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El medallista sin medalla

19 Ago

Hace aproximadamente un año, durante una mudanza, Javier Frana se ilusionó al escuchar cuatro palabras que venían del otro extremo de su antigua casa. Quien le gritaba era su mujer. “¡Mirá lo que encontré, Javi!”, decía ella. “Vamos, la encontramos”, pensó automáticamente el ex tenista de 49 años. Pero no, el hallazgo de su señora no era el descubrimiento que sospechaba. Una vez más se ilusionaba y recordaba la falta de un objeto que, por estas semanas, todos quieren colgarse en el cuello.
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De izquierda a derecha: Frana, Goran Ivanisevic y Christian Miniussi.

Javier Frana es una persona que no le otorga demasiada importancia a los trofeos que materializan los títulos obtenidos a lo largo de su carrera. Dice que no le gustan los deportistas que viven colgados del recuerdo. De hecho, para graficar este sentimiento, después de haber ganado el primer o tercer título de su carrera -no recuerda con claridad el dato-, la ATP le entregó una copita de vidrio por haber alcanzado ese hito. El trofeo llegó en varios pedazos. El ex tenista argentino no le dio trascendencia, ni siquiera pidió una réplica del mismo.

Siguiendo esta línea de comportamiento, debajo de la cama de su ex casa, en una caja de zapatos guardaba el mayor logro de su carrera: la medalla de bronce obtenida en el doble de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Después de habérsela mostrado a un amigo de su hijo mayor, Frana sintió que era un tanto arriesgado dejarla ahí, tan expuesta. Por eso la cambio de lugar. ¿A dónde? Todavía no lo sabe. Jamás la volvió a ver.

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“En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 vino mi hijo con dos amigos a jugar y estábamos viendo una de las premiaciones. Mi hijo, que por ese entonces tenía 13 ó 14 años, me dijo ‘Papá, ¿le mostrás la medalla a Santi?’”, le cuenta Frana a EfectoTenis en un café de la localidad bonaerense de Pilar.

El actual comentarista televisivo de ESPN es de tomarse silencios largos para continuar sus historias. Tal vez, como producto de su experiencia frente a la cámara, nunca usa la maradoniana (?) muletilla “Ehhh…”. En esos segundos en los que razona simplemente no habla, Frana piensa. El esfuerzo por recordar los momentos con puntillosidad, nos hace dudar si está recordando las cosas que hizo durante aquellos días, en los cuales buscaba la medalla obtenida junto a su compatriota Christian Miniussi. Quién te dice que, en una de esas, la encuentra a través de sus pensamientos.

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“Pasaron los años, abrí la caja y me dí cuenta que la medalla ya no estaba más ahí. ¿Dónde la habré puesto? Me acordé que la última vez que la vi fue cuando se las mostré a los chicos. ¿Dónde la habré guardado? Me acuerdo que había dicho que en ese lugar no la iba a volver a poner”, cuenta el zurdo nacido en Rafaela, Provincia de Santa Fe.

A partir de ese instante, comenzó a inspeccionar cada recoveco de su casa. Lo hacía por zonas. Por ejemplo revisaba las camperas y los pantalones, creyendo que había quedado en un bolsillo. Sin embargo, no la podía encontrar en ningún lado. “Quería mudarme urgente para revisar cosa por cosa. Capaz aparecía en el bolsillo de un short que la guardé creyendo que la había escondido bien. Pero no, me desapareció. No estaba”, cuenta Frana sobre la mudanza que realizó el año pasado.

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Frana, el último argentino que consiguió un título sobre césped. En 1995 ganó Nottingham. 

“Tuvimos robos domésticos, bastante sistemáticos y  los descubrimos tarde. Sobre la medalla, no sabés si de repente lo hizo porque sí o por maldad. Tampoco tiene un gran valor: no es de oro, ni es una alhaja. Su valor es simbólico. Saldrá, qué sé yo, quinientos pesos. Tampoco quiero juzgar, pero es una de las posibilidades”. La otra alternativa que baraja el dueño de 10 títulos ATP (3 en singles y 7 en dobles) es que la haya guardado en una campera que donó o regaló. “Capaz, la persona que lo recibió pensó que era una medalla de un torneo de fútbol y la revoleó”.

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Mientras Frana habla, el frío bonaerense se siente en las mesas externas del café. Dice que no lo sufre, una gruesa campera beige lo protege. Aun así, mientras cuenta la pérdida de su medalla olímpica se frota las manos para generar calor y vuelve a explicar su falta de estima hacia los trofeos. “Siempre admiré a aquellos deportistas que fueron muy grandes, pero no te lo hacen saber. No me gusta el deportista que vive colgado del recuerdo y que todo lo referencia hacia su época. Eso me genera mucho rechazo. Todo lo poquito importante que pude haber ganado como el plato de la final de dobles de Wimbledon, el título de dobles mixto en Roland Garros están guardados. Están puestos muy sutilmente por ahí, pero no tiene una trascendencia”.

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No obstante, la presea de bronce es su cosecha más valorada. Más allá del premio participar en tres Juegos Olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996) lo ayudó a tener perspectiva en la vida y en el deporte. “Es mágico. Es difícil de explicar porque no solamente es el anonimato, sino entender otras disciplinas. Ponés en contexto tu sacrificio como tenista, que si bien es muy alto, también está bien remunerado. Tenés algo a cambio. Hay otros deportes que hacen un  esfuerzo enorme y es exclusivamente por el amor al deporte, porque económicamente no tienen demasiados recursos”, contaba en el podcast sobre historias del tenis olímpico de EfectoTenis. “La medalla es lo que más sufro, pero la vida va por otro lado”, cierra Frana, el medallista olímpico sin medalla.

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El regreso fue arriba de un camión

16 Nov

La espera en la ostentosa (?) terminal de ómnibus de la ciudad de Azul no es habitual. El micro de la empresa Plusmar  (obviamente no es PNT) debería haber llegado hace diez minutos. La impuntualidad, una recurrente cualidad en los argentinos, llamativamente no es un hábito en los micros de larga distancia. Impaciente, me dirijo a la oficina de la compañía que tenía que recorrer 300 kilómetros para llevarme de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires, luego de cubrir la 19° etapa del Tour Profesional de la Asociación Argentina de Tenis celebrado en el Club de Remo de Azul.

