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El regreso fue arriba de un camión

16 Nov

La espera en la ostentosa (?) terminal de ómnibus de la ciudad de Azul no es habitual. El micro de la empresa Plusmar  (obviamente no es PNT) debería haber llegado hace diez minutos. La impuntualidad, una recurrente cualidad en los argentinos, llamativamente no es un hábito en los micros de larga distancia. Impaciente, me dirijo a la oficina de la compañía que tenía que recorrer 300 kilómetros para llevarme de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires, luego de cubrir la 19° etapa del Tour Profesional de la Asociación Argentina de Tenis celebrado en el Club de Remo de Azul.

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– Disculpame, ¿sabés qué pasó con el Plusmar de las 15:20 que va a Retiro?
– Hoy no sale ningún Plusmar – responde el cincuentón hombre desde atrás de la ventanilla.
– Mirá, te muestro el ticket.
– Ah, sí, te lo imprimieron mal. El tuyo se fue hace diez minutos. Era el violeta, el Jet Mar. Se equivocó la empresa de interné, pibe.
– ¿Y cómo lo podemos solucionar?
– No es nuestra responsabilidad.

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La Catedral de Azul.

Haciendo malabares al cargar una mochila, un bolso donde está mi ropa, un diario La Nación que lucía la trágica tapa de los atentados en Francia y una botella de agua recalentada, me acerco a otra ventanilla. Allí me explican que, en estos casos, la única forma de alcanzar al bendito micro violeta es tomarse un remis hasta el peaje de Parish, pueblito ubicado a 40 kilómetros de Azul. Ellos, haciéndome una gauchada y nunca asumiendo el error, llamarían a la oficina del peaje para que le comuniquen al chofer del ómnibus que un pasajero estaba en camino y que lo esperaran diez minutos.

“Dale, pibe, metele que no llegás”, fue el amistoso y motivador consejo del azuleño. A metros de distancia, un destartalado y abollado Renault 12 plateado me esperaba. Ofuscado por el pensamiento lateral de por qué La Nación hace su periódico tan grande, le explico la situación al remisero. Sentado en una silla que dejaba ver los pedazos de goma espuma amarilla, el canoso hombre argumentaba que a más de 90 kilómetros por hora no podía ir.  Puteo, pero vislumbro la llegada de un modernoso Volkswagen y no dudo un segundo en romper el acuerdo con el dueño del obsoleto auto.

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A 130 kilómetros por hora, la denominada Ruta Nacional (de la muerte) N°3 es el lugar propicio para entablar una amistad con Pucho. El intrépido remisero tiene 73 años. Durante 36 trabajó como camionero. A los 55, cuando se jubiló, decidió comprarse un remo, como él llama a su herramienta de trabajo, para acompañar el ingreso de su jubilación. La ruta es su terreno y lo conoce a la perfección. Escondiendo su mirada detrás de unos oscuros anteojos de sol, Pucho escucha con atención mi historia y también cuenta la suya. Pasaron veinte minutos y después de una curva cerrada veremos el peaje y al bendito micro violeta. Yo no lo encuentro. Pucho tampoco. El ómnibus no está. Jamás esperó.

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Con el auto aún en movimiento apoyo mi pie derecho en el caluroso asfalto. La rueda trasera derecha del remo de Pucho sigue girando e impacta en mi tobillo. Por suerte se detiene y no lo aplasta. Algo preocupado, pero con la aspiración de alcanzar el micro, cruzo la ruta y camino al trotecito hasta la oficina. Explico la situación. Un empleado que lucía un chaleco amarillo me comunica que ellos le avisaron, pero el chofer no esperó. “Capaz nos dijeron mal el número de coche”, explica. Decidido a aclarar los tantos, Pucho baja de su Volkwagen. El empleado, fluorescente por su vestimenta, lo reconoce y ambos se abrazan. Son vecinos. Viven a la vuelta.

– Pucho, ¿sabés qué podemos hacer? Llamo a la policía caminera de Cacharí y le digo que frenen a este micro violeta y que te esperen – explica el del peaje señalándome, mientras llama al puesto de control montado a 18 kilómetros de distancia.
– Gracias, querido. Vamos, pibe. Subí adelante – me dice con tono de abuelo que le da una nueva libertad al nieto.

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A toda máquina seguimos abriendo camino. Sobrepasamos varios camiones y autos hasta que llegamos a otra curva que decidirá mi suerte, si es que, a esa altura, podemos aseverar la existencia de la misma. Un frondoso bosque impide ver al puesto de control de la pequeña localidad bonaerense. Al pasar el conjunto de árboles no evidenciamos ningún rastro de un ómnibus violeta. El micro no está y, a esa altura de la tarde, ya no sé qué hacer.

