Gustavo Marcaccio: la adrenalina de ser coach

6 Nov

Gustavo Marcaccio no es una persona que desperdicia las palabras. Él no habla por hablar. No dice por decir. A la hora de la dialéctica, Marcaccio, de 36 años, se toma su tiempo y busca los vocablos exactos para transmitir su mensaje. Muchas veces se detiene en medio de su discurso,  piensa, procura en su cerebro el término correcto, lo pronuncia y continúa hablando. En otras oportunidades, Cachito, como lo llaman los más confianzudos, corrige y cambia palabras sobre la marcha. Le interesa que la comunicación sea clara, y sobre todo, precisa.

También es un tanto larguero con sus respuestas. Por lo general, Marcaccio comienza respondiendo el tema central del interrogante. Luego, su lengua se pierde e introduce  en los recovecos  más profundos de su mente. Al final, y después de varios minutos, Gustavo vuelve al  tema principal e intenta darle un cierre, una conclusión. Sin embargo, lo más interesante ya ocurrió, y aparece cuando su cabeza fluye y se va de la estructuración, que muchas veces, llevamos los periodistas.

Por otro lado, un aspecto que lo distingue al ex jugador -llegó a ser 284° del mundo, en 2004- es su constante perfil bajo. No es falsa modestia, ni vanidad,  es sencillez y un tanto de pudor al momento de tener que evaluarse u otorgarse méritos o galardones. Este entrenador de tenis, que tuvo como pupilos al ecuatoriano Giovanni Lapentti, Máximo González y Juan Mónaco, es distinto a la hora de comunicarse. Sus palabras son certeras y agudas, y además, habla con argumentos y convicciones, algo que muchas veces difícil de encontrar.

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Hace un tiempo hablaba con Gastón Gaudio y me comentaba lo difícil que es encontrar algo que genere la adrenalina que te produce el tenis. Por ejemplo, Gaudio decía que había pasado por muchas cosas para poder ocupar el tiempo, pero que hasta ahora, tres años después de su retiro, no lo pudo encontrar. En tu caso, ¿fue así?

En mi caso es significativamente diferente. No jugué las grandes ligas y me quedaron muchas cosas pendientes desde lo deportivo, en cuanto a logros. Lógicamente, cuando uno transita el tenis, va teniendo cachetazos de realismo pero uno nunca deja de soñar y de mirar hacia las “grandes ligas”. No me tocó nunca pertenecer a ese nivel. Fue una cuenta pendiente que la pude cumplir como entrenador y tener la experiencia de estar en el alto nivel. Desde ese punto de vista, mi post tenis es muy distinto al de Gastón (Gaudio).

Cuando te gusta mucho el tenis, que en el caso mío soy un apasionado, no me fue difícil la transición. Quizás no me imaginaba que el rol de entrenador me podía encajar tan bien. Lo que sí sabía era que lo que fuese a hacer con el tenis lo iba a disfrutar, y me iba a  llenar de esa adrenalina que me había dejado la competencia. Esa es la ventaja que tenemos los que no jugamos tan bien, de encontrar más herramientas y ocupaciones en el post tenis que te llenen de esa adrenalina.

Como te decía, si hubiese jugado las “grandes ligas”, la vocación de entrenador la hubiese tenido, pero no tanta adrenalina en ese tránsito. Lo hubiese vivido de manera más pasiva, llevadera. Incursionar como entrenador fue una adrenalina constante, y lógicamente distinta a competir.

¿Cómo llegaste a ser entrenador? ¿Lo buscaste o se dio solo?

En 2009 jugaba, y vino Giovanni Lapentti que en ese momento había tenido varios entrenadores argentinos. Incluso arranqué jugando. Él quería que lo entrene pero podíamos tener la flexibilidad de que yo jugara algunas qualies. Pero enseguida, cuando vi cómo venía la demanda de tiempo, no jugué más y me dediqué de lleno al coaching.
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¿Qué es lo que te distingue como un buen entrenador?

Me cuesta mucho la parte de hacer un juicio propio de las aptitudes. Pero me cuesta en todo, no solo en el tenis, también en los valores. Es una respuesta que la tiene que dar un jugador al que haya entrenado.

Pero, ¿ en qué hacías más hincapié? Por ejemplo, tu metodología de trabajo.