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– Disculpame, ¿sabés qué pasó con el Plusmar de las 15:20 que va a Retiro?
– Hoy no sale ningún Plusmar – responde el cincuentón hombre desde atrás de la ventanilla.
– Mirá, te muestro el ticket.
– Ah, sí, te lo imprimieron mal. El tuyo se fue hace diez minutos. Era el violeta, el Jet Mar. Se equivocó la empresa de interné, pibe.
– ¿Y cómo lo podemos solucionar?
– No es nuestra responsabilidad.

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La Catedral de Azul.

Haciendo malabares al cargar una mochila, un bolso donde está mi ropa, un diario La Nación que lucía la trágica tapa de los atentados en Francia y una botella de agua recalentada, me acerco a otra ventanilla. Allí me explican que, en estos casos, la única forma de alcanzar al bendito micro violeta es tomarse un remis hasta el peaje de Parish, pueblito ubicado a 40 kilómetros de Azul. Ellos, haciéndome una gauchada y nunca asumiendo el error, llamarían a la oficina del peaje para que le comuniquen al chofer del ómnibus que un pasajero estaba en camino y que lo esperaran diez minutos.

“Dale, pibe, metele que no llegás”, fue el amistoso y motivador consejo del azuleño. A metros de distancia, un destartalado y abollado Renault 12 plateado me esperaba. Ofuscado por el pensamiento lateral de por qué La Nación hace su periódico tan grande, le explico la situación al remisero. Sentado en una silla que dejaba ver los pedazos de goma espuma amarilla, el canoso hombre argumentaba que a más de 90 kilómetros por hora no podía ir.  Puteo, pero vislumbro la llegada de un modernoso Volkswagen y no dudo un segundo en romper el acuerdo con el dueño del obsoleto auto.

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A 130 kilómetros por hora, la denominada Ruta Nacional (de la muerte) N°3 es el lugar propicio para entablar una amistad con Pucho. El intrépido remisero tiene 73 años. Durante 36 trabajó como camionero. A los 55, cuando se jubiló, decidió comprarse un remo, como él llama a su herramienta de trabajo, para acompañar el ingreso de su jubilación. La ruta es su terreno y lo conoce a la perfección. Escondiendo su mirada detrás de unos oscuros anteojos de sol, Pucho escucha con atención mi historia y también cuenta la suya. Pasaron veinte minutos y después de una curva cerrada veremos el peaje y al bendito micro violeta. Yo no lo encuentro. Pucho tampoco. El ómnibus no está. Jamás esperó.

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Con el auto aún en movimiento apoyo mi pie derecho en el caluroso asfalto. La rueda trasera derecha del remo de Pucho sigue girando e impacta en mi tobillo. Por suerte se detiene y no lo aplasta. Algo preocupado, pero con la aspiración de alcanzar el micro, cruzo la ruta y camino al trotecito hasta la oficina. Explico la situación. Un empleado que lucía un chaleco amarillo me comunica que ellos le avisaron, pero el chofer no esperó. “Capaz nos dijeron mal el número de coche”, explica. Decidido a aclarar los tantos, Pucho baja de su Volkwagen. El empleado, fluorescente por su vestimenta, lo reconoce y ambos se abrazan. Son vecinos. Viven a la vuelta.

– Pucho, ¿sabés qué podemos hacer? Llamo a la policía caminera de Cacharí y le digo que frenen a este micro violeta y que te esperen – explica el del peaje señalándome, mientras llama al puesto de control montado a 18 kilómetros de distancia.
– Gracias, querido. Vamos, pibe. Subí adelante – me dice con tono de abuelo que le da una nueva libertad al nieto.

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A toda máquina seguimos abriendo camino. Sobrepasamos varios camiones y autos hasta que llegamos a otra curva que decidirá mi suerte, si es que, a esa altura, podemos aseverar la existencia de la misma. Un frondoso bosque impide ver al puesto de control de la pequeña localidad bonaerense. Al pasar el conjunto de árboles no evidenciamos ningún rastro de un ómnibus violeta. El micro no está y, a esa altura de la tarde, ya no sé qué hacer.

Pucho toma el mando de la situación. Me indica que espere en el auto. Él baja a charlar con los uniformados (?). Unos pocos minutos después vuelve y me explica mis dos posibilidades. Una es volver a Azul y tomarme el próximo micro que pasa a las ocho de la noche y es el denominado “lechero”, es decir, aquel que se detiene en todos los pueblos a subir y bajar pasajeros. La otra opción es que los policías me consigan un alma caritativa que me acerque a destino. Mientras evalúo la alternativa de subir al auto o camión de un desconocido, por el rabillo del ojo observo que los policías ya estaban deteniendo el tránsito.

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En el puesto de control de Cacharí.

“Vos ya sabés donde encontrarme. Estoy todos los días en la terminal. Cuando vuelvas a cubrir un torneo de tenis nos comemos un asado”, me dice Pucho y nos abrazamos brevemente. Con el bolso, la mochila, el diario La Nación y el agüita en mano espero al costado de la ruta. Después de tres negativas, el cuarto camión frena en la banquina. Al trotecito me pongo a la par, saludo desde lejos a los caritativos “canas” y abro la puerta del enorme Ford Cargo blanco. A Capital Federal volveremos a dedo.

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La espera en el remis.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………- Soy Hernán y ¿vos?
– Julián, ¿cómo va? Gracias por llevarme, viejo.

Hernán tiene 30 años y es de Moreno, localidad del oeste bonaerense. Después de unos minutos de charla, me doy cuenta lo prejuicioso que he sido con el rubro de los camioneros a los que erróneamente había imaginado y catalogado. Hernán, que mensualmente hace 17.000 kilómetros y trabaja dieciséis horas por día, no se come las eses, no putea, su vocabulario es amplio y, por lo que enamoradamente cuenta, no engaña a su mujer. La conversación fluye. Durante las tres horas de viaje recorreremos los detalles de su mundo: desconocido e impensado para mí.

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Hernán y una tarde soleada.