Pucho toma el mando de la situación. Me indica que espere en el auto. Él baja a charlar con los uniformados (?). Unos pocos minutos después vuelve y me explica mis dos posibilidades. Una es volver a Azul y tomarme el próximo micro que pasa a las ocho de la noche y es el denominado “lechero”, es decir, aquel que se detiene en todos los pueblos a subir y bajar pasajeros. La otra opción es que los policías me consigan un alma caritativa que me acerque a destino. Mientras evalúo la alternativa de subir al auto o camión de un desconocido, por el rabillo del ojo observo que los policías ya estaban deteniendo el tránsito.

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En el puesto de control de Cacharí.

“Vos ya sabés donde encontrarme. Estoy todos los días en la terminal. Cuando vuelvas a cubrir un torneo de tenis nos comemos un asado”, me dice Pucho y nos abrazamos brevemente. Con el bolso, la mochila, el diario La Nación y el agüita en mano espero al costado de la ruta. Después de tres negativas, el cuarto camión frena en la banquina. Al trotecito me pongo a la par, saludo desde lejos a los caritativos “canas” y abro la puerta del enorme Ford Cargo blanco. A Capital Federal volveremos a dedo.

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La espera en el remis.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………- Soy Hernán y ¿vos?
– Julián, ¿cómo va? Gracias por llevarme, viejo.

Hernán tiene 30 años y es de Moreno, localidad del oeste bonaerense. Después de unos minutos de charla, me doy cuenta lo prejuicioso que he sido con el rubro de los camioneros a los que erróneamente había imaginado y catalogado. Hernán, que mensualmente hace 17.000 kilómetros y trabaja dieciséis horas por día, no se come las eses, no putea, su vocabulario es amplio y, por lo que enamoradamente cuenta, no engaña a su mujer. La conversación fluye. Durante las tres horas de viaje recorreremos los detalles de su mundo: desconocido e impensado para mí.

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Hernán y una tarde soleada.

El modernoso camión que en once meses de vida caminó 164.000 kilómetros, todos los días realiza el mismo recorrido en el cual lleva 30.0000 kilos de piedra.  De Moreno a Olavarría. 700 kilómetros diarios para ir a buscar piedra a la principal cantera de la ciudad situada en el centro de la Provincia de Buenos Aires. La rutina podría volver loco a cualquiera, pero a él, su trabajo le encanta. “Te tiene que gustar, sino fuiste. Son dieciséis horas viajando por día. Arriba del camión no tenés vida, pero para mí, la vida es esto”, me cuenta mientras maneja y ceba unos mates dulces. “Me gustan los fierros, la calle y ésto es la calle… Ni en pedo podría estar en una oficina. De hecho, muchas veces no vuelvo a casa por tres días”, explica Hernán.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nK56lqASKtA&feature=youtu.be]

Desde los quince años que está arriba de un camión. Primero fue ayudante de su primo, después empezó a hacer algunos viajes como chofer. En el 2003 se compró su primer truck, un rastrojero que no tenía ni motor, pero que, dándose un poco de maña, lo pudo arreglar. A partir de ahí siempre fue progresando e invirtiendo en un mejor vehículo. Desde enero, cuando financió el Ford Cargo, él  es su propio jefe. Eso lo hace feliz.

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En nuestro trayecto, Hernán analiza su vida conmigo, como si fuese su psicólogo. Por mi parte aprovecho a hacer lo mismo. Ambos sacamos conclusiones, hasta que un camión nos pasa a toda velocidad por el carril contrario y por poco no choca con otro que venía de frente (está filmado en el video). “Esto pasa tres veces por día”, dice y me explica por qué la Ruta Nacional N°3 es denominada la “ruta de la muerte”.

La mayoría de los pesados vehículos que transitan la autovía cargan miles de kilos de piedra o cemento. Muchos de los choferes, por hacer unos “mangos” más, se exceden de los 45.000 kilos que cada camión tiene permitido. El sobrepeso erosiona la uniformidad del asfalto, lo que genera desniveles, un potencial causante de accidentes. Además, para no dañar “la máquina”, los choferes van más despacio  y, de esa forma, es imposible para los autos pasar los incontables camiones que se acumulan. En el afán por conseguirlo, los cálculos en las distancias fallan.

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Dejando atrás todas las (muchas irreproducibles) anécdotas, el atardecer sirve de despedida. Llegamos a la rotonda de Cañuelas, donde mi hermano me pasará a buscar por una estación de servicio. El saludo promete un nuevo encuentro. Sin embargo, a la historia le queda un breve capítulo más.