Es una metodología que apunta básicamente a tratar de reproducir en los entrenamientos lo que va a pasar en la competencia. No es fácil, porque muchas veces tenés el factor de la constante frustración que es un componente que debés dosificar mucho porque los entrenamientos se te van de las manos. Pero siempre mi idea abarca mucho más que ello. Un entrenador, para ser completo, tiene que estar puntuando siete, ocho puntos en todos los aspectos. No solamente consiste en ser bueno en la fase de entrenamientos o durante los partidos, eso es solo una parte. Después está cómo llevar al jugador emocionalmente, entenderlo, escucharlo, aprender sobre lo que te comunica, poder sacar buenas conclusiones de las situaciones que se van viviendo. El conjunto de todo eso hace que un entrenador sea bueno.

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Machi González, Pico, Marcaccio, Nacho Menchón y Diego Rivas.

En el caso de Juan Mónaco, hasta el momento en el que llegaste vos él había sido muy irregular. Llego a tocar el puesto 14° del ranking, ganó torneos, tuvo lesiones pero no había logrado estabilizarse. ¿Crees que caíste en el momento justo de Pico?

Hay algo muy ingrato en el tenis que es sembrar para que cosechen los demás. Me refiero a todo lo que fue haciendo Pico durante su carrera junto a: Lobito, Pancho Mastelli, Pepo Clavet, Mariano Zabaleta. Yo llegué y fui una parte de su carrera. En ese momento era el eslabón de turno y me tocó encontrarme con un tipo muy maduro, con muchísimas ganas, mucha humildad, y que encima venía con un envión tenístico muy importante. Creo que caí en el momento adecuado, en todo sentido.  Terminé siendo el que cosechó todo lo que otros habían sembrado, y a eso me refiero con la ingratitud que puede tener esta labor.

El 2012 fue un año muy exitoso y que superó las expectativas de Pico y tuyas (se habían planteado llegar a los 2000 puntos y los superaron). Este año, tal vez los objetivos planteados no se llegaron a cumplir, ¿Fue esa la razón de la ruptura del vínculo?

Son períodos de trabajo. A veces los ciclos se cumplen y punto. No hay demasiadas vueltas para buscarle. En cuanto a los objetivos del 2012, es cierto que el ser Top 10 no era una meta para ese año pero sí lo iba a ser posteriormente habiendo terminado un año dentro de los quince. Vino antes de lo que uno esperaba.

Seguramente habrá otra chance de que hagamos algo juntos en el futuro. Esa posibilidad siempre está. Y si quedaban o no quedaban cosas por realizar eso no lo sé, es hablar sobre supuestos.
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Durante 2012, en Malasia, y con las Torres Petronas de fondo, celebrando el único título de Pico sobre canchas rápidas.

Últimamente, la brecha generacional dentro del Top 100 se alargó, y para los jóvenes es cada vez más difícil insertarse en el máximo nivel. ¿Tenés alguna explicación sobre esto?

Como toda tendencia, siempre es un conjunto de factores. Como puntos más sobresalientes, hoy los jugadores son más profesionales y pueden alargar más la vida útil de sus carreras. Igualmente, esta ha sido una camada de jugadores que superan los treinta, estamos hablando de una generación dorada porque son grandes tenistas en un mismo tiempo.

Después, también hay una falencia de los que vienen. No por desmerecer a las nuevas generaciones pero quizás no tienen esa jerarquía que necesitarían para quebrar a los que hoy están ahí. Tiene que ver porque esos que están, no solo perduran por su jerarquía, sino por la profesionalidad que han adquirido en estos años, en cuanto a cuidar su físico, la alimentación, a trabajar de manera preventiva para poder alargar la vida útil de sus carreras. Todo eso hace que le pongan un escudo a los pibes que están saliendo.

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Junto a Mariano Zabaleta y Gastón Gaudio durante el Masters de Menores que se llevó a cabo en el Buenos Aires LTC. (Ph: FueBuena)

SU PASO POR LOS MEDIOS

Muchos memoriosos y nostálgicos recuerdan el programa “Tenis Pro”, transmitido por Fox Sports. Este particular formato televisivo, donde Mariano Zabaleta, Gastón Gaudio y Juan Ignacio Chela mostraban la intimidad del circuito ATP, tuvo como protagonista a Gustavo Marcaccio quien muchas veces ejercía la labor de entrevistador.

Además de aquella experiencia en la tele, Marcaccio tuvo dos programas de radio (Doble mixto y Pelotas Nuevas) y demostró su facilidad a la hora de hablar frente al micrófono.  “La verdad soy un poco lento para hablar, trato de elegir las palabras. En su momento no seguí porque creí que no era compatible con el rol de entrenador.  Eso me pasó en Tenis Pro que ni bien empecé como coach no quise seguir ligado al programa”.

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