El modernoso camión que en once meses de vida caminó 164.000 kilómetros, todos los días realiza el mismo recorrido en el cual lleva 30.0000 kilos de piedra.  De Moreno a Olavarría. 700 kilómetros diarios para ir a buscar piedra a la principal cantera de la ciudad situada en el centro de la Provincia de Buenos Aires. La rutina podría volver loco a cualquiera, pero a él, su trabajo le encanta. “Te tiene que gustar, sino fuiste. Son dieciséis horas viajando por día. Arriba del camión no tenés vida, pero para mí, la vida es esto”, me cuenta mientras maneja y ceba unos mates dulces. “Me gustan los fierros, la calle y ésto es la calle… Ni en pedo podría estar en una oficina. De hecho, muchas veces no vuelvo a casa por tres días”, explica Hernán.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nK56lqASKtA&feature=youtu.be]

Desde los quince años que está arriba de un camión. Primero fue ayudante de su primo, después empezó a hacer algunos viajes como chofer. En el 2003 se compró su primer truck, un rastrojero que no tenía ni motor, pero que, dándose un poco de maña, lo pudo arreglar. A partir de ahí siempre fue progresando e invirtiendo en un mejor vehículo. Desde enero, cuando financió el Ford Cargo, él  es su propio jefe. Eso lo hace feliz.

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En nuestro trayecto, Hernán analiza su vida conmigo, como si fuese su psicólogo. Por mi parte aprovecho a hacer lo mismo. Ambos sacamos conclusiones, hasta que un camión nos pasa a toda velocidad por el carril contrario y por poco no choca con otro que venía de frente (está filmado en el video). “Esto pasa tres veces por día”, dice y me explica por qué la Ruta Nacional N°3 es denominada la “ruta de la muerte”.

La mayoría de los pesados vehículos que transitan la autovía cargan miles de kilos de piedra o cemento. Muchos de los choferes, por hacer unos “mangos” más, se exceden de los 45.000 kilos que cada camión tiene permitido. El sobrepeso erosiona la uniformidad del asfalto, lo que genera desniveles, un potencial causante de accidentes. Además, para no dañar “la máquina”, los choferes van más despacio  y, de esa forma, es imposible para los autos pasar los incontables camiones que se acumulan. En el afán por conseguirlo, los cálculos en las distancias fallan.

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Dejando atrás todas las (muchas irreproducibles) anécdotas, el atardecer sirve de despedida. Llegamos a la rotonda de Cañuelas, donde mi hermano me pasará a buscar por una estación de servicio. El saludo promete un nuevo encuentro. Sin embargo, a la historia le queda un breve capítulo más.

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Al bajar del altísimo camión que reemplazó al micro violeta, a unos metros de distancia las luces y la música dominan la escena. “¿Qué pasa acá?”, le pregunto al playero, que me explica que hoy es la “Fiesta del Dulce de Leche”. Sin lugar para la sorpresa espero al costado de la puerta del bar. Aún con el diario en mano, un fornido hombre entra y se sienta a tomar un café. Su cara me es conocida. Me acerco, lo miro con detenimiento y confirmo las sospechas. Estoy frente al “Rey de la Carne”. El mediático Alberto Samid, reconocido empresario frigorífico, quiere cerrar el diario de viaje. A esta altura de la tarde, lo único que pido es que llegue mi hermano y, sobre todo, que no aparezca Mauro Viale (?).

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Samid y una toma digna de un paparazzi.

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La selfie de despedida.

Pedaleando hasta el Challenger de Buenos Aires

9 Nov

Beneficiados por ser vecinos de El Clú (Triunvirato 6385), sede del Challenger de Buenos Aires, nos subimos a la bicicleta y pedaleamos hasta llegar al predio del barrio de Saavedra.  El torneo que integra la segunda categoría del profesionalismo se disputa del 7 al 15 de noviembre y reparte 50.000 dólares en premios más hospitalidad para los jugadores. Como suelen enfatizar los conductores de los programas de “alto riesgo”, donde suelen hacer huevadas (?) y salir lastimados, desde EfectoTenis también recomendamos no realizar algunas de las (ilegales) maniobras que podrán ver en el veloz recorrido. No estamos orgullosos de corromper las leyes de tránsito, pero el poco sentido de la ubicación reclamaba tomar algunos atajos.

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Además del viajecito en bicicleta y la recorrida por adentro del club, el uruguayo Martín “Bebu” Cuevas, hermano de Pablo y participante de la clasificación, prueba jugar al tenis con la aventurera GoPro en su frente. Como para aseverar que estamos ante una superproducción (?), el santiagueño Marco Trungelliti se anima a demostrar que en vez de dormir la siesta en su ciudad, él hacía magia con su raqueta. Vení, subite al caño, al volante o a los pedalines que te llevamos a disfrutar del mejor tenis.

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El tenis, un deporte con poco premio

17 Sep

Casi dos décadas pasaron para que la Federación Internacional de Tenis (ITF) realice reformas en la cantidad de dinero que reparten los primeros torneos en la escala del profesionalismo, es decir, los Futures y Women’s Circuit. En un comunicado publicado en mayo de este año, la ITF, organización que regula este tipo de certámenes (también lo hace en los Grand Slam, Copa Davis y Copa Federación), informó la escalonada suba de los premios durante los próximos años. A pesar de la necesaria modificación, el debate está más que abierto. ¿Quién ayudará a los directores de los torneos que, a partir de la modificación, deberán reunir más dinero? ¿Habrá menos certámenes? ¿Los jugadores llegarán a cubrir los gastos?

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Panorámica del court central del Sport Social Club de Villa María.

En el denominado “tenis pobre”, los recursos escasean. El tenista que duerme en un auto, el jugador que alcanza la final con solo una raqueta, la adolescente que le encuerda a sus rivales, son algunos ejemplos del excepcional rebusque que existe en este tipo de eventos. A menos que seas campeón, los números no cierran por ningún lado, ni con la ayuda del matemático Adrián Paenza (?). Los gastos que deben cubrir los tenistas son mayores que la cantidad de dólares que ingresan. Y sí, en 1998, cuando comenzaron a jugarse los Futures –en simultáneo con los antiguos Satélites- , las cosas no salían lo mismo. Durante este largo período, la inflación jugó su papel. Por eso, el cambio era necesario.

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Una de las principales modificaciones ocurrirá a partir de 2017, los torneos masculinos que actualmente reparten 10.000 verdes (?) en premios pasarán a entregar 15.000.El aumento será de un 50 por ciento e intentará suplir las inversiones en: viajes, alimentación, alojamiento, encordado de raquetas, lavandería, entre otros. ¿Será posible? Probablemente no.

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El detalle de los aumentos de los premios.

