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El medallista sin medalla

19 Ago

Hace aproximadamente un año, durante una mudanza, Javier Frana se ilusionó al escuchar cuatro palabras que venían del otro extremo de su antigua casa. Quien le gritaba era su mujer. “¡Mirá lo que encontré, Javi!”, decía ella. “Vamos, la encontramos”, pensó automáticamente el ex tenista de 49 años. Pero no, el hallazgo de su señora no era el descubrimiento que sospechaba. Una vez más se ilusionaba y recordaba la falta de un objeto que, por estas semanas, todos quieren colgarse en el cuello.
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De izquierda a derecha: Frana, Goran Ivanisevic y Christian Miniussi.

Javier Frana es una persona que no le otorga demasiada importancia a los trofeos que materializan los títulos obtenidos a lo largo de su carrera. Dice que no le gustan los deportistas que viven colgados del recuerdo. De hecho, para graficar este sentimiento, después de haber ganado el primer o tercer título de su carrera -no recuerda con claridad el dato-, la ATP le entregó una copita de vidrio por haber alcanzado ese hito. El trofeo llegó en varios pedazos. El ex tenista argentino no le dio trascendencia, ni siquiera pidió una réplica del mismo.

Siguiendo esta línea de comportamiento, debajo de la cama de su ex casa, en una caja de zapatos guardaba el mayor logro de su carrera: la medalla de bronce obtenida en el doble de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Después de habérsela mostrado a un amigo de su hijo mayor, Frana sintió que era un tanto arriesgado dejarla ahí, tan expuesta. Por eso la cambio de lugar. ¿A dónde? Todavía no lo sabe. Jamás la volvió a ver.

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“En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 vino mi hijo con dos amigos a jugar y estábamos viendo una de las premiaciones. Mi hijo, que por ese entonces tenía 13 ó 14 años, me dijo ‘Papá, ¿le mostrás la medalla a Santi?’”, le cuenta Frana a EfectoTenis en un café de la localidad bonaerense de Pilar.

El actual comentarista televisivo de ESPN es de tomarse silencios largos para continuar sus historias. Tal vez, como producto de su experiencia frente a la cámara, nunca usa la maradoniana (?) muletilla “Ehhh…”. En esos segundos en los que razona simplemente no habla, Frana piensa. El esfuerzo por recordar los momentos con puntillosidad, nos hace dudar si está recordando las cosas que hizo durante aquellos días, en los cuales buscaba la medalla obtenida junto a su compatriota Christian Miniussi. Quién te dice que, en una de esas, la encuentra a través de sus pensamientos.

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“Pasaron los años, abrí la caja y me dí cuenta que la medalla ya no estaba más ahí. ¿Dónde la habré puesto? Me acordé que la última vez que la vi fue cuando se las mostré a los chicos. ¿Dónde la habré guardado? Me acuerdo que había dicho que en ese lugar no la iba a volver a poner”, cuenta el zurdo nacido en Rafaela, Provincia de Santa Fe.

A partir de ese instante, comenzó a inspeccionar cada recoveco de su casa. Lo hacía por zonas. Por ejemplo revisaba las camperas y los pantalones, creyendo que había quedado en un bolsillo. Sin embargo, no la podía encontrar en ningún lado. “Quería mudarme urgente para revisar cosa por cosa. Capaz aparecía en el bolsillo de un short que la guardé creyendo que la había escondido bien. Pero no, me desapareció. No estaba”, cuenta Frana sobre la mudanza que realizó el año pasado.

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Frana, el último argentino que consiguió un título sobre césped. En 1995 ganó Nottingham. 

“Tuvimos robos domésticos, bastante sistemáticos y  los descubrimos tarde. Sobre la medalla, no sabés si de repente lo hizo porque sí o por maldad. Tampoco tiene un gran valor: no es de oro, ni es una alhaja. Su valor es simbólico. Saldrá, qué sé yo, quinientos pesos. Tampoco quiero juzgar, pero es una de las posibilidades”. La otra alternativa que baraja el dueño de 10 títulos ATP (3 en singles y 7 en dobles) es que la haya guardado en una campera que donó o regaló. “Capaz, la persona que lo recibió pensó que era una medalla de un torneo de fútbol y la revoleó”.

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Mientras Frana habla, el frío bonaerense se siente en las mesas externas del café. Dice que no lo sufre, una gruesa campera beige lo protege. Aun así, mientras cuenta la pérdida de su medalla olímpica se frota las manos para generar calor y vuelve a explicar su falta de estima hacia los trofeos. “Siempre admiré a aquellos deportistas que fueron muy grandes, pero no te lo hacen saber. No me gusta el deportista que vive colgado del recuerdo y que todo lo referencia hacia su época. Eso me genera mucho rechazo. Todo lo poquito importante que pude haber ganado como el plato de la final de dobles de Wimbledon, el título de dobles mixto en Roland Garros están guardados. Están puestos muy sutilmente por ahí, pero no tiene una trascendencia”.

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No obstante, la presea de bronce es su cosecha más valorada. Más allá del premio participar en tres Juegos Olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996) lo ayudó a tener perspectiva en la vida y en el deporte. “Es mágico. Es difícil de explicar porque no solamente es el anonimato, sino entender otras disciplinas. Ponés en contexto tu sacrificio como tenista, que si bien es muy alto, también está bien remunerado. Tenés algo a cambio. Hay otros deportes que hacen un  esfuerzo enorme y es exclusivamente por el amor al deporte, porque económicamente no tienen demasiados recursos”, contaba en el podcast sobre historias del tenis olímpico de EfectoTenis. “La medalla es lo que más sufro, pero la vida va por otro lado”, cierra Frana, el medallista olímpico sin medalla.

El regreso fue arriba de un camión

16 Nov

La espera en la ostentosa (?) terminal de ómnibus de la ciudad de Azul no es habitual. El micro de la empresa Plusmar  (obviamente no es PNT) debería haber llegado hace diez minutos. La impuntualidad, una recurrente cualidad en los argentinos, llamativamente no es un hábito en los micros de larga distancia. Impaciente, me dirijo a la oficina de la compañía que tenía que recorrer 300 kilómetros para llevarme de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires, luego de cubrir la 19° etapa del Tour Profesional de la Asociación Argentina de Tenis celebrado en el Club de Remo de Azul.