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Al bajar del altísimo camión que reemplazó al micro violeta, a unos metros de distancia las luces y la música dominan la escena. “¿Qué pasa acá?”, le pregunto al playero, que me explica que hoy es la “Fiesta del Dulce de Leche”. Sin lugar para la sorpresa espero al costado de la puerta del bar. Aún con el diario en mano, un fornido hombre entra y se sienta a tomar un café. Su cara me es conocida. Me acerco, lo miro con detenimiento y confirmo las sospechas. Estoy frente al “Rey de la Carne”. El mediático Alberto Samid, reconocido empresario frigorífico, quiere cerrar el diario de viaje. A esta altura de la tarde, lo único que pido es que llegue mi hermano y, sobre todo, que no aparezca Mauro Viale (?).

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Samid y una toma digna de un paparazzi.

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La selfie de despedida.

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Pedaleando hasta el Challenger de Buenos Aires

9 Nov

Beneficiados por ser vecinos de El Clú (Triunvirato 6385), sede del Challenger de Buenos Aires, nos subimos a la bicicleta y pedaleamos hasta llegar al predio del barrio de Saavedra.  El torneo que integra la segunda categoría del profesionalismo se disputa del 7 al 15 de noviembre y reparte 50.000 dólares en premios más hospitalidad para los jugadores. Como suelen enfatizar los conductores de los programas de “alto riesgo”, donde suelen hacer huevadas (?) y salir lastimados, desde EfectoTenis también recomendamos no realizar algunas de las (ilegales) maniobras que podrán ver en el veloz recorrido. No estamos orgullosos de corromper las leyes de tránsito, pero el poco sentido de la ubicación reclamaba tomar algunos atajos.

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Además del viajecito en bicicleta y la recorrida por adentro del club, el uruguayo Martín “Bebu” Cuevas, hermano de Pablo y participante de la clasificación, prueba jugar al tenis con la aventurera GoPro en su frente. Como para aseverar que estamos ante una superproducción (?), el santiagueño Marco Trungelliti se anima a demostrar que en vez de dormir la siesta en su ciudad, él hacía magia con su raqueta. Vení, subite al caño, al volante o a los pedalines que te llevamos a disfrutar del mejor tenis.

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De campamento en San Carlos Centro

24 Sep

Cuando la tarde cae en el Club Central de San Carlos Centro, éste parece un campamento femenino. En el quincho que da a las tres canchas de polvo de ladrillo donde se disputa un Women’s Circuit que reparte 10.000 dólares en premios, muchas de las tenistas andan con el pelo húmedo, en ojotas y con el aspecto de ser un grupo que fue de excursión a una alejada localidad del interior del país. Algunas de las chicas que participan en el certamen santafesino duermen en las habitaciones que el club les brinda gratuitamente. En total son tres dormis y cada uno está repleto de camas cuchetas, ocupadas por aquellas que aprovechan para ahorrar unos pesos en alojamiento. Como siempre decimos, en el primer escalón del profesionalismo el denominador común es el famoso rebusque.

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En la pequeña grada de la cancha tres, una taiwanesa, una brasileña y una argentina intentan tener una conversación. El objetivo de la misma es sacarse una autofoto. Ninguna de las tres entiende nada, en especial la jovencita Pei-Ju Chien, que a los 16 años solo logró aprender unas pocas malas palabras en español. “¿Nos sacamos una selfie?”, le dice la local Florencia Páez. “¿What?”, responde la oriental sin entender una palabra. La argentina le muestra su celular y sin preguntarle se sacan una foto. “¿Snapchat, tenés?”. Otra vez no hay respuesta por falta de entendimiento. “¿Instagram?”, insiste. La brasileña le explica en portugués a Pei-Ju. Ella finalmente entiende ese idioma porque entrena en Porto Alegre. “Sí, Instagram”, responde y saca su enorme teléfono celular. Las tres duermen en las cuchetas del Club Central, y esto es parte de la convivencia diaria.

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“A veces es bueno poder compartir con más chicas, ya que este deporte es muy solitario. Igualmente yo hablaba más que nada con Chechi (Cecilia Costa Melgar, tenista chilena eliminada en primera ronda), quien también duerme acá. Se hace entretenido en la tardes, es bueno para escuchar música. Después, la cena es compartida con otras chicas. Es una convivencia súper agradable”, le dice la chilena Daniela Seguel a EfectoTenis.

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La derecha de Seguel. / Ph: Hans Ruhle.