“Me parece muy bien. Creo que lo tendrían que haber subido hace mucho tiempo. Hace unos meses, un amigo, que jugaba hace diez años, me contaba que los premios eran los mismos”, comenta sorprendido el argentino Juan Pablo Paz, actual 566° ATP, a EfectoTenis. Sin embargo, pensando sus argumentos en profundidad, continúa: “No sé si es tanto subir los premios, también sería bueno que, como requisito, todos los torneos tengan hotel. Eso nos ahorraría una gran parte del gasto”, comenta el promisorio tenista de 20 años.

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Paz durante una producción con EfectoTenis.

“Debería haber un límite en el precio de los hoteles oficiales, hasta 35 libras; que provean un almuerzo barato; que encordar cueste 10 libras y que incluyan el transporte desde y hasta el aeropuerto. Realmente siento que esto tendría, por lejos, un mayor impacto en los jugadores de este tipo de torneos, así ahorrarían más y se sentirían más cuidados. En este nivel todavía eres semi-profesional, entonces no creo que tus ahorros deban ser altos, pero sí que tus gastos sean menores para ayudar a que los jugadores sobrevivan”, comenta en su blog la tenista británica Naomi Cavaday, actual 375° WTA, quien también coincide con la idea de Paz: no todo pasa por aumentar los premios.

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Cavaday en Wimbledon.

La preocupación no solo radica en la supervivencia de los tenistas, sino en la continuidad de los certámenes. El aumento en la repartija de los premios exige que los directores de los torneos deban reunir una mayor cantidad de dinero. Ante esta modificación, muchos de estos eventos podrían desaparecer y así dañar aún más las aspiraciones de los deportistas.

“Es una necesidad que tienen los jugadores. Una necesidad de elevar los premios y abaratar los costos porque se está haciendo muy difícil la transición. Bienvenidos los cambios, pero habría que ver cómo se implementan. Fundamentalmente qué cantidad de torneos tenemos tanto en la región como en el mundo”, manifiesta Javier Degreef, coach de la jujeña Guadalupe Pérez Rojas.
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Degreef y Pérez Rojas durante el Women’s Circuit de Villa del Dique.

Poniendo el foco exclusivamente en el ámbito local, durante esta temporada la Asociación Argentina de Tenis llevó a cabo doce Futures y cuatro Women’s Circuit, mientras que está confirmado realizar cuatro eventos más (entre hombres y mujeres).  La idea de planificar un año tenístico en suelo argentino, donde los gastos en viajes son menores, es imposible. Aún más para las chicas. La solución es competir en el exterior, pero los gastos son altísimos.

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Tita Estable, campeona en Eslovenia.

Sin lugar a dudas, la formación a partir de los torneos desarrollados en tierras albicelestes son un trampolín hacia el próximo nivel, el de los Challengers, escalón donde sí se puede vivir de los ingresos que brinda el deporte. En 2012, Diego Schwartzman (68°ATP) ganó cinco Futures en Argentina y también el tradicional Challenger de Buenos Aires. En 2014, Nicolás Kicker, 181° ATP y participante en la última clasificación del US Open, se consagró cinco veces, mientras que este año año obtuvo tres títulos más en suelo argentino. Dos ejemplos que evidencian la importancia de estos torneos dentro del camino por el cual un tensita debe transitar. Los Futures y Women’s son el primer mojón. 5385babdd94f8_510x339 DCIM105GOPRO

Carlos Ronco, director del Future y Women’s Circuit  realizado en Sport Social Club de Villa María, única sede del país que lleva a cabo los dos torneos (hombres y mujeres) en simultáneo, coincide con la medida tomada por la ITF, pero al mismo tiempo, el futuro lo inquieta. “Vamos a tener un poco más de trabajo. Es una medida totalmente acertada. Es un nivel de jugadores que necesitan que se les preste más atención y más apoyo. Comparto la medida aunque como organizador vamos a tener más problemas para generar los recursos que hagan falta. Los jugadores de este nivel necesitan tener más ingresos para poder progresar”, le dice Ronco a EfectoTenis.

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Ronco y el momento de los pagos.

“Me parece bueno porque eso nunca se incrementó con el correr de los años. Desde que jugaba torneos, cuando tenía catorce años, los premios eran iguales. Por otro lado, los torneos, al ser de las asociaciones y la ITF no es la que pone la plata, probablemente va a ser difícil que se mantenga la misma cantidad de certámenes que hay ahora. Sé que en mujeres es muy difícil conseguir la plata para financiarlos, entonces al necesitar un cincuenta por ciento más en premios puede repercutir en la cantidad de torneos que se hagan. Creo que es un aumento que se necesitaba, pero hay que ver si con la economía argentina actual lo podemos solventar”, señala la siempre interesante Mariana Díaz Oliva, ex 42° WTA y actual entrenadora de varias jóvenes argentinas.

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En el caso de la formadora de 41 años, ella misma puso plata de su bolsillo para ayudar a dos chicas de su academia que estuvieron tres meses por Europa. “Es una oportunidad que merecen tener. Las cuatro tienen ranking WTA y son buenos proyectos en Argentina. Si no le damos una oportunidad a ellas, nunca vamos a sacar jugadoras. Al no haber tantos torneos en la región las chicas se van a ir varios meses a Europa. Es una prueba dura de cabeza: crecer y madurar”, señala Díaz Oliva, que acompañó a Victoria Gobbi , Julieta Estable, Ailén Crespo Azconzábal y Daniela Farfán en una larga travesía por Rumania, Croacia y Serbia, entre otros países.

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Las chicas de Díaz Oliva festejando el cumpleaños de Estable en Bursa, Turquía.

Cuando decidís abrir tu propio kiosquito, es inevitable invertir en el alquiler, la pintura, los caramelos y los puchos. No obstante, el depósito de dinero no será eterno. En algún momento los aires deberán cambiar y lo que pusiste empezará a volver. En el tenis ocurre algo similar. El primer nivel del profesionalismo, del cual estamos hablando, es una inversión. Una apuesta a un futuro incierto.

