Destino, Villa del Dique 3

16 Jun

En el comedor del complejo OSPACA, donde se llevó acabo el Women’s Circuit de Villa del Dique, Córdoba, los ventanales, estratégicamente ubicados, dejan observar lo que ocurre en las dos canchas principales. Son las 9 de la mañana y entre criollito va, criollito viene, Mariana Díaz Oliva (ex 42° WTA) entrena a las dos finalistas, a sus dos jugadoras, a sus dos chicas. Esto no es algo habitual cuando en apenas en una hora van a estar enfrentadas, decidiendo quién ganará su primer torneo profesional. Sin embargo, cuando hace una semana que compartís una cabaña, cuando es con ella con quien recorrés el pueblito cordobés, el panorama deja de ser sorpendente.

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La final entre las juveniles Julieta Estable (16) y Daniela Farfán (17) transitó por varios estados. El primer set arrancó muy parejo. Hasta el 3-3, tanto Tita como Daniela parecían estar midiéndose. Luego, Estable impondría toda su potencia y mayor experiencia en estos torneos y con dos quiebres se pondría 6-3. En el segundo, que sería 6-3 para Farfán, Estable dejó en claro que el match pasaba por sus manos. Muchísimos errores, tal vez por nervios, ansiedad, o vaya uno a saber qué, pero Farfán (debutante en este tipo de instancia) mantuvo la regularidad durante todo el partido. En el definitivo, el momento crítico llego en el sexto juego, cuando Estable sacaba 2-3. Tita, que continuaba muy irregular, levantó dos break points que hubiesen sido mortales para sus aspiraciones. El primero de estos puntos, Estable lo salvó con un magistral globo al revés que más tarde le permitiría ponerse iguales. El segundo, un potente revés paralelo que dejó la línea sin polvo de ladrillo, blanca, inmaculada. Después de ese vital game, Tita logró quebrar y dominar con su servicio hasta el 6-4.

 

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Entrevista completa a Estable, Farfán y Díaz Oliva.

“Fue una muy buena semana. Jugué partidos muy buenos, y estoy muy contenta de haber jugado la final contra una amiga”, le decía Tita Estable a Tenis Sports y a EfectoTenis. Sobre la experiencia de jugar contra una amiga señaló: “Por una lado está bueno porque las dos jugamos grandes partidos. En la final, el título podría haber sido para cualquiera de las dos. Finalmente fue para mi lado, pero la felicito a Dani porque jugó muy bien”. La finalista, Daniela Farfán también expresó las particulares sensaciones de enfrentarse con una compañera: “Es difícil porque las dos nos conocemos mucho. Como vos decías ayer recorrimos el pueblo, hoy la entrada en calor, hacemos todo juntas. En lo mental también es complicado pero contenta de jugar la final contra Juli”.

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De fondo a la campeona, Díaz Oliva consolando a Farfán después de la derrota. Ph: Hotel Carrillo.

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Por la tarde, y con todas las tareas liquidadas que conlleva un medio digital, era momento de recorrer todo lo que quedaba (montonazo (?)). Primero, con unas energías sorprendentes y creyéndome un aventurero, “escalé”, va, mejor dicho subí con jean y camisa la mitad del cerro que estaba en frente al hotel. Mi idea, de porteño que sale del frasco, subestimando a la sierra, era llegar hasta el cartel de “2014” y sacar alguna foto desde las alturas. Resignado por no encontrar el camino, llegué hasta donde hubo sendero y agitado saqué esta foto y comí un pebete de jamón y queso, como para contrarrestar el esfuerzo. ¿Periodismo sanguchero?

Me agité para sacar esta foto. Villa del Dique desde las alturas,

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La improvisada actividad turística no se detendría allí. Un circuito en bicicleta sería mi próximo reto físico. La denominada “Vuelta al Cerro” encarnaba las exigencias de una etapa del “Giro D’Italia” o del “Tour de France”. Envalentonado por la libertad que genera andar en bici, el primero de los ocho kilómetros de extensión que contaba la vuelta alrededor de la sierra fue a una velocidad que superó mis expectativas. Después, las subidas empezaron a sentirse, pero el hermoso entorno ayudaba a olvidar el cansancio.
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A la izquierda de mi bici, el lago artificial embalse, que tiene un tamaño de 5800 hectáreas. A la derecha, la sierra cordobesa que embellecía aún más el paisaje. Comparando las casas del pueblo con las que se encuentran en el “Circuito del Cerro”, el contraste es mayúsculo. Todas las viviendas que circundan las costas del lago son de fin de semana o utilizadas durante las vacaciones. Están deshabitadas, apenas hay algún que otro empleado de mantenimiento o tal vez un sereno o cuidador. Si no tenés donde poner tu caudalosa cantidad de dinero y buscás tranquilidad, comprate un terrenito por Villa del Dique que no te vas a arrepentir (?).

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Mirá la vista que tiene esta canchita.

Después de numerosas paradas fotográficas, peligrosos intentos de filmación desde arriba de la bici y de un ataque canino que impactó directo en la rueda trasera del vehículo, EfectoTenis emprendió la vuelta: lo más duro del “Tour villadiquense”. El paisaje había cambiado, el lago había quedado del otro lado del cerro, y el entorno no era tan motivador como antes. Además, la inclinación ascendente de la callecita de tierra era pronunciada. No era demasiado empinada, pero a esa altura del recorrido la fuerza de piernas y el entusiasmo no eran los mismos.

Vuelta al Cerro en Villa del Dique. #tennis #bike

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Al entregar la bici, solo quedaba volver al hotel para empezar a guardar los petates (?). Durante el ya conocido trayecto de las supuestas “cuatro cuadras”, que finalmente eran ocho, el mismo perro negro que me dio la bienvenida en Villa del Dique, lo hizo en esa última caminata.
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Mientras el aire de montaña (?) llenaba mis pulmones, unos obreros que construían una especie de medianera de ladrillo hueco y cemento me saludaron.  Después, otro hombre me entregó un saludo acompañado con mímica. A ambos gestos les contesté con un “¿Cómo andas?” en el que reparé lo exagerada que es la pronunciación de las eses por parte del porteño.

Después de saludar a los encargados del hotel y a Gabriel Hidalgo, tenista argentino que entrena y por momentos vive en el Hotel Carrillo, era momento de emprender la retirada. Ya en el micro, mientras convivía con un cansancio abrumador, el cielo pareció querer entregarme el mejor cierre a la cobertura. Las numerosas estrellas que solo se aprecian en el interior del país y la luna llena me acompañaron en el regreso hacia Buenos Aires.
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