“Nos tratan igual”, manifiesta Ornella Garavani, de 16 años, la argentina más joven del cuadro principal. Las profesionales no hacen diferencias en el quincho del club. Las desigualdades se ven dentro de la cancha, donde las “veteranas” despliegan todas sus artimañas. “Cuando una viene a jugar con estas chicas, que son profesionales y que tienen más experiencia, durante los puntos más importantes ellas no regalan nada. En cambio, los Juniors tenemos más baches, donde regalamos más y ahí es donde hay que estar atentos”, indica la campanense, 98° del ranking ITF, que pasó la clasificación y ganó un partido en el main draw.

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Garavani al saque.

Para Seguel, actual 544° del ranking WTA, el ahorro no solo es en el hospedaje. Desde hace cuatro temporadas, la santiagueña de 22 años encuerda sus raquetas con su máquina portátil. También, a las tenistas que se lo pidan, les brinda su servicio que obviamente sale más barato que el oficial.

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Una de las experimentadas tenistas con las que podría haberse topado Garavani o mismo la comunicativa (?) Pei-Ju, es Daniela Seguel, semifinalista del torneo. En abril del año pasado, la transandina alcanzó su mejor posición en el listado WTA: el puesto 257. Para ella, que entrenó durante tres años en Bélgica, en la Academia  de la ex número uno del mundo Justin Henin, San Carlos Centro es un mojón para volver a los primeros planos. “Los pueblitos así me encantan. San Carlos es un lugar súper tranquilo donde todo está muy cerca. Quizás es muy diferente a Europa, pero la verdad me gusta acá, aunque espero volver pronto allá porque eso significaría haber vuelto a retomar mi ranking y jugar torneos más grandes. La idea es seguir avanzando. Hoy estar acá, en San Carlos, es parte de un proceso, parte de este nuevo comienzo”, cierra la sudamericana.

Tenis en #SanCarlosCentro.

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EL ROAD TRIP HASTA SAN CARLOS CENTRO

La ruta nacional N° 19 une a Santa Fe con la pequeña ciudad de San Carlos Centro. En el trayecto desde la capital de la provincia –en la cual se realizó un Future ganado por el local Matías Zukas– hasta el pacífico poblado de 13.000 habitantes, las historias y fábulas emergen.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=xug4IAMV5HI&feature=youtu.be]
Musicalizado con el grupo santafesino Los Palmeras.

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El recorrido.

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DOMANDO AL TENIS

Durante la jornada dominguera de tenis, los ruidos no cesaron ni un segundo. Todos los partidos de la clasificación se disputaron bajo una atmósfera bien gauchesca. Apenas a cien metros de las canchas, en un pequeño predio en el medio del campo llamado “El Cencerro”, se llevaba a cabo un festival de doma. Por lo que se escuchaba a través de los parlantes, los payadores relataban el homenaje a un tal Don  Celestino, que a los setenta y pico se retiró domando con los ojos vendados.

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Divagando un poquito cerramos con unas coplas. Y… ¡va la primera, Don Celestino!

(Léase con tono gauchesco y en lo posible con esta música de fondo)

Si el teni fuese la doma, la raqueta sería mi caballo

Para ustedes e meter la pelota, pa’ nosotro’ e domarlo

Sin embargo en algo coincidimo’

Amigo, Don Celestino, no caer simplemente es el desafío

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RESULTADOS

Semifinales Women’s Circuit de San Carlos Centro

[6] Nathaly Kurata (BRA)  vs [4] Daniela Seguel (CHI)

[5] Eduarda Piai (BRA) vs [7] Catalina Pella (ARG)

Livestream

Tenis en primera persona

3 Sep

La velocidad de pelota que maneja un digno jugador de fin de semana obviamente está lejos de la media de cualquier tenista profesional. Ante la imposibilidad técnica (y de talento) de alcanzar esos altísimos niveles de intensidad, queremos que aunque sea puedas ver cómo sería esa experiencia. Sabemos tus limitaciones (?), por eso te presentamos al “tenis en primera persona”.

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Juan Pablo Paz y la GoPro.

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El santafesino Dante “Tanque” Gennaro en plena grabación.

Lejos del marketing que ofrece la Euroliga de básquetbol, que instaló una cámara en la remera de los árbitros, en EfectoTenis no dejamos de innovar con la vasta (?) tecnología que tenemos a nuestro alcance. En las misioneras canchas del Itapúa Tenis Club ajustamos una GoPro a la frente de dos jugadores profesionales que gentilmente pelotearon un rato. Juan Pablo Paz (504°) y Dante Gennaro (1020°) te ayudan a imaginarte cómo sería jugar tenis de primer nivel.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=cypFhbp6Wzk]