Según el experimentado Ronco, lleva ocho años organizando los dos torneos, “la ITF tendría que repartir un poco los ingresos y como organizadores tendríamos que vender ésto a sponsors que perduren en el tiempo y que signifique un beneficio para ellos”.  En el comunicado oficial, la ITF señala que considerará modificaciones para asegurar que naciones en desarrollo puedan continuar realizando estos certámenes. Sin embargo, no hay nada conciso, nada que explique de qué manera lo llevaran (si es que ocurre) adelante. En el caso de los organizadores, según Ronco su trabajo será atraer a los sponsors, seducirlos para que ellos “sientan que les sirve invertir en el tenis”. IMG_9551

“Argentina se ha caracterizado siempre por buscarle la salida a todo”, remarca el cordobés de Villa María en referencia al conocido rebusque argento. “El tema es que ese rebusque no sea para zafar este torneo, sino que perdure. Que al club, a la Federación y al sponsor les sirva”.

LA VISIÓN DE CHRISTIAN LINDELL

El brasileño nacionalizado sueco, un experimentado en este tipo de torneos, ofrece su parecer sobre la nueva modificación que llevará acabo la ITF a partir del año siguiente.

João Souza y el feijão

5 Mar

Algo que no puede faltar en una tradicional mesa brasileña es el arroz con feijão. Si tuviste la oportunidad de viajar a Brasil y comer en cualquier restaurant o casa de familia, el frijol es una de las comidas típicas del país sudamericano, de esas que abundan. En la serie de Copa Davis entre Argentina y Brasil –que se disputará el 6, 7 y 8 de marzo en Tecnópolis-, este manjar culinario toma relevancia. João Souza, primer singlista verchiamarelu (?), lleva el apodo de feijão, plato que de pequeño detestaba.

Foto Alexandre Cossenza
Ph: Lucas Lima

“De chiquito nunca me gustó”, le comenta Souza a EfectoTenis luego del sorteo, donde se enteró que mañana, desde las 11, abrirá la serie frente al veterano Carlos Berlocq. El oriundo de Mogi das Cruzes, misma ciudad paulista donde nació el futbolista Neymar Jr, admite que su sobrenombre surgió en el ambiente del tenis, su familia no lo llama así. “En mi ciudad no me conocen como “Feijão”. El apodo empezó en el circuito cuando tenía once años, en un torneo brasileño, cuando ya comía el frijol. De la nada, un amigo me dijo ‘puta, cómo comes feijão’. Bueno, soy grande, como mucho y había muchos frijoles”, narra con humor el corpulento tenista de 26 años, quien a los diecisiete se mudó a Río de Janeiro.

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El saludo con Berlocq. /Ph: Sergio Llamera.

“Cuando él era bien pequeño detestaba el feijão. No podía ni sentir el olor. Después no sé qué aconteció, pero ahora no puede vivir sin eso. En cualquier lugar que está pide un pote de feijão”, le decía Milton Souza, padre de João, a GloboEsporte.

SAO PAULO 21/09/2009 - ECONOMIA OE - Feijao - Arroz - Materia sobre a queda do preco do arroz e do feijao. As imagens foram feitas no restaurante Bolinha.  FOTO JONNE RORIZ/AE

En contraste con las costumbres de un brasileño corriente, el actual 75° del ranking no puede disfrutar del feijão a diario. A causa de los viajes, las posibilidades de comer unos dignos frijoles son pocas. Según Souza, en Colombia y México el sabor es similar. En cambio, en Argentina no se animó a arriesgar su paladar. “Ayer había uno pero no lo probé. Estaba frío, era raro, venía con la ensalada. No tuve coraje”, aclara.

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Junto a Thomaz Belucci, en el Tenis Club Argentino.

Justamente en la comida radica una de los grandes cambios que realizó Souza. En julio del año pasado, durante una gira por Europa que incluía Challenger y torneos ATP, el paulista hizo una significativa modificación en su alimentación. Ésta lo ayudó a bajar de peso y a disminuir la grasa que acumulaba en su cuerpo. “En aquella gira comí pasta durante tres partidos. Me hizo muy mal. Casi no pude terminar uno de los match. En el tercero llamé a mi nutricionista y ella me dijo que intentáramos hacer una nueva dieta. Cortar el gluten y la lactosa. Me hizo muy bien y bajé mucho de peso”, narra Souza quien atraviesa el mejor momento de su carrera. Uno de los colegas que sirve de antecedente a esta modificación es el serbio Novak Djokovic, quien a fines de 2010 realizó un cambio similar al de Souza. Luego, el 2011 fue su temporada dorada donde ganó diez títulos, entre ellos tres Grand Slam.Marcello Zambrana
Ph: Marcello Zambrana

A otra escala, la mudanza alimenticia trajo sus frutos. En febrero de este año, Souza alcanzó las semifinales en San Pablo y los cuartos de final en Río de Janeiro. Además, desde agosto de 2014, el brasileño entrena con el ex doblista argentino Andrés el “Gringo” Schneiter y también junto Daniel Dip. Igualmente, el feijão no se toca.

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Ph: Leandro Martins.

EL LLAMATIVO DON DE JOAO SOUZA

Algo que no cambió en Feijão fue una particular habilidad. Muchas veces, los dones con los que contamos son virtudes totalmente inútiles. Abrir la tapa metálica del dulce de leche sin que esta se rompa, el don de mover las orejas o llegar a tocarse la nariz con la lengua son algunos ejemplos. El caso de Souza es singular. El paulista tiene la capacidad de contar al instante las letras de una frase. EfectoTenis lo comprobó y da fe de aquella tremenda destreza.

Souza: – Vos me decís una frase y yo te cuento las letras en dos segundos.

EfectoTenis: – Argentina pasa a cuartos.

Souza: – 21.

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Un dominicano bien gaucho

5 Feb

(Léase en tono gauchesco)

Sin poncho,
sin boina,
sin bombacha de campo ni boleadora’
En el mar Caribe lo nombraron gaucho
Y con la raqueta se hizo macho
Este José Hernandez es trucho
pega eslai  y ejercita mucho.

FIERRO 3

(Léase en tono normal (?))

“Primero vi la calle. Vivía en una pensión que quedaba sobre José Hernández. Creo que estaba a una cuadra de Libertador”, dice el José Hernández dominicano que explica cómo descubrió la importancia que tenía esta denominación en la Argentina. Él es tenista. Tiene 24 años, ocupa el puesto 266° del ranking ATP y comparte nombre con el autor de la obra literaria más representativa del país, el “Martín Fierro”, obvio, de José Hernández. Un juego de palabras que lleva al humor pero que fue la carta de presentación en un país que lo hizo crecer como profesional. Y va la primeraaa (?)

