Tranquilos, papis

12 Ago

5026 lugares libres quedan en el el Court Central del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Solo un asiento está ocupado en el estadio más emblemático del tenis argentino. Rodeado de butacas sin aficionados, Gabriel Markus mira como su hija disputa un partido correspondiente a un torneo de menores del circuito de la Asociación Argentina de Tenis. Sentado, en soledad, el ex 36° del ranking ATP se da cuenta que ocurrió un enroque. Él está del otro lado. De la cancha a la tribuna. Sin embargo, eso no lo sorprende, su experiencia como entrenador es amplia. Aquello que lo moviliza es que Carla, de 9 años, sea la que está golpeando de drive y de revés.

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Carla Markus en la inmensidad del Court Central.

“Es divertido. Mi nena es chiquita y recién está empezando a jugar algunos torneos. Qué lindo que esté jugando en este estadio donde pasaron tantos jugadores y donde yo también jugué tantos torneos. Es una linda experiencia”, le dice Gabriel Markus a EfectoTenis. El ex coach de Guillermo Coria, David Nalbandian, entre otros jugadores, no  olvida que sobre aquel polvo de ladrillo han jugado glorias de la talla de John McEnroe, Guillermo Vilas, Rod Laver, Fred Perry, Bjon Borg, Rafael Nadal, Serena y Venus Williams, por nombrar solo algunos estandartes del denominado deporte blanco. Ahora lo hace su hija. Con el sonido del peloteo como música, la charla continúa: “Hacer de padre es lindo. Acompañarlas a ellas en algo que les gusta hacer a mí me da mucha felicidad. Me gusta que jueguen al tenis, más allá de qué nivel tengan o a dónde puedan llegar. Mientras que se diviertan y me pidan ir a jugar es una alegría”, aclara Markus, de 45 años, que según su recuerdo jugó seis veces en ese mismo estadio.

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Gabriel y Carla Markus, una de sus tres hijas.

Una hora más tarde de la presentación de Carla Markus, los roles entre padre ex tenista e hija se vuelven a invertir. En las gradas, junto a su oriental mujer, Phiang, Guillermo Vilas observa con atención la performance de su heredera de mayor edad, Andanin. “Para ella es una cosa nueva, yo ya lo conozco. Tiene una sensación muy especial, particulrmente si has jugado antes, te conecta con tus cosas”, le dice el poético Willy a EfectoTenis, en referencia a las sensaciones de jugar en “La Catedral”.

“Cuando veo el estadio me toca. Siempre iba a ver los partidos con mi profesor para aprender tácticas y técnicas. No lo veía desde abajo, lo hacía desde arriba. Él me explicaba que el tenis se tiene que ver desde arriba. Ahí ves las jugadas”, recuerda el siempre charlatán e interesante Vilas, quien rememora que, junto a su entrenador Felipe Locicero, venía a ver los partidos para aprender a jugar.

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Justamente con esa visión panorámica de la que hablaba, desde arriba, sentado en uno de los laterales del estadio, Guillermo y Phiang ofrecen una imagen cinematográfica. Mientras la esbelta jovencita de 11 años golpea desde el fondo de la enorme cancha, fuera, hombro a hombro, los padres de Andanin, dispares en la diferencia de edad –Willy le lleva 30 años a su esposa tailandesa-, admiran la victoria de su hija. Lo hacen con total respeto, sin emitir una palabra, un reproche, ni un consejo. Simplemente la dejan jugar con total libertad a equivocarse y a acertar. Una imagen ejemplar con respecto a otras situaciones que se vivieron en ese mismo torneo de menores en el cual participaron chicos y chicas de ocho a diecisiete años.

Guillermo Vilas y su esposa viendo jugar a su hija, Andanin, de 11 años.

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“Sos un cagón, en este deporte tenés que tener cabeza”, le decía un padre a su hijo de 11 años, luego de perder un partido de la categoría Sub 12. La frase fue capturada por la psicóloga deportiva Mariela García, quien trabajaba con dos participantes del torneo que se desarrolló hasta la semana pasada en el club palermitano. “El apoyo de los padres es fundamental en cualquier chico, pero sobre todo a edades tempranas. Comentarios de este tipo pueden perjudicar muchísimo a un chico de corta edad. Afectan directamente a su autoestima al disfrute de la actividad. Puede llevar al sufrimiento o no disfrute y posterior abandono del deporte. Los chicos buscan constantemente la aprobación de sus padres y todo el tiempo quieren demostrar”, explica la Licenciada en Psicología Deportiva, que trabaja los factores psicológicos que influyen en el deportista, como así también el aspecto mental, “un área más a entrenar sumándose a lo técnico físico y táctico”.

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Mariela García, psicóloga deportiva. Ph: Sebastián Capristo / LeTenisse.

“Decí que no se puede hacer, pero no le permitiría entrar al club. Un padre que le dice eso al hijo le está creando un daño que va a quedar permanente en la cabeza del hijo. Hay hijos que tienen una personalidad sumisa, que lo aceptan, que se bancan todo eso, pero el dolor queda adentro. Que la persona que más te quiere, tu padre, te diga algo feo lastima demasiado. Me parece que habría que usar otras palabras y no debería ser el padre quien las diga sino su profesor”, señala Markus, que se suma al debate sobre esta lamentable situación.

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La familia que aplaude durante todo el match los puntos de su rival, el vehemente reclamo post partido sobre los fallos del árbitro, el descarado coaching refugiado detrás de la toalla, el niño de ocho años que, acompañado por su padre, pide con altanería jugar en la Cancha Central, son otros ejemplos de relaciones conflictivas que no hacen más que lastimar al chico y privarlo del divertimento que implica practicar un deporte a esa edad. Pero, ¿por qué? ¿no debería ser de otra manera?

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El fair play entre los jugadores sí existe.

“La relación debería ser de apoyo y acompañamiento en la actividad o carrera deportiva. Los chicos necesitan saber que pueden contar con sus padres. Lo importante es que los acompañen sin estar demasiado pendientes o encima del chico. Digamos sin que se torne excesivo”, explica García, que durante los entrenamientos y sesiones trabaja: la motivación, la concentración, la confianza, el manejo del estrés, las presiones y las emociones, entre otros aspectos.

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Andanin y Phiang, descontracturadas. / Ph: Sebastián Capristo . LeTenisse

Lejos de querer generalizar, existen muchísimas familias que acuden con el simple e importantísimo rol de acompañar. Sin embargo, hay otras – que no son tan pocas- que cargan de presiones y frustraciones a sus hijos. “Puede haber muchas razones, pero creo que están desesperados porque los hijos triunfen o ganen lo que ellos no ganaron en su juventud. Sufren tanto que para ellos solo vale el hijo si ganó o perdió. Es un sufrimiento en toda la familia. No me quiero imaginar a la familia de ese nene en la casa, la tristeza que debe haber”, intenta explicar Markus que, al igual que Vilas, deja jugar al tenis a sus hijas.

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