Segundos de gloria

18 Jul

Ocho segundos después de caer derrumbado sobre el peculiar polvo de ladrillo de Tecnópolis, Federico Delbonis ya estaba de pie. Solo ocho segundos tuvo para él. Ocho segundos para disfrutar en soledad. Después vendría el respetuoso saludo a su contrincante, el serbio Viktor Troicki, a quien le dio vuelta un partido que parecía perdido. Dos sets abajo llegó a estar el azuleño que, en el quinto y decisivo parcial, selló el segundo punto para Argentina que está a solo una victoria de instalarse en las semifinales de la Copa Davis. Una vez transcurridos esos ocho segundos vendrían los festejos con sus compañeros, con el capitán Daniel Orsanic, con los colaboradores y con el público, por supuesto. Después de esos ocho solitarios segundos dejaría sus pertenencias arrumbadas en su banco para ir a besuquear a Celina, su hija, con quien desaparecería de la escena que lo tiñó de héroe.

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El momento. 

Hace veinte días, en la semana previa al inicio de Wimbledon, el actual 77° del ranking se consagraba campeón del Challenger de Milán, certamen disputado sobre polvo de ladrillo. Su decisión de participar en un torneo correspondiente al segundo escalón del profesionalismo fue un tanto criticada. Pensando en el tercer Grand Slam de la temporada, por qué no jugar torneos sobre pasto para realizar una mejor adaptación a aquella traicionera superficie. ¿Delbonis apuntó a poco?

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Delbo, el trofeo y chichis milanesas (?).

“Estábamos un tanto retrasados en el ranking y eso no nos aseguraba tener continuidad en los torneos ATP. Ante la posible convocatoria a la Davis y al priorizar siempre defender los colores de Argentina decidimos ir al Challenger. Para él es un deseo jugar la Copa Davis y parte de eso fue para preparar lo que vivimos ahora”, le explicó Gustavo Tavernini, coach de Delbo, a EfectoTenis.

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Ganar puntos relativamente más fáciles para poder mantener el ranking y continuar en las giras de torneos ATP. Ese era el plan. También competir en la misma superficie de esta serie de Copa Davis era un aliciente. “Fue una linda preparación previo a la Davis. En lo personal era para sacar puntos y en lo grupal habíamos hablado con Dani (Orsanic) y Gustavo (Tavernini) y todo encajaba tanto en lo personal, lo grupal y en un futuro cercano, la Copa Davis. Cuajó todo. Obviamente que a Wimbledon llegué con poco rodaje. Casi nada. Sabía que era cuestión de tranquilidad, de estar firme ese día o también de tener un buen sorteo”, decía Delbo que luego de aquel título se acercó al Top 70 ATP.

Federico Delbonis festeja su remontada con ternura. #CopaDavis #ARGvsSRB

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Después de levantar el trofeo italiano, el bonaerense de 24 años durmió unas pocas horas y más tarde comenzó su viaje con destino a Londres. El domingo ganó en Milán y debutó el lunes en Gran Bretaña. “Me tocó un partido muy duro y no tuve ni tiempo para descansar porque dormí muy pocas horas”, comentaba en relación a su participación en el All England donde cayó en la primera rueda ante el búlgaro Grigor Dimitrov.

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Otro de sus fugaces festejos sucedió cuando obtuvo el quinto punto de la serie de Copa Davis frente a Brasil. Debido al maratónico match que Mayer le ganó a Joao Souza, Delbonis tuvo que completar su cotejo el día lunes. A las pocas horas de sellar el pase a los cuartos de final, el argentino estaba viajando a Estados Unidos, a Indian Wells, donde disputaría el primer Masters 1000 de la temporada.

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Puño cerrado durante su participación frente a Brasil.

En el tenis casi no existe el tiempo para el disfrute. Las alegrías son efímeras. “Son cosas que duran muy poco tiempo y hay que saberlas administrar. Son energías que tal vez se te van y después  te pueden jugar en contra en un futuro. Cuando termina un torneo o la gira podés tomarte un tiempo y disfrutarlo porque el título, o la victoria, está ahí. No se te va a ir”, le relataba Delbonis a EfectoTenis. Mientras que agregaba: “Lo que perdiste es la emoción o el instante ese de euforia, pero la buena sensación del partido no te la va a quitar nadie”. Como él mismo dice, la sensación de aquel instante se fue. Al igual que en la serie frente a Brasil o en el Challenger de Milán, la auténtica felicidad es cosa de segundos. En este caso, ocho segundos de euforia que solo él sabrá describir.

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LA YAPA

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=SxehKb73izg&feature=youtu.be]

Video propio en el cual vivís la serie bien desde adentro. Recorremos el predio e ingresamos al estadio con una GoPro en la mano. Además, los dos match points, incluído el emotivo “desmoronamiento” de Delbonis.

