principales representantes del gobierno permanecían en Moscú, a donde los llevaron por la fuerza. Algunas personas creían en un milagro, pero la realidad se palpaba en las calles, se escuchaba por la radio y principalmente, se leía en los ojos de las personas.
Iba por unos formularios al Museo Nacional. Corté el camino a través de la plaza Uhelný trh y la calle Mustek y ya estaba en la Plaza de Wenceslao. En el museo me dirigí al Departamento de Publicidad a saludar a mis excompañeros. Desde las ventanas se veía la estatua de San Wenceslao, el querido patrono de los checos y atrás, el nuevo adorno de esta plaza, corazón de Praga, los tanques rusos. Los miramos con bronca e impotencia. De pronto se veía un revuelo de gente, que siempre se amontonaba alrededor y escupía, gritaba o simplemente miraba con desprecio. Escuchamos tiros, gritos y después vimos salir llamas de uno de los tanques. Sentimos satisfacción, pero también preocupación. ¡Ojalá que nadie de los nuestros resultara herido o muerto…!
El comunicado oficial fue austero: Un joven inadaptado, en un momento de descuido, prendió fuego a uno de los tanques de nuestros aliados. No hubo heridos ni muertos…
Sólo las cicatrices que quedaron para siempre en nuestros corazones…

Cicatrices son las que lleva ella en la piel. Algunas de su querida República Checa, otras cosechadas en Latinoamérica. Federica, en la Argentina, Bedriska, en República Checa, una persona que trasciende más allá de su actividad como eventual traductora en la Copa Davis.

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