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– Disculpame, ¿sabés qué pasó con el Plusmar de las 15:20 que va a Retiro?
– Hoy no sale ningún Plusmar – responde el cincuentón hombre desde atrás de la ventanilla.
– Mirá, te muestro el ticket.
– Ah, sí, te lo imprimieron mal. El tuyo se fue hace diez minutos. Era el violeta, el Jet Mar. Se equivocó la empresa de interné, pibe.
– ¿Y cómo lo podemos solucionar?
– No es nuestra responsabilidad.

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La Catedral de Azul.

Haciendo malabares al cargar una mochila, un bolso donde está mi ropa, un diario La Nación que lucía la trágica tapa de los atentados en Francia y una botella de agua recalentada, me acerco a otra ventanilla. Allí me explican que, en estos casos, la única forma de alcanzar al bendito micro violeta es tomarse un remis hasta el peaje de Parish, pueblito ubicado a 40 kilómetros de Azul. Ellos, haciéndome una gauchada y nunca asumiendo el error, llamarían a la oficina del peaje para que le comuniquen al chofer del ómnibus que un pasajero estaba en camino y que lo esperaran diez minutos.

“Dale, pibe, metele que no llegás”, fue el amistoso y motivador consejo del azuleño. A metros de distancia, un destartalado y abollado Renault 12 plateado me esperaba. Ofuscado por el pensamiento lateral de por qué La Nación hace su periódico tan grande, le explico la situación al remisero. Sentado en una silla que dejaba ver los pedazos de goma espuma amarilla, el canoso hombre argumentaba que a más de 90 kilómetros por hora no podía ir.  Puteo, pero vislumbro la llegada de un modernoso Volkswagen y no dudo un segundo en romper el acuerdo con el dueño del obsoleto auto.

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A 130 kilómetros por hora, la denominada Ruta Nacional (de la muerte) N°3 es el lugar propicio para entablar una amistad con Pucho. El intrépido remisero tiene 73 años. Durante 36 trabajó como camionero. A los 55, cuando se jubiló, decidió comprarse un remo, como él llama a su herramienta de trabajo, para acompañar el ingreso de su jubilación. La ruta es su terreno y lo conoce a la perfección. Escondiendo su mirada detrás de unos oscuros anteojos de sol, Pucho escucha con atención mi historia y también cuenta la suya. Pasaron veinte minutos y después de una curva cerrada veremos el peaje y al bendito micro violeta. Yo no lo encuentro. Pucho tampoco. El ómnibus no está. Jamás esperó.

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Con el auto aún en movimiento apoyo mi pie derecho en el caluroso asfalto. La rueda trasera derecha del remo de Pucho sigue girando e impacta en mi tobillo. Por suerte se detiene y no lo aplasta. Algo preocupado, pero con la aspiración de alcanzar el micro, cruzo la ruta y camino al trotecito hasta la oficina. Explico la situación. Un empleado que lucía un chaleco amarillo me comunica que ellos le avisaron, pero el chofer no esperó. “Capaz nos dijeron mal el número de coche”, explica. Decidido a aclarar los tantos, Pucho baja de su Volkwagen. El empleado, fluorescente por su vestimenta, lo reconoce y ambos se abrazan. Son vecinos. Viven a la vuelta.

– Pucho, ¿sabés qué podemos hacer? Llamo a la policía caminera de Cacharí y le digo que frenen a este micro violeta y que te esperen – explica el del peaje señalándome, mientras llama al puesto de control montado a 18 kilómetros de distancia.
– Gracias, querido. Vamos, pibe. Subí adelante – me dice con tono de abuelo que le da una nueva libertad al nieto.

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A toda máquina seguimos abriendo camino. Sobrepasamos varios camiones y autos hasta que llegamos a otra curva que decidirá mi suerte, si es que, a esa altura, podemos aseverar la existencia de la misma. Un frondoso bosque impide ver al puesto de control de la pequeña localidad bonaerense. Al pasar el conjunto de árboles no evidenciamos ningún rastro de un ómnibus violeta. El micro no está y, a esa altura de la tarde, ya no sé qué hacer.

Pucho toma el mando de la situación. Me indica que espere en el auto. Él baja a charlar con los uniformados (?). Unos pocos minutos después vuelve y me explica mis dos posibilidades. Una es volver a Azul y tomarme el próximo micro que pasa a las ocho de la noche y es el denominado “lechero”, es decir, aquel que se detiene en todos los pueblos a subir y bajar pasajeros. La otra opción es que los policías me consigan un alma caritativa que me acerque a destino. Mientras evalúo la alternativa de subir al auto o camión de un desconocido, por el rabillo del ojo observo que los policías ya estaban deteniendo el tránsito.

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En el puesto de control de Cacharí.

“Vos ya sabés donde encontrarme. Estoy todos los días en la terminal. Cuando vuelvas a cubrir un torneo de tenis nos comemos un asado”, me dice Pucho y nos abrazamos brevemente. Con el bolso, la mochila, el diario La Nación y el agüita en mano espero al costado de la ruta. Después de tres negativas, el cuarto camión frena en la banquina. Al trotecito me pongo a la par, saludo desde lejos a los caritativos “canas” y abro la puerta del enorme Ford Cargo blanco. A Capital Federal volveremos a dedo.

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La espera en el remis.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………- Soy Hernán y ¿vos?
– Julián, ¿cómo va? Gracias por llevarme, viejo.

Hernán tiene 30 años y es de Moreno, localidad del oeste bonaerense. Después de unos minutos de charla, me doy cuenta lo prejuicioso que he sido con el rubro de los camioneros a los que erróneamente había imaginado y catalogado. Hernán, que mensualmente hace 17.000 kilómetros y trabaja dieciséis horas por día, no se come las eses, no putea, su vocabulario es amplio y, por lo que enamoradamente cuenta, no engaña a su mujer. La conversación fluye. Durante las tres horas de viaje recorreremos los detalles de su mundo: desconocido e impensado para mí.

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Hernán y una tarde soleada.

El modernoso camión que en once meses de vida caminó 164.000 kilómetros, todos los días realiza el mismo recorrido en el cual lleva 30.0000 kilos de piedra.  De Moreno a Olavarría. 700 kilómetros diarios para ir a buscar piedra a la principal cantera de la ciudad situada en el centro de la Provincia de Buenos Aires. La rutina podría volver loco a cualquiera, pero a él, su trabajo le encanta. “Te tiene que gustar, sino fuiste. Son dieciséis horas viajando por día. Arriba del camión no tenés vida, pero para mí, la vida es esto”, me cuenta mientras maneja y ceba unos mates dulces. “Me gustan los fierros, la calle y ésto es la calle… Ni en pedo podría estar en una oficina. De hecho, muchas veces no vuelvo a casa por tres días”, explica Hernán.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nK56lqASKtA&feature=youtu.be]

Desde los quince años que está arriba de un camión. Primero fue ayudante de su primo, después empezó a hacer algunos viajes como chofer. En el 2003 se compró su primer truck, un rastrojero que no tenía ni motor, pero que, dándose un poco de maña, lo pudo arreglar. A partir de ahí siempre fue progresando e invirtiendo en un mejor vehículo. Desde enero, cuando financió el Ford Cargo, él  es su propio jefe. Eso lo hace feliz.