PARTIDOS

Viernes

Leonardo Mayer a Filip Krajinovic 6-4/6-2/6-1

Federico Delbonis a Viktor Troicki 2-6/2-6/6-4/6-4/6-2

Sábado

Leonardo Mayer/Carlos Berlocq vs Nenad Zimonjic/Viktor Troicki

Fotos: Segio Llamera / Prensa AAT.

Jarkko y su última función en césped

29 Jun

En el Court 2 del All England Lawn Tennis Club, el tercer estadio en importancia de Wimbledon, la batalla de los veteranos terminó. Ambos jugadores competían por última vez en la Catedral del tenis. Ambos jugadores luchaban por no despedirse del mítico certamen londinense y tener una nueva experiencia en el césped más afamado del mundo. Antes de arrancar el match sabían que de ganar, en la siguiente ronda, seguramente encontrarían su despedida. Novak Djokovic, en segunda rueda, esperaba al ganador con los brazos abiertos y los dientes afilados. Sin embargo, qué mejor que despedirse del Grand Slam más prestigioso en la Cancha Central, frente al número uno del mundo y campeón defensor. Una hermosa última vez en el pasto. Para darse ese gustazo debían ganar. En el quinto set, y luego de cuatro horas de partido, Jarkko Nieminen venció a Lleyton Hewitt por 11-9 en el set decisivo. El finlandés tiene una vida más.

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El saludo de los casi retirados. / Ph: USAT

De un lado de la red Lleyton Hewitt, ex número uno del mundo y campeón de Wimbledon en 2002. El australiano de 34 años anunció su retiro en enero de 2015, cuando comunicó que su último torneo sería el Australian Open 2016. Lo de Jarkko Nieminen es más reciente. Algunos días atrás, el tenista nórdico de 33 años le confirmó a varios medios finlandeses que en octubre, durante el torneo de Estocolmo, se despediría del tenis. También está prevista una exhibición en noviembre, en Helsinki, junto a Roger Federer. Más tarde, Nieminen, en su sitio oficial, oficializó su inminente retiro.

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El festejo fue medido.  Nieminen sabía lo que significaba para Mr. C’mon jugar por última vez en Wimbledon. En la red, los dos rubios se fundieron en un abrazo que sirvió como muestra de afecto y reconocimiento al trabajo de tantos años. Hewitt fue treinta veces campeón en el tour, donde se destacan los títulos del US Open 2001, Wimbledon 2002, y la Copa de Maestros en dos oportunidades; Nieminen, 13° del mundo en 2006, cuartofinalista de tres de los cuatro Grand Slam (le faltó Roland Garros) y además finalizó catorce temporadas consecutivas dentro de los cien mejores del mundo. Dos viejos zorros que dan sus últimos pasos por el circuito.

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Antes de hacer periodismo, en EfectoTenis somos aficionados del tarot (?):  tiramos las cartas y leemos el futuro. Por eso, durante el Argentina Open, le pedimos a Gustavo Colqui, uno de los encordadores oficiales del ATP de Buenos Aires, que se ajuste la GoPro a su frente y encuerde la raqueta del finlandés. Acá va nuestro pequeño homenaje a Jarkko, tenista al que entrevisté para la página oficial del certamen porteño y donde también lo hicimos jugar bádminton, el deporte de su esposa. Peremo’ que te guste, Shark (?).

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=Ws-21sTSTzM]
La visión del encordador que utilizó un encordado Luxilon Alu Power con una tensión de 24 kg.
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Jarkko y el bádminton, durante la producción del Argentina Open.

Un dominicano bien gaucho

5 Feb

(Léase en tono gauchesco)

Sin poncho,
sin boina,
sin bombacha de campo ni boleadora’
En el mar Caribe lo nombraron gaucho
Y con la raqueta se hizo macho
Este José Hernandez es trucho
pega eslai  y ejercita mucho.

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(Léase en tono normal (?))

“Primero vi la calle. Vivía en una pensión que quedaba sobre José Hernández. Creo que estaba a una cuadra de Libertador”, dice el José Hernández dominicano que explica cómo descubrió la importancia que tenía esta denominación en la Argentina. Él es tenista. Tiene 24 años, ocupa el puesto 266° del ranking ATP y comparte nombre con el autor de la obra literaria más representativa del país, el “Martín Fierro”, obvio, de José Hernández. Un juego de palabras que lleva al humor pero que fue la carta de presentación en un país que lo hizo crecer como profesional. Y va la primeraaa (?)

Después de un comienzo gauchesco,
la historia se avecina.
Su nombre de pila e’ José
que acá la puso (dentro de la cancha) y no se jué.