Después de un comienzo gauchesco,
la historia se avecina.
Su nombre de pila e’ José
que acá la puso (dentro de la cancha) y no se jué.

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Habiendo una vez googleado y charlado sobre este nombre propio que coincidía con el suyo, José Hernández pudo empezar a usarlo como mecanismo para romper el hielo durante una conversación que cae en el chiste fácil. “Cada vez que les decía mi nombre era “Uh, Martín Fierro”. Sí, así es. Algunas veces digo que soy el bisnieto del famoso escritor”, le comenta entre risas Bebo a EfectoTenis.

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Sin embargo, antes de arribar a la Argentina a los 21 años -donde entrenaría en la Academia de Fabián Blengino- y descubrir la connotación de su peculiar nombre, Hernández tuvo un largo camino. Un trayecto que explica las razones de por qué estuvo durante tres semanas haciendo pretemporada junto al argentino Leonardo Olguín, en el Florida Tenis Club.

Producción de EfectoTenis. Un día en la pretemporada de José Hernández.

Luego de su etapa como junior, donde alcanzó el puesto 37° de la ITF, llegaría el verdadero cambio en su vida: entrar a la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos. A los 19 años y con una beca bajo el brazo, el nacido en Santo Domingo comenzó a estudiar economía mientras, en simultáneo, jugaba al tenis. “Te abre muchas puertas y no te quedas estancado. Te da la oportunidad de decidir qué es lo tuyo. Estás haciendo una carrera y jugando al tenis. Si me pasa algo, toco madera, estoy a un año de tener un título”. Además, la formación tenística es realmente exigente: de enero a mayo hay competencia [por equipos] todos los viernes y domingos. También, los gastos son mínimos. La universidad le brinda a los becados: ropa, raquetas, bolso, comida, alojamiento y estudio.015bbee03fef11e2b23022000a1f9ad5_7
Bebo, Roger y atrás Severin Lüthi.

“Estas invirtiendo en ti y casi sin poner dinero”, comenta Bebo que estuvo tres años en el college al que asistió Michael Jordan. “Allá se respira Jordan. Hasta hay un museo suyo. Es el ídolo de todos los deportistas. Es el Roger Federer del mundo. Y saber que él estuvo en mi universidad fue muy chulo”.
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Jordan en su habitación de la Universidad de Carolina del Norte (1983).

En cuanto a su Licenciatura en Economía, los números siempre le interesaron al dominicano. “Te ayuda a abrir la mente. Que la vida no es solo tenis. Cuando estoy en el hotel me pongo a ver las revistas de economía y la bolsa de valores. Como para matar el aburrimiento. Te distrae. No pensar tanto en tenis, tenis y tenis. También te culturiza”.

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Pensando en el conocimiento que tiene el argentino promedio sobre las universidades estadounidenses, la diversión es lo primero que ataca nuestras mentes. A través de las películas consumidas, un mundo de diversión es bosquejado en el inconsciente. Pero, ¿es verdad? Hernández, por experiencia, lo confirma. “Cuando llegué no sabía nada de eso. Lo había visto igual que ustedes, en las películas. ¿Has visto American Pie? Bueno, es exactamente lo mismo. Es una copia. Yo pensaba “esta gente está loca”. Los de American Pie llevaron una cámara a una universidad, filmaron dos horas y sacaron esa película. Es idéntico. Si te dejas llevar por eso fracasás. La joda y las distracciones son muchas”.

Su fortaleza ante estas tentaciones estaba sostenida por su responsabilidad y ambición que desde los 15 años asumió cuando debutó en la Copa Davis. “Era el único de mi equipo [del college] que jugaba Copa Davis. Siempre tuve responsabilidad con mi país. Unos años de joda no me iban a quitar esa ilusión”, aclara sin titubear.

EFE
En la Davis. (EFE)

A los 21 años, José Hernández estaba maduro. Era hora de probar en el profesionalismo. Al igual que todos los que comienzan, los Futures son el primer escalón. En Perú, durante uno de sus primeros tres torneos, Bebo fue observado atentamente por uno de los entrenadores que trabajaban para Fabián Blengino, actual coach de Carlos Berlocq y ex de Guillermo Coria, entre otros. “Pasé la clasificación y justo me tocó un jugador de la academia de ellos. Obviamente nadie me conocía. Dominicano. De la qualy. Sin ranking. Pero cuando me vieron jugar se acercaron y les expliqué mi situación”.

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“No tengo un Norte. Jugué juniors pero son dos mundos diferentes”, fueron las palabras del dominicano en aquella charla, donde finalmente fue invitado a entrenar en Buenos Aires. Él no dudó y lo hizo. Allí mismo comenzaría el amor por Argentina donde la cultura tenística es completamente diferente a la que vivía en su país caribeño.

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“Vine para acá y me encantó la ciudad. Los entrenos, como se labura. Aquí se respira tenis. Tú te metes en los colectivos y ves gente con bolsos de tenis. Ves todas las canchas que hay. El aire es diferente. Me impresionó porque nunca había estado en un país que tuviera tanto tenis. Miles de profesores que dan clases, muchos preparadores físicos muy buenos y concentrados exclusivamente en este deporte. En Estados Unidos hacía físico pero con el mismo preparador que entrenaba a los gimnastas”, narra Hernández con un tono ameno y tranquilo.fea6f4d05c0911e28abf22000a1f9bf5_7
También probó con el paracaidismo.

De la mano del tenis llegaría la absorción de la cultura argenta. Hábitos y más hábitos que lo hicieron sentir como en casa. “No me gustaba el café para nada. Aquí lo empecé a tomar. Cogí la cultura de la merienda, porque en Dominicana no existe. Es desayuno, almuerzo y cena no tan tarde como acá. En Argentina, he visto gente llegar a los restaurantes a las doce de la noche. Esa cultura del cafecito, merienda y asados, me fascina”.10932399_898108486875440_1446920086_n
Foto publicada en su cuenta de Instagram. Me agarró hambre (?).

A pesar que este José Hernández “trucho” no escribe versos gauchescos, el dominicano tiene un cuaderno muy especial. En 2009, antes de ir a la universidad, su padrastro se lo regaló. La intención del esposo de su madre era que Bebo escribiese sus objetivos durante su estadía en Estados Unidos. “Al tercer día se me agotaron y empecé a anotar cosas”. Este “librito sagrado”, como él mismo lo llama, es su Martín Fierro. Allí escribe de todo. Es un elemento que lo transporta a su esencia. “No se lo enseño a nadie [risas]. Escribo cosas que me vienen a la cabeza, artículos que me interesan, pego fotos, dibujo y hasta algunas frases de películas. Cosas que me gustan, que me sirven de inspiración para seguir adelante. Es mi librito sagrado. Mi tiempo”.