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En nuestro trayecto, Hernán analiza su vida conmigo, como si fuese su psicólogo. Por mi parte aprovecho a hacer lo mismo. Ambos sacamos conclusiones, hasta que un camión nos pasa a toda velocidad por el carril contrario y por poco no choca con otro que venía de frente (está filmado en el video). “Esto pasa tres veces por día”, dice y me explica por qué la Ruta Nacional N°3 es denominada la “ruta de la muerte”.

La mayoría de los pesados vehículos que transitan la autovía cargan miles de kilos de piedra o cemento. Muchos de los choferes, por hacer unos “mangos” más, se exceden de los 45.000 kilos que cada camión tiene permitido. El sobrepeso erosiona la uniformidad del asfalto, lo que genera desniveles, un potencial causante de accidentes. Además, para no dañar “la máquina”, los choferes van más despacio  y, de esa forma, es imposible para los autos pasar los incontables camiones que se acumulan. En el afán por conseguirlo, los cálculos en las distancias fallan.

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Dejando atrás todas las (muchas irreproducibles) anécdotas, el atardecer sirve de despedida. Llegamos a la rotonda de Cañuelas, donde mi hermano me pasará a buscar por una estación de servicio. El saludo promete un nuevo encuentro. Sin embargo, a la historia le queda un breve capítulo más.

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Al bajar del altísimo camión que reemplazó al micro violeta, a unos metros de distancia las luces y la música dominan la escena. “¿Qué pasa acá?”, le pregunto al playero, que me explica que hoy es la “Fiesta del Dulce de Leche”. Sin lugar para la sorpresa espero al costado de la puerta del bar. Aún con el diario en mano, un fornido hombre entra y se sienta a tomar un café. Su cara me es conocida. Me acerco, lo miro con detenimiento y confirmo las sospechas. Estoy frente al “Rey de la Carne”. El mediático Alberto Samid, reconocido empresario frigorífico, quiere cerrar el diario de viaje. A esta altura de la tarde, lo único que pido es que llegue mi hermano y, sobre todo, que no aparezca Mauro Viale (?).

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Samid y una toma digna de un paparazzi.

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La selfie de despedida.

Las mellizas colombianas

6 Oct

A simple vista ya hay algo extraño. Ellas dos son idénticas. Resulta imposible saber cuál es cuál. La ropa es la misma, sus cuerpos y rostros pareces clonados, e incluso sus gritos de arenga tienen el mismo calibre de voz. “Vamos Manita”, le dice una a la otra. No podía ser de otra manera, éstas chicas son mellizas y no intentan diferenciarse en absoluto. En el partido de dobles por los cuartos de final del Women’s Circuit de San Carlos Centro, las hermanas colombianas Pérez García no pasan desapercibidas. María Paulina y Paula Andrea (sí, hasta los nombres son similares) explican cómo es ser mellizas y compañeras de circuito al mismo tiempo. Un mundo muy peculiar donde difícilmente una pudiera vivir sin la otra.

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María Paulina (arriba) y Paula Andrea.

“Mira, ella tiene piercing, un lunar y pelo rubio”, dice María Paulina, que intenta explicar las grandes (?) diferencias físicas que existen entre una y otra. A pesar de que están calcadas a causa de los misterios de la genética, en la personalidad dicen ser muy diferentes. “Ella (Paula Andrea) es más entrona, más arriesgada, más todo. Yo soy más seria. Ella es la que hace los amigos y después yo me meto”, aclara María Paulina, la melliza más grande, que le lleva tan solo sesenta segundos de adultez. “Ella es la que manda con la plata, la que dice qué hacer y cómo se hace. Esa es María Paulina”, responde Paula Andrea, la menor. “Yo soy la más grande, pero ella siempre es la mandona. Cuando se trata de responsabilidades me toca a mí”, remata la mana –abreviatura de hermana, come ellas se apodan- “responsable” sobre la autodenominada “loquita”. Si están mareados con los nombres, ésto recién empieza (?).

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Ambas tienen 19 años y son de Barranquilla, Colombia. María Paulina es 850°del ranking WTA, Paula Andrea 1249° del mundo y como profesionales obtuvieron dos títulos de doble juntas. El comienzo de esta particular historia de hermanas tenistas fue un tanto fortuito. Ninguno de sus padres esperaba dos criaturas en el vientre de su madre, la habitación solo estaba preparada para una. Las mellis fueron una sorpresa. “Ellos ni sabían. Pensaban que era una. En un accidente, mi mami se chocó la barriga. Entonces fueron al médico y mi papá se desmayó cuando se enteró que eran dos”, relata Paula Andrea. Y sin tomar un respiro continúa: “Somos el segundo matrimonio de los dos. La primera esposa de mi papá no podía tener hijos y le echaban la culpa a él diciendo que era infértil. Después se casó con mi mamá y no le creían que eran sus hijos, pero salimos exactamente igual a mi papá”.

Las mellizas colombianas Pérez García: María Paulina y Paula. No me pregunten cuál es cuál. #WomensSanCarlos

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Como es habitual entre hermanos, las peleas son diarias. Obviando este inevitable inconveniente, la compañía de un familiar durante el masacrante circuito tenístico es un beneficio con el que muy pocos cuentan. Una excelente oportunidad para combatir la soledad. “Peleamos todo el día, por estupideces, pero lo importante, como viajamos juntas no estamos solas. Por lo general, la mayoría de las chicas viajan sin compañía. A pesar que peleamos yo la tengo a ella y sé que va a estar ahí siempre”, manifiesta María Paulina, que junto a su hermana entrena en Cali, donde el “deporte blanco” está más desarrollado que en su natal Barranquilla.

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María Paulina al saque.

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El revés de Paula Andrea.

No obstante, a la hora de competir juntas en el doble, las trifulcas no aminoran. Jugar en una misma cancha y al lado de tu hermana significa tener el permiso de decirle cualquier cosa, de no guardarte nada. La sinceridad en un espacio donde se requiere una extrema concentración no es para nada recomendable.