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Habiendo una vez googleado y charlado sobre este nombre propio que coincidía con el suyo, José Hernández pudo empezar a usarlo como mecanismo para romper el hielo durante una conversación que cae en el chiste fácil. “Cada vez que les decía mi nombre era “Uh, Martín Fierro”. Sí, así es. Algunas veces digo que soy el bisnieto del famoso escritor”, le comenta entre risas Bebo a EfectoTenis.

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Sin embargo, antes de arribar a la Argentina a los 21 años -donde entrenaría en la Academia de Fabián Blengino- y descubrir la connotación de su peculiar nombre, Hernández tuvo un largo camino. Un trayecto que explica las razones de por qué estuvo durante tres semanas haciendo pretemporada junto al argentino Leonardo Olguín, en el Florida Tenis Club.

Producción de EfectoTenis. Un día en la pretemporada de José Hernández.

Luego de su etapa como junior, donde alcanzó el puesto 37° de la ITF, llegaría el verdadero cambio en su vida: entrar a la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos. A los 19 años y con una beca bajo el brazo, el nacido en Santo Domingo comenzó a estudiar economía mientras, en simultáneo, jugaba al tenis. “Te abre muchas puertas y no te quedas estancado. Te da la oportunidad de decidir qué es lo tuyo. Estás haciendo una carrera y jugando al tenis. Si me pasa algo, toco madera, estoy a un año de tener un título”. Además, la formación tenística es realmente exigente: de enero a mayo hay competencia [por equipos] todos los viernes y domingos. También, los gastos son mínimos. La universidad le brinda a los becados: ropa, raquetas, bolso, comida, alojamiento y estudio.015bbee03fef11e2b23022000a1f9ad5_7
Bebo, Roger y atrás Severin Lüthi.

“Estas invirtiendo en ti y casi sin poner dinero”, comenta Bebo que estuvo tres años en el college al que asistió Michael Jordan. “Allá se respira Jordan. Hasta hay un museo suyo. Es el ídolo de todos los deportistas. Es el Roger Federer del mundo. Y saber que él estuvo en mi universidad fue muy chulo”.
Michael Jordan en su habitación de la Universidad de Carolina del Norte, en 1983
Jordan en su habitación de la Universidad de Carolina del Norte (1983).

En cuanto a su Licenciatura en Economía, los números siempre le interesaron al dominicano. “Te ayuda a abrir la mente. Que la vida no es solo tenis. Cuando estoy en el hotel me pongo a ver las revistas de economía y la bolsa de valores. Como para matar el aburrimiento. Te distrae. No pensar tanto en tenis, tenis y tenis. También te culturiza”.

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Pensando en el conocimiento que tiene el argentino promedio sobre las universidades estadounidenses, la diversión es lo primero que ataca nuestras mentes. A través de las películas consumidas, un mundo de diversión es bosquejado en el inconsciente. Pero, ¿es verdad? Hernández, por experiencia, lo confirma. “Cuando llegué no sabía nada de eso. Lo había visto igual que ustedes, en las películas. ¿Has visto American Pie? Bueno, es exactamente lo mismo. Es una copia. Yo pensaba “esta gente está loca”. Los de American Pie llevaron una cámara a una universidad, filmaron dos horas y sacaron esa película. Es idéntico. Si te dejas llevar por eso fracasás. La joda y las distracciones son muchas”.

Su fortaleza ante estas tentaciones estaba sostenida por su responsabilidad y ambición que desde los 15 años asumió cuando debutó en la Copa Davis. “Era el único de mi equipo [del college] que jugaba Copa Davis. Siempre tuve responsabilidad con mi país. Unos años de joda no me iban a quitar esa ilusión”, aclara sin titubear.

EFE
En la Davis. (EFE)

A los 21 años, José Hernández estaba maduro. Era hora de probar en el profesionalismo. Al igual que todos los que comienzan, los Futures son el primer escalón. En Perú, durante uno de sus primeros tres torneos, Bebo fue observado atentamente por uno de los entrenadores que trabajaban para Fabián Blengino, actual coach de Carlos Berlocq y ex de Guillermo Coria, entre otros. “Pasé la clasificación y justo me tocó un jugador de la academia de ellos. Obviamente nadie me conocía. Dominicano. De la qualy. Sin ranking. Pero cuando me vieron jugar se acercaron y les expliqué mi situación”.

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“No tengo un Norte. Jugué juniors pero son dos mundos diferentes”, fueron las palabras del dominicano en aquella charla, donde finalmente fue invitado a entrenar en Buenos Aires. Él no dudó y lo hizo. Allí mismo comenzaría el amor por Argentina donde la cultura tenística es completamente diferente a la que vivía en su país caribeño.

