Luis Pianelli y el arte de las cuerdas

20 Mar

Todo parece estar en sintonía para realizar la entrevista. Lugar cómodo, protagonista predispuesto, grabador en mano y la primera pregunta ya fue lanzada. Sin embargo, cuando Luis Pianelli comienza a contestar, uno de sus clientes, irrumpe en el container que sirve de espacio físico para que trabajen los encordadores. Es que el argentino Luis Pianelli es el encordador oficial del ATP de Buenos Aires, donde trabaja para Wilson. En aquel instante, Lukas Dlouhy irrumpe sin previo aviso en ese “bunker”, dentro del Buenos Aires Lawn Tennis Club. El tenista checo viene a buscar sus raquetas y está apurado, no puede perder tiempo, su partido de dobles está por comenzar. De un salto, y con extrema rapidez, Luis recoge las Prince del europeo y demuestra a sus aprendices cómo se trabaja.
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Sin embargo, toda historia tiene un comienzo, y para explicar la profesión de Luis Pianelli hay que remontarse a su infancia en Arroyo Seco, pequeña ciudad ubicada a treinta kilómetros de Rosario. Allí vivía y lo continúa haciendo. De chico, él jugaba al tenis y cortar el encordado de su raqueta era un trastorno para su madre, y al mismo tiempo, el disparador de su pasión. “Cuando cortaba los encordados, mi mamá me tenía que llevar la raqueta a Rosario. Llevarla, ir a buscarla; llevarla, ir a buscarla. Llegó un momento que se cansó y me dijo: “Luis, yo no puedo estar todos los días llevando las raquetas a Rosario”. Me trajo a Buenos Aires y me compró una máquina”, dice Pianelli, de 46 años, quien trabajó muchísimo tiempo como encordador oficial del equipo argentino de Copa Davis. Lo que no pensó su madre fue que todos aquellos que practicaban tenis en Arroyo Seco tenían la misma dificultad. Así nació el “encordador del pueblo”: “Primero empecé a encordar las raquetas para mí. ¿Pero qué pasó? En Arroyo Seco era el único que tenía la máquina. Entonces, todo el pueblo, cuando se enteró que la tenía, me empezó a dar las raquetas para no llevarlas a Rosario. A mí me gustó y lo empecé a hacer más profesional. Fui cambiando la máquina, me fui perfeccionando, me fui contactando con gente que tenía mucha más experiencia que yo”, narra Pianelli que aprendió el arte de encordar simplemente mirando.

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Día agotador para los encordadores durante el ATP porteño.

En 1997, mismo año en el cual se recibió de abogado, Pianelli decidió viajar a Roland Garros. Su interés no radicaba en ver a los jugadores desplazarse en el polvo de ladrillo, sino descubrir dónde se encordaban las raquetas. “La marca que encordaba en París, era Tecnifibre, donde yo conocía al dueño, al cual le había dicho que mi sueño era ser encordador de Roland Garros. Él me dijo que lamentablemente no me podía llevar porque en Argentina no se conocía su marca y él no iba a tener ningún beneficio en llevar a un argentino”.
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La Head de Djokovic durante el US Open. 57 libras ó 26 kilos.

Dos años más tarde, Luis cumpliría uno de sus sueños. Por la baja de un encordador de la marca francesa Tecnifibre, el argentino fue convocado y trabajó en su primer Grand Slam, Roland Garros. “Para un argentino, Roland Garros siempre es especial. Estaba nervioso y pensaba que como no me conocían, y me habían llamado casi de última, me iban a dar las raquetas del ranking 100. Sin embargo, la primera raqueta que me dieron fue la de Thomas Muster”, cuenta quien ahora ya lleva 14 Majors en sus manos.
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Luego de algunas respuestas, la entrevista vuelve a ser interrumpida. Un integrante del equipo de trabajo de David Ferrer acude al pequeño container a traer qué otra cosa: unas raquetas. Son dos Prince. Los dos ayudantes de Pianelli confirman con su jefe la tensión de cuerdas que utiliza el español: 57. Cada uno de ellos, en su máquina, comienza a encordar la raqueta del actual número 4 del ranking. “No, no, pará. Las de Ferrer uno cada uno no. Las de Ferrer uno solo porque puede ser peligroso”, le dice a Pablo, uno de los encordadores, quien había estado trabajando con las raquetas del tenista durante toda la semana. “Él le viene encordando siempre. Ahora, que en este partido le cambies, se va a dar cuenta. Tratamos que el encordador que lo hizo el primer día lo siga haciendo. Saaaalvo que esté jugando, y durante el partido le mande una raqueta, y ese encordador está ocupado. Ahí, el jugador lo va a entender porque fue un caso de suma urgencia”. Con estos gestos, Pianelli demuestra que allí se trabaja a su manera,  con su reglas. No es autoritario. Pero sí muy profesional con lo que hace. Nada está librado al azar. IMG_4189

La Prince de Ferru siendo atendida.