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En 2014, campeonas de un Women’s Circuit disputado en Quito.

EfectoTenis: – ¿Cuando juegan juntas se pelean?

Paula Andrea: – Ayer jugamos muy mal. Yo jugué muy mal. Todavía estaba un poquito quemada y ella me decía ‘meté la pelota’. Yo le respondía, ‘marica, intento meter la pelota, pero estoy bloqueada. No puedo hacer nada’. Como que se frustró un poquito y más porque sabe que me puede decir las cosas.

María Paulina: – Ese es el problema. Tú cuando juegas con otra persona no le dices las cosas de frente, en cambio, como es mi hermana, le dices de todo.

Paula Andrea: – Uno no se alcanza a medir, entonces como que terminás hiriendo a la otra.

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EfectoTenis: – ¿Cuándo termina el partido se acaba la pelea?

Ambas: – No

Paula Andrea: – Ella sale por un lado y yo por el otro. ‘¿Pero Paulina porque estas caminando más adelante?’, le digo. ‘No estoy brava, pero tampoco quiero hablar’, me dijo. Pues vete.

María Paulina: – Es que estamos todo el día juntas – interviene – Jugamos el dobles juntas, dormimos en la misma cama, perdemos y tenemos que vernos.

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Más allá de las disputas on court, su fuerte unión es aquello que delinea su relación donde desborda la simpatía y frescura. Como dignas (?) hermanas mellizas, las travesuras en el cambio de identidad no escasean. A pesar de no haber compartido novio o haber falsificado un examen de matemática, las manas Pérez García aprovecharon el similar timbre de sus voces para intercambiar los roles. “Lo más lindo que hicimos fue por teléfono porque la voz se nos parece muchísimo. A veces la llamaba el ex de ella y contestaba yo”, cuenta con entusiasmo Paula Andrea. “Le decía ‘Hola, mi amor, ¿cómo estás? ‘, pensando que era mi hermana, pero no se daba cuenta. Y le digo, ‘Estúpido, soy Paula, no la Paulina. Del colegio nunca hicimos porque empezamos desde chiquiticas y nos diferenciaban”.

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Misma ropa y misma pose.

Cerrando el interrogatorio, EfectoTenis hizo valer la tenacidad periodística que tanto lo caracteriza (?). Finalmente, María Paulina y Paula Andrea no compartieron a ninguno de sus enamorados, pero sí lo hicieron en momentos diferentes. “Sí compartimos, pero no al mismo tiempo, cálmate”, aclara la menor de las colombianas. Mientras que María Paulina arremete: “Yo nunca me he metido con un hombre de ella, pero ella sí con tres míos. Te das cuenta la diferencia de respeto y seriedad”. La discusión sobre las menudencias del asunto emerge y el temor de haber desatado una nueva controversia moviliza a su fiel servidor. Sin embargo, ambas concluyen la discusión sabiamente. “No nos vamos a poner a pelear por esas estupideces porque no estamos con ninguno de ellos”.

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De campamento en San Carlos Centro

24 Sep

Cuando la tarde cae en el Club Central de San Carlos Centro, éste parece un campamento femenino. En el quincho que da a las tres canchas de polvo de ladrillo donde se disputa un Women’s Circuit que reparte 10.000 dólares en premios, muchas de las tenistas andan con el pelo húmedo, en ojotas y con el aspecto de ser un grupo que fue de excursión a una alejada localidad del interior del país. Algunas de las chicas que participan en el certamen santafesino duermen en las habitaciones que el club les brinda gratuitamente. En total son tres dormis y cada uno está repleto de camas cuchetas, ocupadas por aquellas que aprovechan para ahorrar unos pesos en alojamiento. Como siempre decimos, en el primer escalón del profesionalismo el denominador común es el famoso rebusque.

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En la pequeña grada de la cancha tres, una taiwanesa, una brasileña y una argentina intentan tener una conversación. El objetivo de la misma es sacarse una autofoto. Ninguna de las tres entiende nada, en especial la jovencita Pei-Ju Chien, que a los 16 años solo logró aprender unas pocas malas palabras en español. “¿Nos sacamos una selfie?”, le dice la local Florencia Páez. “¿What?”, responde la oriental sin entender una palabra. La argentina le muestra su celular y sin preguntarle se sacan una foto. “¿Snapchat, tenés?”. Otra vez no hay respuesta por falta de entendimiento. “¿Instagram?”, insiste. La brasileña le explica en portugués a Pei-Ju. Ella finalmente entiende ese idioma porque entrena en Porto Alegre. “Sí, Instagram”, responde y saca su enorme teléfono celular. Las tres duermen en las cuchetas del Club Central, y esto es parte de la convivencia diaria.

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“A veces es bueno poder compartir con más chicas, ya que este deporte es muy solitario. Igualmente yo hablaba más que nada con Chechi (Cecilia Costa Melgar, tenista chilena eliminada en primera ronda), quien también duerme acá. Se hace entretenido en la tardes, es bueno para escuchar música. Después, la cena es compartida con otras chicas. Es una convivencia súper agradable”, le dice la chilena Daniela Seguel a EfectoTenis.

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La derecha de Seguel. / Ph: Hans Ruhle.

“Nos tratan igual”, manifiesta Ornella Garavani, de 16 años, la argentina más joven del cuadro principal. Las profesionales no hacen diferencias en el quincho del club. Las desigualdades se ven dentro de la cancha, donde las “veteranas” despliegan todas sus artimañas. “Cuando una viene a jugar con estas chicas, que son profesionales y que tienen más experiencia, durante los puntos más importantes ellas no regalan nada. En cambio, los Juniors tenemos más baches, donde regalamos más y ahí es donde hay que estar atentos”, indica la campanense, 98° del ranking ITF, que pasó la clasificación y ganó un partido en el main draw.

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Garavani al saque.

Para Seguel, actual 544° del ranking WTA, el ahorro no solo es en el hospedaje. Desde hace cuatro temporadas, la santiagueña de 22 años encuerda sus raquetas con su máquina portátil. También, a las tenistas que se lo pidan, les brinda su servicio que obviamente sale más barato que el oficial.