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VICTOR ESTRELLA, SU EJEMPLO

“En Dominicana el tenis está visto como un deporte elitista. Victor Estrella ha demostrado que no lo es. Es caro pero que con sacrificio y trabajo cualquier otro lo puede hacer”, comenta con admiración Hernández que habla sobre su compatriota Victor Estrella, actual 73° del ranking y el primer dominicano en ingresar al Top 100 ATP. “Victor, en su niñez, no tuvo las oportunidades que quizás tuve yo, o mucha gente que lo juega. El tipo fue recogepelotas en un club y lo mandaron allá por su temperamento. Era muy hiperactivo y le dijeron vete a recoger bolas. Él agarró una raqueta y para ganarse la vida comenzó a pelotear con los socios. Se dio cuenta que el tenis le daba dinero, y pensó “bueno, esto es lo mío”. Y ahí empezó un hambre de querer salir adelante que lo llevó a estar donde está. Al fin y al cabo, eso es lo que importa no solamente en el tenis, sino en la vida. Es el hambre que tú tienes por conseguir tus sueños, lo que aspiras”.
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Viti y Bebo.

“Lo de Victor (Estrella) es muy meritorio. Me gustan esas historias de motivación y él es alguien que tengo enfrente. No es que lo vi en una película, que me lo contaron, o lo leí en un libro. Yo lo viví. Recuerdo un día que volvíamos en el bus y él, con 33 años, viniendo de una lesión y estando 300 ATP, me decía que le faltaban 200 puntos para llegar al Top 100. Viejo, estamos hablando de 200 puntos. Yo me estoy matando por veintipico y él me decía eso. No lo dijo en un tono de “fantasma”, de sobrador. Lo dijo con seguridad. Te cuento y se me erizan los pelos. Eso es lo que uno debe tener. Las ganas, la seguridad, la confianza de que el mundo entero se te viene abajo y dices estoy aquí y voy a salir adelante”, relata Hernández con suma admiración. Su ejemplo es su compañero de Copa Davis que a los 34 años hace historia.

REVISTA EN SOCIEDAD

En los momentos de crisis, donde una gira salió mal, y aparecen los pensamientos y especulaciones sobre qué hubiese ocurrido en su vida si no hubiese elegido el camino del tenis, Viti Estrella es su ejemplo. “Hay momentos bajos del tenis en los que te pones a meditar…  Ahí es cuando pienso en lo de Victor y se me va. Se me olvida. El día que diga ya di mi máximo es cuando voy a colgar la raqueta. Por ahora tengo hambre. Sé que tengo mucho por mejorar. Mi techo está mucho más arriba”.

Caminando hacia el profesionalismo

16 Oct

“Creo que jugar Juniors les da ciertas cosas como conseguir sponsor de ropa, algunos te dan un bonus desde lo económico pero también es un arma de doble filo. Hay mucha gente que ha ganado Roland Garros o Wimbledon Junior y después no existe”, dice el argentino Marco Trungelliti, actual 330° del ranking, que con sus palabras plantea la posibilidad del fracaso en la búsqueda del profesionalismo. Continuando con la mirada analítica del tenista santiagueño de 24 años, que en ocasiones escribió interesantes textos donde se ponía en la piel del periodista, Trungelliti le dijo a EfectoTenis: “Al ser tan chico y tener cierta fama depende mucho de la forma en que hayas sido educado. Hay padres que no están preparados y se meten, entonces no termina siendo algo sano. Tampoco para los padres que de repente creen que tienen un jugador que ha tenido una buena actuación en un Grand Slam Junior y después el paso es muy grande. Pasas de jugar con chicos de tu edad, como tope de 18 años, a como tope 35. Los años de experiencia pesan, te tiran la camiseta, y son muchas cosas que de repente te encontrás. Hay otros que no están acostumbrados a perder y empieza la crisis de confianza”.

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El santiagueño Marco Trungelliti al servicio.

A pesar  que han sido varios los campeones de Grand Slam Junior y número uno de esa modalidad que han logrado triunfar en el circuito ATP, hay otros tantos que han quedado en el camino. Pensando en otro trayecto hacia el profesionalismo, jugar Futures, sin haber tenido una vasta experiencia en el mundo de los menores de 18 años, es otra posibilidad. “Particularmente prefiero la parte de jugar Futures. Te puede ir bien, te puede ir mal, pero en algún momento tenés que seguir. Mucha gente, por lo económico, prefiere jugar los Futures de acá”, completa Trungelliti que en su adolescencia jugó unos pocos torneos de la gira COSAT y como explica prefirió el camino de los Futures.02

Al otro lado del Océano Atlántico, y mediante las facilidades que otorga la tecnología, el español Sergio Troncoso, manager deportivo de varios juniors españoles, y encargado de la organización del recientemente finalizado “Nike Junior Tour” desarrollado en tierras ibéricas, ayuda a bosquejar el panorama de aquellos jóvenes talentos que experimentaron la angustia de sus frustrados intentos por llegar al profesionalismo.

Troncoso, durante cuatro años fue el manager del precoz supertalento Carlos Boluda,  un niño que a los 14 años lo llamaban “el nuevo Nadal”. Por 2006, Boluda, nacido en Alicante, tenía contrato con la firma deportiva “Nike”, mientras que también había sido el único jugador en ganar dos veces consecutivas (2006 y 2007) “Les Petits As”, uno de los torneos más tradicionales y prestigiosos del mundo junior, que reúne a los mejores jugadores de entre 12 y 14 años. Más tarde llegaría el infierno para el joven español que abrumado por lesiones y presiones se alejó de los primeros planos.
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A la izquierda Boluda, en el centro Troncoso.

EfectoTenis: Marco Trungelliti me planteó la incertidumbre sobre cuál era el mejor camino que podían tomar los Juniors en su afán por llegar al profesionalismo. Teniendo en cuenta el ejemplo de Carlos Boluda, donde luego de tantas victorias en Juniors, acostumbrarse a perder fue duro, ¿cuál crees que es el mejor camino?