Quienes tampoco dejan nada librado al azar son los tenistas. Hablando de cuerdas, los animadores del circuito dedican una porción importante de su dinero en el encordado de su raqueta. Para empezar a entender este “submundo” dentro del tenis, hay que diferenciar las dos grandes clasificaciones que hay en encordados: monofilamento y tripa natural. La primera es sintética y es aquella que utiliza el 80% de los tenistas. La otra, tripa natural, proviene del intestino de la vaca y es el más costoso. Para entender su valuación hay que tener en cuenta que para fabricarlo se necesita el intestino de dos vacas y media, solo para hacer un encordado. Además de dos meses de fabricación. En contraste, el sintético lo hacen en apenas quince minutos. “En Argentina no existe la tecnología para realizar estas cuerdas de tripa natural. También creo que debe haber muy pocas fábricas en mundo, tres o cuatro”, comenta Pianelli.
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Pianelli junto a Grigor Dimitrov y las raquetas que utilizó el búlgaro durante la final de Acapulco. 

El segundo aspecto fundamental a la hora de encordar una raqueta es la tensión de las cuerdas. Según Pianelli, en el circuito ATP existe una tendencia a disminuir la rigidez del encordado. “Es muy notorio como todos están bajando la tensión en las raquetas. Hoy las cuerdas son mucho más duras. Antes, le ponían 60 libras; hoy le ponen 45 y la cuerda queda tensa. Ahora los materiales cambiaron mucho. Son más resistentes porque hay más potencia”.
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La maquina de Pianelli fue firmada por Roger Federer durante sus exhibiciones en 2012, en Tigre, Argentina.

Sin embargo, las excepciones a la regla existen. El caso más extremo es el del italiano Filippo Volandri quien ajusta sus cuerdas con apenas 22 libras, una gran gomera (?).  Otro que se anota dentro de los “anormales” es Juan Martín Del Potro que utiliza 58 libras, bien durita. “Tiene mucha potencia y quiere el encordado bien duro para poder controlar la pelota”, explica Pianelli sobre la anomalía del tandilense.
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“Pero que duro está el encordado, Juan”, le dice el Papa. Este sí que sabe de todo (?)

La charla va terminando, pero desde el principio de la misma, Pianelli nunca soltó algo de sus manos. Muchas personas, a la hora de hablar, utilizan un elemento que lo ayuda a combatir los nervios, o tal vez, como método de concentración. En el caso de Luis Pianelli, el objeto distractivo que emplea mientras ejecuta sus palabras (con extrema puntillosidad) no puede ser otro que una raqueta. Durante la entrevista, el encordador no dejo de tocar la Wilson del periodista argentino Sebastián Torok. Sin embargo, él no la tocaba. Parecía acariciarla y recorrerla de memoria con el tacto. Como un carpintero reconoce con sus rugosas manos el mueble recién terminado, o un escultor disfruta de su moldeada cerámica, Pianelli también goza de su obra de arte, la raqueta.

EL TENIS POBRE Y LAS MÁQUINAS PORTÁTILES

“20 dólares”, dice un letrero fuera del container donde Luis Pianelli y su equipo trabaja. Ese es el precio por cada raqueta encordada. En el caso de los tenistas que transitan el circuito ATP, abonar esa suma, por lo general, no es impedimento. Bajando de categorías, es decir, en los Challenger y Futures, todo método de ahorro es bienvenido. Por ello, algunos jugadores deciden viajar con sus máquinas portátiles que ellos mismos manipulan.
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Manos a la obra para el burundés Hassan.

“Es muy común que los chicos en los Futures, por una cuestión de ahorrar unos pesos, estén con sus propias máquinas de encordar. No está mal. Hay hasta profesionales (refiriéndose a Top 100) que lo hacen: como Paula Ormaechea, y hasta hace poco, Leo Mayer y Horacio Zeballos”. Otro caso es el del burundés Hassan  Ndayishimiye (entrevistado por EfectoTenis) quien economizaba sus gastos de esta manera. Sobre la calidad de tensión y una posible disminución de calidad, Pianelli opinó: “Perder no pierden, porque se acostumbran a la raqueta que ellos encuerdan”.

#Agradecimiento especial para el periodista del diario La Nación, Sebastián Torok. Generosidad.

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