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Una de las experimentadas tenistas con las que podría haberse topado Garavani o mismo la comunicativa (?) Pei-Ju, es Daniela Seguel, semifinalista del torneo. En abril del año pasado, la transandina alcanzó su mejor posición en el listado WTA: el puesto 257. Para ella, que entrenó durante tres años en Bélgica, en la Academia  de la ex número uno del mundo Justin Henin, San Carlos Centro es un mojón para volver a los primeros planos. “Los pueblitos así me encantan. San Carlos es un lugar súper tranquilo donde todo está muy cerca. Quizás es muy diferente a Europa, pero la verdad me gusta acá, aunque espero volver pronto allá porque eso significaría haber vuelto a retomar mi ranking y jugar torneos más grandes. La idea es seguir avanzando. Hoy estar acá, en San Carlos, es parte de un proceso, parte de este nuevo comienzo”, cierra la sudamericana.

Tenis en #SanCarlosCentro.

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EL ROAD TRIP HASTA SAN CARLOS CENTRO

La ruta nacional N° 19 une a Santa Fe con la pequeña ciudad de San Carlos Centro. En el trayecto desde la capital de la provincia –en la cual se realizó un Future ganado por el local Matías Zukas– hasta el pacífico poblado de 13.000 habitantes, las historias y fábulas emergen.

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Musicalizado con el grupo santafesino Los Palmeras.

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El recorrido.

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DOMANDO AL TENIS

Durante la jornada dominguera de tenis, los ruidos no cesaron ni un segundo. Todos los partidos de la clasificación se disputaron bajo una atmósfera bien gauchesca. Apenas a cien metros de las canchas, en un pequeño predio en el medio del campo llamado “El Cencerro”, se llevaba a cabo un festival de doma. Por lo que se escuchaba a través de los parlantes, los payadores relataban el homenaje a un tal Don  Celestino, que a los setenta y pico se retiró domando con los ojos vendados.

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Divagando un poquito cerramos con unas coplas. Y… ¡va la primera, Don Celestino!

(Léase con tono gauchesco y en lo posible con esta música de fondo)

Si el teni fuese la doma, la raqueta sería mi caballo

Para ustedes e meter la pelota, pa’ nosotro’ e domarlo

Sin embargo en algo coincidimo’

Amigo, Don Celestino, no caer simplemente es el desafío

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RESULTADOS

Semifinales Women’s Circuit de San Carlos Centro

[6] Nathaly Kurata (BRA)  vs [4] Daniela Seguel (CHI)

[5] Eduarda Piai (BRA) vs [7] Catalina Pella (ARG)

Livestream

El tenis, un deporte con poco premio

17 Sep

Casi dos décadas pasaron para que la Federación Internacional de Tenis (ITF) realice reformas en la cantidad de dinero que reparten los primeros torneos en la escala del profesionalismo, es decir, los Futures y Women’s Circuit. En un comunicado publicado en mayo de este año, la ITF, organización que regula este tipo de certámenes (también lo hace en los Grand Slam, Copa Davis y Copa Federación), informó la escalonada suba de los premios durante los próximos años. A pesar de la necesaria modificación, el debate está más que abierto. ¿Quién ayudará a los directores de los torneos que, a partir de la modificación, deberán reunir más dinero? ¿Habrá menos certámenes? ¿Los jugadores llegarán a cubrir los gastos?

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Panorámica del court central del Sport Social Club de Villa María.

En el denominado “tenis pobre”, los recursos escasean. El tenista que duerme en un auto, el jugador que alcanza la final con solo una raqueta, la adolescente que le encuerda a sus rivales, son algunos ejemplos del excepcional rebusque que existe en este tipo de eventos. A menos que seas campeón, los números no cierran por ningún lado, ni con la ayuda del matemático Adrián Paenza (?). Los gastos que deben cubrir los tenistas son mayores que la cantidad de dólares que ingresan. Y sí, en 1998, cuando comenzaron a jugarse los Futures –en simultáneo con los antiguos Satélites- , las cosas no salían lo mismo. Durante este largo período, la inflación jugó su papel. Por eso, el cambio era necesario.

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Una de las principales modificaciones ocurrirá a partir de 2017, los torneos masculinos que actualmente reparten 10.000 verdes (?) en premios pasarán a entregar 15.000.El aumento será de un 50 por ciento e intentará suplir las inversiones en: viajes, alimentación, alojamiento, encordado de raquetas, lavandería, entre otros. ¿Será posible? Probablemente no.

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El detalle de los aumentos de los premios.

“Me parece muy bien. Creo que lo tendrían que haber subido hace mucho tiempo. Hace unos meses, un amigo, que jugaba hace diez años, me contaba que los premios eran los mismos”, comenta sorprendido el argentino Juan Pablo Paz, actual 566° ATP, a EfectoTenis. Sin embargo, pensando sus argumentos en profundidad, continúa: “No sé si es tanto subir los premios, también sería bueno que, como requisito, todos los torneos tengan hotel. Eso nos ahorraría una gran parte del gasto”, comenta el promisorio tenista de 20 años.

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Paz durante una producción con EfectoTenis.

“Debería haber un límite en el precio de los hoteles oficiales, hasta 35 libras; que provean un almuerzo barato; que encordar cueste 10 libras y que incluyan el transporte desde y hasta el aeropuerto. Realmente siento que esto tendría, por lejos, un mayor impacto en los jugadores de este tipo de torneos, así ahorrarían más y se sentirían más cuidados. En este nivel todavía eres semi-profesional, entonces no creo que tus ahorros deban ser altos, pero sí que tus gastos sean menores para ayudar a que los jugadores sobrevivan”, comenta en su blog la tenista británica Naomi Cavaday, actual 375° WTA, quien también coincide con la idea de Paz: no todo pasa por aumentar los premios.

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Cavaday en Wimbledon.

La preocupación no solo radica en la supervivencia de los tenistas, sino en la continuidad de los certámenes. El aumento en la repartija de los premios exige que los directores de los torneos deban reunir una mayor cantidad de dinero. Ante esta modificación, muchos de estos eventos podrían desaparecer y así dañar aún más las aspiraciones de los deportistas.

“Es una necesidad que tienen los jugadores. Una necesidad de elevar los premios y abaratar los costos porque se está haciendo muy difícil la transición. Bienvenidos los cambios, pero habría que ver cómo se implementan. Fundamentalmente qué cantidad de torneos tenemos tanto en la región como en el mundo”, manifiesta Javier Degreef, coach de la jujeña Guadalupe Pérez Rojas.
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Degreef y Pérez Rojas durante el Women’s Circuit de Villa del Dique.

Poniendo el foco exclusivamente en el ámbito local, durante esta temporada la Asociación Argentina de Tenis llevó a cabo doce Futures y cuatro Women’s Circuit, mientras que está confirmado realizar cuatro eventos más (entre hombres y mujeres).  La idea de planificar un año tenístico en suelo argentino, donde los gastos en viajes son menores, es imposible. Aún más para las chicas. La solución es competir en el exterior, pero los gastos son altísimos.