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“Vine para acá y me encantó la ciudad. Los entrenos, como se labura. Aquí se respira tenis. Tú te metes en los colectivos y ves gente con bolsos de tenis. Ves todas las canchas que hay. El aire es diferente. Me impresionó porque nunca había estado en un país que tuviera tanto tenis. Miles de profesores que dan clases, muchos preparadores físicos muy buenos y concentrados exclusivamente en este deporte. En Estados Unidos hacía físico pero con el mismo preparador que entrenaba a los gimnastas”, narra Hernández con un tono ameno y tranquilo.fea6f4d05c0911e28abf22000a1f9bf5_7
También probó con el paracaidismo.

De la mano del tenis llegaría la absorción de la cultura argenta. Hábitos y más hábitos que lo hicieron sentir como en casa. “No me gustaba el café para nada. Aquí lo empecé a tomar. Cogí la cultura de la merienda, porque en Dominicana no existe. Es desayuno, almuerzo y cena no tan tarde como acá. En Argentina, he visto gente llegar a los restaurantes a las doce de la noche. Esa cultura del cafecito, merienda y asados, me fascina”.10932399_898108486875440_1446920086_n
Foto publicada en su cuenta de Instagram. Me agarró hambre (?).

A pesar que este José Hernández “trucho” no escribe versos gauchescos, el dominicano tiene un cuaderno muy especial. En 2009, antes de ir a la universidad, su padrastro se lo regaló. La intención del esposo de su madre era que Bebo escribiese sus objetivos durante su estadía en Estados Unidos. “Al tercer día se me agotaron y empecé a anotar cosas”. Este “librito sagrado”, como él mismo lo llama, es su Martín Fierro. Allí escribe de todo. Es un elemento que lo transporta a su esencia. “No se lo enseño a nadie [risas]. Escribo cosas que me vienen a la cabeza, artículos que me interesan, pego fotos, dibujo y hasta algunas frases de películas. Cosas que me gustan, que me sirven de inspiración para seguir adelante. Es mi librito sagrado. Mi tiempo”.

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VICTOR ESTRELLA, SU EJEMPLO

“En Dominicana el tenis está visto como un deporte elitista. Victor Estrella ha demostrado que no lo es. Es caro pero que con sacrificio y trabajo cualquier otro lo puede hacer”, comenta con admiración Hernández que habla sobre su compatriota Victor Estrella, actual 73° del ranking y el primer dominicano en ingresar al Top 100 ATP. “Victor, en su niñez, no tuvo las oportunidades que quizás tuve yo, o mucha gente que lo juega. El tipo fue recogepelotas en un club y lo mandaron allá por su temperamento. Era muy hiperactivo y le dijeron vete a recoger bolas. Él agarró una raqueta y para ganarse la vida comenzó a pelotear con los socios. Se dio cuenta que el tenis le daba dinero, y pensó “bueno, esto es lo mío”. Y ahí empezó un hambre de querer salir adelante que lo llevó a estar donde está. Al fin y al cabo, eso es lo que importa no solamente en el tenis, sino en la vida. Es el hambre que tú tienes por conseguir tus sueños, lo que aspiras”.
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Viti y Bebo.

“Lo de Victor (Estrella) es muy meritorio. Me gustan esas historias de motivación y él es alguien que tengo enfrente. No es que lo vi en una película, que me lo contaron, o lo leí en un libro. Yo lo viví. Recuerdo un día que volvíamos en el bus y él, con 33 años, viniendo de una lesión y estando 300 ATP, me decía que le faltaban 200 puntos para llegar al Top 100. Viejo, estamos hablando de 200 puntos. Yo me estoy matando por veintipico y él me decía eso. No lo dijo en un tono de “fantasma”, de sobrador. Lo dijo con seguridad. Te cuento y se me erizan los pelos. Eso es lo que uno debe tener. Las ganas, la seguridad, la confianza de que el mundo entero se te viene abajo y dices estoy aquí y voy a salir adelante”, relata Hernández con suma admiración. Su ejemplo es su compañero de Copa Davis que a los 34 años hace historia.

REVISTA EN SOCIEDAD

En los momentos de crisis, donde una gira salió mal, y aparecen los pensamientos y especulaciones sobre qué hubiese ocurrido en su vida si no hubiese elegido el camino del tenis, Viti Estrella es su ejemplo. “Hay momentos bajos del tenis en los que te pones a meditar…  Ahí es cuando pienso en lo de Victor y se me va. Se me olvida. El día que diga ya di mi máximo es cuando voy a colgar la raqueta. Por ahora tengo hambre. Sé que tengo mucho por mejorar. Mi techo está mucho más arriba”.