Sergio Troncoso: – Bueno, creo que no hay un camino perfecto depende de cada jugador y su evolución. Los Grand Slams Juniors son un termómetro muy importante. Si ahí lo hacen bien, con la presión que tienen, es que están medianamente preparados para pasar a los profesionales. Con la cantidad de Futures que hay cada semana por todo el mundo, el nivel de estos torneos ha bajado respecto a años anteriores. El salto grande viene después, en los Challengers, donde hay una diferencia brutal respecto a los Futures. Igualmente, cada jugador es un mundo.

Respecto al caso de Carlos, fue jugando y a medida que avanzaba, llegó un momento que no evolucionó más principalmente por su físico y la cantidad de lesiones que tuvo. Dejó de ganar en el tenis.

Carlos (Boluda) fue un niño prodigio y ganar tanto no le vino nada bien, bueno, para los contratos sí. Luego, su no evolución física (mide 1,70), sus graves lesiones (muñeca, pies), sus miedos a superar toda esa presión, su entorno que tampoco ayudó mucho hizo que no evolucionara adecuadamente para su desarrollo tenístico. Todos tenemos parte de culpa en ello. Yo, el primero en no haber sabido cortar ciertas cosas desde un principio.
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Recomendable documental sobre la particular historia de Carlos Boluda.

– ¿Cómo manejás a un chico que a causa del tenis empieza a no ser feliz?

Bueno, tristemente hay muy pocos que disfrutan jugando al tenis aunque parezca una perogrullada. Hay que enseñarles a “disfrutar sufriendo”, me gusta mucho este término. Hay que enseñarles a los chicos que el tenis es un deporte de perdedores porque todas las semanas pierden todos menos uno, pero también cada semana te da una nueva chance y es más importante ser regular que cualquier otra cosa. Pienso que a los chicos hay que explicarle muy claro cómo es el tenis para que no se lleven desengaños.


Perlita de Tenis Pro: Robredo hablando del particular apellido “Boluda”.

Siguiendo con la vuelta al mundo en búsqueda de testimonios, Australia es el próximo destino de EfectoTenis que se encontró con Carlos Cuadrado, el último campeón español de Grand Slam Junior. En 2001, en el único torneo ITF que disputó, Carlos Cuadrado venció a Brian Dabul –argentino ex N°1 Junior- en la final del mítico torneo parisino. A pesar de su promisorio futuro, Cuadrado a causa de sus múltiples lesiones no pudo cumplir con las expectativas generadas por los buenos resultados. Su mejor ranking fue 222° en la temporada 2006. “No diría que fue el gran momento de mi carrera, creo que mentalmente me paso muy desapercibido. No lo disfrute como lo debería haber disfrutado, a lo mejor porque fue el único torneo ITF que jugué. Quizás porque no me lo esperaba y estaba muy ocupado jugando Futures y Challengers. La verdad que no lo sé”, responde desde Melbourne, Australia, donde se desempeña como entrenador nacional de la federación del país oceánico.
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Cuadrado levantando el trofeo de campeón de Roland Garros Junior.

“Creo que el mejor camino es algo intermedio. Definitivamente tener ranking suficiente para poder jugar los Grand Slam Junior te permite medirte con la gente de tu edad. Pero siempre jugando bastantes Futures donde compites con gente mayor, es positivo para empezar a experimentar esas sensaciones”, completa Cuadrado, retirado en 2008 y que actualmente practica como principiante surf y ciclismo, hobbies que según él no los hace bien.
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Volviendo a las latitudes a las que estamos acostumbrados, durante la presentación de los dos Challenger que se disputan en Argentina (San Juan y Córdoba), Diego Schwartzman  ofreció su visión y experiencia sobre la búsqueda del profesionalismo. “No hay alguien que diga que un camino es mejor que el otro. Yo no pude jugar prácticamente nada en Junior por un tema económico, me costó mucho. Tenía que elegir una de las dos opciones, y justo la Asociación Argentina de Tenis (AAT) empezó a hacer muchos más Futures en la Argentina. Preferí gastar la plata que tenía para poder viajar dentro del país que es menos costoso que hacerlo como Junior. Si estas fuera de los tres de Argentina no hay ayuda económica”, dice Schwartzman, actual 89° del ranking, que al igual que Trungelliti comenzaron en el último escalón del profesionalismo.

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En la cancha central del US Open y frente a Djokovic, Schwartzman tiró el famoso “Topo Gigio”.

“Te tenes que ir adaptando. Aunque seas muy bueno en Junior, tenés que adaptarte a otro tipo de torneos. Los torneos Junior son muy profesionales, son organizados casi como un ATP. Después caés en los Futures, donde la verdad que algunos tienen muchas cosas malas como los entrenamientos, las pelotas y los lugares donde se juegan. Hay que adaptarse. A todos les cuesta. A algunos dos, tres meses, a otros un año, a otros dos, pero los que son buenos se terminan adaptando a todo, ganan y pasan rápido esa etapa”, aclara el “Peque” que en 2012 ganó seis Futures y su primer torneo Challenger, en Buenos Aires.

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Por último, Daniel Orsanic, Director del área de Desarrollo de la AAT, un hombre experimentado en el mundo de los jóvenes tenistas le contó a EfectoTenis su visión: “El camino que a mí más me gusta es que los chicos aprovechen cada etapa y las vayan pasando de manera sólida, no por copiar a otro que le está yendo mejor en una etapa más arriba. Cada jugador tiene su proceso y eso hay que entenderlo. Particularmente me gusta que se puedan sentir buenos en su categoría pero siempre mirando más allá, hacia la madurez del jugador. Si tienen buenos resultados en su categoría, mejor, porque les va dando confianza, pero no es definitivo. Después, cuando tienen entre 16 y 18 años, apuntar a jugar los Grand Slam, a donde en un futuro ellos quieren volver como profesionales. Es un registro muy bueno a nivel motivacional para codearse con los mejores del mundo, estar entrenando al lado de los mejores jugadores del mundo o peloteando con ellos. Hay algunos que podrán jugar los Grand Slam Junior y otros que llegarán, si Dios quiere, cuando sean profesionales. Un camino solo no hay, hay muchos. Lo importante es que cada jugador pueda ir superando y solidificándose en cada una de sus etapas y que dé el próximo paso de manera consistente”.
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Daniel Orsanic. / Ph: Prensa AAT.