Estable, Campeona en Eslovenia
Tita Estable, campeona en Eslovenia.

Sin lugar a dudas, la formación a partir de los torneos desarrollados en tierras albicelestes son un trampolín hacia el próximo nivel, el de los Challengers, escalón donde sí se puede vivir de los ingresos que brinda el deporte. En 2012, Diego Schwartzman (68°ATP) ganó cinco Futures en Argentina y también el tradicional Challenger de Buenos Aires. En 2014, Nicolás Kicker, 181° ATP y participante en la última clasificación del US Open, se consagró cinco veces, mientras que este año año obtuvo tres títulos más en suelo argentino. Dos ejemplos que evidencian la importancia de estos torneos dentro del camino por el cual un tensita debe transitar. Los Futures y Women’s son el primer mojón. 5385babdd94f8_510x339 DCIM105GOPRO

Carlos Ronco, director del Future y Women’s Circuit  realizado en Sport Social Club de Villa María, única sede del país que lleva a cabo los dos torneos (hombres y mujeres) en simultáneo, coincide con la medida tomada por la ITF, pero al mismo tiempo, el futuro lo inquieta. “Vamos a tener un poco más de trabajo. Es una medida totalmente acertada. Es un nivel de jugadores que necesitan que se les preste más atención y más apoyo. Comparto la medida aunque como organizador vamos a tener más problemas para generar los recursos que hagan falta. Los jugadores de este nivel necesitan tener más ingresos para poder progresar”, le dice Ronco a EfectoTenis.

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Ronco y el momento de los pagos.

“Me parece bueno porque eso nunca se incrementó con el correr de los años. Desde que jugaba torneos, cuando tenía catorce años, los premios eran iguales. Por otro lado, los torneos, al ser de las asociaciones y la ITF no es la que pone la plata, probablemente va a ser difícil que se mantenga la misma cantidad de certámenes que hay ahora. Sé que en mujeres es muy difícil conseguir la plata para financiarlos, entonces al necesitar un cincuenta por ciento más en premios puede repercutir en la cantidad de torneos que se hagan. Creo que es un aumento que se necesitaba, pero hay que ver si con la economía argentina actual lo podemos solventar”, señala la siempre interesante Mariana Díaz Oliva, ex 42° WTA y actual entrenadora de varias jóvenes argentinas.

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En el caso de la formadora de 41 años, ella misma puso plata de su bolsillo para ayudar a dos chicas de su academia que estuvieron tres meses por Europa. “Es una oportunidad que merecen tener. Las cuatro tienen ranking WTA y son buenos proyectos en Argentina. Si no le damos una oportunidad a ellas, nunca vamos a sacar jugadoras. Al no haber tantos torneos en la región las chicas se van a ir varios meses a Europa. Es una prueba dura de cabeza: crecer y madurar”, señala Díaz Oliva, que acompañó a Victoria Gobbi , Julieta Estable, Ailén Crespo Azconzábal y Daniela Farfán en una larga travesía por Rumania, Croacia y Serbia, entre otros países.

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Las chicas de Díaz Oliva festejando el cumpleaños de Estable en Bursa, Turquía.

Cuando decidís abrir tu propio kiosquito, es inevitable invertir en el alquiler, la pintura, los caramelos y los puchos. No obstante, el depósito de dinero no será eterno. En algún momento los aires deberán cambiar y lo que pusiste empezará a volver. En el tenis ocurre algo similar. El primer nivel del profesionalismo, del cual estamos hablando, es una inversión. Una apuesta a un futuro incierto.

Según el experimentado Ronco, lleva ocho años organizando los dos torneos, “la ITF tendría que repartir un poco los ingresos y como organizadores tendríamos que vender ésto a sponsors que perduren en el tiempo y que signifique un beneficio para ellos”.  En el comunicado oficial, la ITF señala que considerará modificaciones para asegurar que naciones en desarrollo puedan continuar realizando estos certámenes. Sin embargo, no hay nada conciso, nada que explique de qué manera lo llevaran (si es que ocurre) adelante. En el caso de los organizadores, según Ronco su trabajo será atraer a los sponsors, seducirlos para que ellos “sientan que les sirve invertir en el tenis”. IMG_9551

“Argentina se ha caracterizado siempre por buscarle la salida a todo”, remarca el cordobés de Villa María en referencia al conocido rebusque argento. “El tema es que ese rebusque no sea para zafar este torneo, sino que perdure. Que al club, a la Federación y al sponsor les sirva”.

LA VISIÓN DE CHRISTIAN LINDELL

El brasileño nacionalizado sueco, un experimentado en este tipo de torneos, ofrece su parecer sobre la nueva modificación que llevará acabo la ITF a partir del año siguiente.

Amanecer en Misiones

29 Ago

La magia de los viajes. Salir del claustro que es la ciudad, donde el paisaje urbano es dominado por el cemento y el asfalto. Despertar con la claridad del amanecer. Entre árboles, tierra colorada, lomadas y aserraderos el sol se asoma y nos da la bienvenida al Litoral. “Misiones, belleza natural”, dice el turístico slogan de la provincia. En unos pocos minutos, uno puede dar fe de esto.

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Mientras el micro continúa su camino por la ruta nacional N° 14, las publicidades anticipan que queda poco para llegar a Posadas, capital y sede del décimo Future que se celebra en Argentina durante este 2015. Recién a las 10:30 horas, cuando la temperatura se acerque a la máxima pronosticada de 28 grados centígrados, comenzará la actividad en el Itapúa Tenis Club. Viernes, día de semifinales, tanto en singles como en dobles.

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Antes de arribar a destino hay tiempo para disfrutar de las lomadas, del paisaje y del renovador y agradable baño de sol mañanero que enceguece nuestra visión. Un hombre que le quita con un pañuelo el rocío al parabrisas de su auto; una niña que, con su guardapolvos, mate y madre, camina hacia la escuela; y otro hombre, solo, sentado en una reposera, probablemente toma tereré, son imágenes, pequeños momentos que se pueden apreciar fugazmente desde un micro de larga distancia.

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Dejando atrás la ruta, el amanecer y demás colorido es tiempo de subirse a un taxi que nos trasladará hasta el club. La charla de futbol nunca falla, un tip que el viajante siempre debe tener para romper el hielo. El debate sobre la performance de Messi en la Selección, la comparación de Lio con Maradona, la ausencia de Carlitos Tévez en la final de la Copa América son los principales temas. Al llegar al centro deportivo, la amistad se acaba cuando llamativamente el taxista comunica que la tarifa por el viaje es de ciento cincuenta pesos. El chofer nunca puso el taquímetro y la distancia no parecía ser tan larga. En fin, en Misiones ya embocaron al porteño.

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EL ITAPÚA, LA SIESTA Y ¿EL CHALLENGER?

Ubicado a tan solo siete cuadras del centro de Posadas, capital de la provincia de Misiones, las instalaciones del Itapúa Tenis Club no son demasiado espaciosas. Seis canchas de polvo de ladrillo, una pileta, un gimnasio de básquet y un gimnasio de pesas es lo que ofrece el complejo deportivo. La ventaja de estar cerca del corazón comercial de la ciudad es que los trabajadores que suelen dormir la siesta tienen la posibilidad de posponerla y ver un poco de tenis. Raqueta versus almohada, difícil decisión.

Breve recorrida por las instalaciones del Itapúa Tenis Club, sede del #FutureMisiones #Argentina #Tenis

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“En el Interior, los horarios son totalmente diferentes a los de Buenos Aires. Se trabaja de 8 a 12 y de 16 a 20 horas, entonces todos paran para dormir la siesta. Obviamente que tienen la opción de irse a sus casas y descansar, o venir acá y ver buen tenis. Muchos me dicen ‘qué lástima que no tenemos luces oficiales’ para jugar de noche. No tenemos luces oficiales, pero tenemos la siesta”, le dice a EfectoTenis Fernando “Pulga” Damus, director del Future de Posadas.

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El “Pulga” Damus, director del torneo.

En 2014, el joven organizador del certamen mesopotámico decidió escalar en el nivel que ofrecía el Future. Pasar de los 10.000 dólares en premios y los 18 puntos que se lleva el ganador a uno de 15.000 dólares de prize money y 27 puntos para el tenista que se consagre campeón. Sin embargo, el Pulga, un conocedor del ambiente –es profesor y entrena Juniors-, entendió que se podía igualar la repartija de puntos con un torneo de 10.000 dólares más hospitalidad, conocido como 10K+H. De esa manera, el director se ve obligado a brindarles hospedaje a los jugadores. Además de este obligatorio beneficio, la “Copa Misiones” les regala diariamente (no es reglamentario) un almuerzo en el club y una cena en el hotel. En principio podrá parecer un dato menor, pero en el denominado “tenis pobre” cada ahorro cuenta. Comer bien y gratis todos los días no es algo para desestimar.

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Juan Pablo Paz pintando a ojo la marca de la raqueta que lo patrocina. Nada de moldes.

Ante esta estabilidad que lograron luego de siete años ininterrumpidos realizando el único torneo profesional misionero que entrega puntos para el ranking ATP, las autoridades del Future aspiran a subir de escalón. Hacer un Challenger. La idea está avanzada y en el próximo post del blog detallaremos cómo vienen las tratativas y los inconvenientes que deben sortear para ejecutarlo.

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LOS PARTIDOS

Uno de los primeros en llegar al club fue Hernán Casanova. Previo a su semifinal frente al chileno Michel Vernier, el bonaerense de 21 años fue a pelotear. Apenas pudo impactar unas pocas bolas. El dolor en su muñeca derecha, producto de una caída en su partido de cuartos de final, era fuertísimo.

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Casanova y su vendaje.

Antinflamatorios, masajes, hielo y vendajes. Nada de eso sirvió para erradicar el inoportuno dolor que finalmente le impidió jugar con normalidad el match. El trasandino Vernier, 1126° ATP, derrotó a Casanova por 6-3 y 6-2 y se instaló en su primera final profesional.

“Durísimo. Es más de lo mismo. Ayer (jueves) también jugué un partido muy largo, 7-6 en el tercero frente a (Andrea) Collarini y después el dobles. Vengo con el ritmo. La semana pasada también fue así. Jugué semifinal de singles, semi y final de doble. Todo el mismo día. Ya vengo con el trajín de la lucha. Queda un partido. No vamos a aflojar ahora”, comenta un extenuado Patricio Heras a las cinco de la tarde, cuando terminó su performance del viernes.

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Pachu, ganador de siete Futures.

A las 10:30 de la mañana, el cordobés de 26 años comenzó su semifinal de singles frente al japonés Ryusei Makiguchi. El match terminó 3 horas y 19 minutos después. Ganó 6-7 (4)/7-5/6-0. Después, Heras descansó, le hicieron masajes y fue a jugar la semifinal de doble junto a su coterráneo Franco Agamenone.

Mientras “Pachu” era masajeado por el fisioterapeuta del torneo, el argentino Gabriel Hidalgo y el brasileño Oscar Gutierrez, ya finalistas del doble, jugaban al básquet en el gimnasio del club. Heras soltaba algunos gritos de dolor cada vez que su isquiotibial izquierdo era presionado por los fuertes dedos del especialista. Finalmente, la dupla nacional conformada por Juan Pablo Paz y Dante Gennaro impuso su fresco físico para derrotar a la pareja cordobesa.

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Un extenuado Heras junto a su pareja de dobles, Agamenone.

Menos de una hora más tarde, Paz y Gennaro volverían a la cancha, pero la suerte no sería la misma. El precalentamiento que Hidalgo y Gutiérrez hicieron en el parqué de la cancha de básquet ayudó porque en la definición se impusieron por 6-3 y 6-4. La felicidad de Hidalgo, entrerriano de 25 años, no era menor. Este fue su primer título después de once meses. En enero de esta temporada, “Luli” fue operado de su muñeca derecha. Recién volvió en esta gira de Futures argentinos que empezó en el Florida Tennis Club, siguió en Resistencia y culminó aquí, en Posadas.

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Finalistas y campeones.

El capítulo se cerrará hoy a las 14:30 horas. Sí, durante la siesta donde Patricio Heras intentará imponer su experiencia ante el chileno Michel Vernier. El que más despierto esté gritará campeón.

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Tranquilos, papis

12 Ago

5026 lugares libres quedan en el el Court Central del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Solo un asiento está ocupado en el estadio más emblemático del tenis argentino. Rodeado de butacas sin aficionados, Gabriel Markus mira como su hija disputa un partido correspondiente a un torneo de menores del circuito de la Asociación Argentina de Tenis. Sentado, en soledad, el ex 36° del ranking ATP se da cuenta que ocurrió un enroque. Él está del otro lado. De la cancha a la tribuna. Sin embargo, eso no lo sorprende, su experiencia como entrenador es amplia. Aquello que lo moviliza es que Carla, de 9 años, sea la que está golpeando de drive y de revés.

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Carla Markus en la inmensidad del Court Central.

“Es divertido. Mi nena es chiquita y recién está empezando a jugar algunos torneos. Qué lindo que esté jugando en este estadio donde pasaron tantos jugadores y donde yo también jugué tantos torneos. Es una linda experiencia”, le dice Gabriel Markus a EfectoTenis. El ex coach de Guillermo Coria, David Nalbandian, entre otros jugadores, no  olvida que sobre aquel polvo de ladrillo han jugado glorias de la talla de John McEnroe, Guillermo Vilas, Rod Laver, Fred Perry, Bjon Borg, Rafael Nadal, Serena y Venus Williams, por nombrar solo algunos estandartes del denominado deporte blanco. Ahora lo hace su hija. Con el sonido del peloteo como música, la charla continúa: “Hacer de padre es lindo. Acompañarlas a ellas en algo que les gusta hacer a mí me da mucha felicidad. Me gusta que jueguen al tenis, más allá de qué nivel tengan o a dónde puedan llegar. Mientras que se diviertan y me pidan ir a jugar es una alegría”, aclara Markus, de 45 años, que según su recuerdo jugó seis veces en ese mismo estadio.

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Gabriel y Carla Markus, una de sus tres hijas.

Una hora más tarde de la presentación de Carla Markus, los roles entre padre ex tenista e hija se vuelven a invertir. En las gradas, junto a su oriental mujer, Phiang, Guillermo Vilas observa con atención la performance de su heredera de mayor edad, Andanin. “Para ella es una cosa nueva, yo ya lo conozco. Tiene una sensación muy especial, particulrmente si has jugado antes, te conecta con tus cosas”, le dice el poético Willy a EfectoTenis, en referencia a las sensaciones de jugar en “La Catedral”.

“Cuando veo el estadio me toca. Siempre iba a ver los partidos con mi profesor para aprender tácticas y técnicas. No lo veía desde abajo, lo hacía desde arriba. Él me explicaba que el tenis se tiene que ver desde arriba. Ahí ves las jugadas”, recuerda el siempre charlatán e interesante Vilas, quien rememora que, junto a su entrenador Felipe Locicero, venía a ver los partidos para aprender a jugar.

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Justamente con esa visión panorámica de la que hablaba, desde arriba, sentado en uno de los laterales del estadio, Guillermo y Phiang ofrecen una imagen cinematográfica. Mientras la esbelta jovencita de 11 años golpea desde el fondo de la enorme cancha, fuera, hombro a hombro, los padres de Andanin, dispares en la diferencia de edad –Willy le lleva 30 años a su esposa tailandesa-, admiran la victoria de su hija. Lo hacen con total respeto, sin emitir una palabra, un reproche, ni un consejo. Simplemente la dejan jugar con total libertad a equivocarse y a acertar. Una imagen ejemplar con respecto a otras situaciones que se vivieron en ese mismo torneo de menores en el cual participaron chicos y chicas de ocho a diecisiete años.

Guillermo Vilas y su esposa viendo jugar a su hija, Andanin, de 11 años.

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“Sos un cagón, en este deporte tenés que tener cabeza”, le decía un padre a su hijo de 11 años, luego de perder un partido de la categoría Sub 12. La frase fue capturada por la psicóloga deportiva Mariela García, quien trabajaba con dos participantes del torneo que se desarrolló hasta la semana pasada en el club palermitano. “El apoyo de los padres es fundamental en cualquier chico, pero sobre todo a edades tempranas. Comentarios de este tipo pueden perjudicar muchísimo a un chico de corta edad. Afectan directamente a su autoestima al disfrute de la actividad. Puede llevar al sufrimiento o no disfrute y posterior abandono del deporte. Los chicos buscan constantemente la aprobación de sus padres y todo el tiempo quieren demostrar”, explica la Licenciada en Psicología Deportiva, que trabaja los factores psicológicos que influyen en el deportista, como así también el aspecto mental, “un área más a entrenar sumándose a lo técnico físico y táctico”.

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Mariela García, psicóloga deportiva. Ph: Sebastián Capristo / LeTenisse.

“Decí que no se puede hacer, pero no le permitiría entrar al club. Un padre que le dice eso al hijo le está creando un daño que va a quedar permanente en la cabeza del hijo. Hay hijos que tienen una personalidad sumisa, que lo aceptan, que se bancan todo eso, pero el dolor queda adentro. Que la persona que más te quiere, tu padre, te diga algo feo lastima demasiado. Me parece que habría que usar otras palabras y no debería ser el padre quien las diga sino su profesor”, señala Markus, que se suma al debate sobre esta lamentable situación.

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La familia que aplaude durante todo el match los puntos de su rival, el vehemente reclamo post partido sobre los fallos del árbitro, el descarado coaching refugiado detrás de la toalla, el niño de ocho años que, acompañado por su padre, pide con altanería jugar en la Cancha Central, son otros ejemplos de relaciones conflictivas que no hacen más que lastimar al chico y privarlo del divertimento que implica practicar un deporte a esa edad. Pero, ¿por qué? ¿no debería ser de otra manera?

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El fair play entre los jugadores sí existe.

“La relación debería ser de apoyo y acompañamiento en la actividad o carrera deportiva. Los chicos necesitan saber que pueden contar con sus padres. Lo importante es que los acompañen sin estar demasiado pendientes o encima del chico. Digamos sin que se torne excesivo”, explica García, que durante los entrenamientos y sesiones trabaja: la motivación, la concentración, la confianza, el manejo del estrés, las presiones y las emociones, entre otros aspectos.

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Andanin y Phiang, descontracturadas. / Ph: Sebastián Capristo . LeTenisse

Lejos de querer generalizar, existen muchísimas familias que acuden con el simple e importantísimo rol de acompañar. Sin embargo, hay otras – que no son tan pocas- que cargan de presiones y frustraciones a sus hijos. “Puede haber muchas razones, pero creo que están desesperados porque los hijos triunfen o ganen lo que ellos no ganaron en su juventud. Sufren tanto que para ellos solo vale el hijo si ganó o perdió. Es un sufrimiento en toda la familia. No me quiero imaginar a la familia de ese nene en la casa, la tristeza que debe haber”, intenta explicar Markus que, al igual que Vilas, deja jugar al tenis a sus hijas.