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El último argentino que pasó la qualy de Wimbledon

24 Jun

En las últimas trece ediciones de Wimbledon, sesenta y ocho tenistas argentinos pasaron por la clasificación del mítico Grand Slam londinense. Solo cuatro alcanzaron la rueda final, es decir, la entrada, el partido que determina si ingresás o no al cuadro principal. Solo uno (de sesenta y ooocho, diría Riverito (?)) logró sobreponerse al resbaladizo y traicionero césped. En 2002, Juan Pablo Guzmán marcó un precedente al atravesar la qualy del tercer Major de la temporada. Entrenar en una cancha de fútbol, jugar sin las zapatillas adecuadas y resbalarse hasta moretonearse las caderas. La historia del último clasificado albiceleste en Wimbledon.

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Previo a disputar su primer Grand Slam, donde finalmente clasificaría, Juan Pablo Guzmán había participado en el Challenger de Weiden, en Alemania, en el cual había sido eliminado rápidamente. Junto al también ex jugador Diego Veronelli, Daniel Orsanic -actual capitán del equipo argentino de Copa Davis y por aquel momento su entrenador- y unos pocos dólares emprendieron el viaje hacia la aventura verde.

“Nunca había jugado en césped, ni siquiera tenía zapatillas de pasto. Durante varios días entrenamos en una cancha de fútbol que había en el club y allí hacíamos movimientos de volea y todo lo relacionado con la movilidad. Como para no hacer papelones cuando nos toque el césped”, le dice Juan Pablo Guzmán, ex 100° del mundo en 2007, a EfectoTenis. “Llegamos el viernes (la qualy empieza el lunes) y estábamos alucinados. Todos los días previos entrenamos mil horas. Era divertido. No era una semana más, para Diego también era la primera qualy de un torneo grande”, relata Guzmán que compartía, junto a Orsanic y Veronelli, una diminuta habitación de un hotel de Earls Court, barrio londinense ubicado a cinco millas de Wimbledon. En lo financiero, la época no ayudaba. La Argentina atravesaba una de sus peores crisis económicas. El rebusque de dormir en un cuarto pequeño era algo menor comparado al sueño deportivo de jugar el torneo que siempre habían visto por televisión.

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La estación de subte de de Earls Court.

“A medida que los días pasaban nos íbamos sintiendo cada vez mejor. Para mí, desde chiquito, ver una cancha verde significaba ver fútbol y una pelota rodando. Jamás me imaginé estar jugando al tenis en la misma superficie que desde pequeño me había tenido pateando y corriendo atrás de una pelota, pero en este caso más chiquita y amarilla”, recuerda Guzmán desde Londres, en el mismísimo Wimbledon, donde actualmente está ayudando a un amigo que entrena a una tenista rusa.

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Hace apenas dos semanas terminó su vínculo de siete meses con la rumana Sorana Cirstea.

Bajo el prejuicio y la incertidumbre con la que conviven los tenistas latinoamericanos cada vez que pisan el césped, los objetivos no iban más allá de disfrutar y tal vez ganar algún partido. Además, la inexperiencia (y disminuida billetera) de Guzmán llegaba al punto de no contar con las zapatillas adecuadas para competir en la patinosa superficie, donde los porrazos son cosa de todos los días. Conseguir prestado un calzado era algo esencial para el debut.

Jurgen Melzer of Austria slips during his men's singles tennis match against Jo-Wilfried Tsonga of France at the Wimbledon Tennis Championships, in London June 23, 2014.            REUTERS/Max Rossi (BRITAIN  - Tags: SPORT TENNIS)

“Ni siquiera tenía zapatillas de césped. Se necesitan mucho, sino es imposible pararse. La única esperanza era pedir algunas prestadas a algún argentino o conocido. Diego (Veronelli) tenía. El día anterior, cuando miramos el horario, nos dimos cuenta que nos había tocado a la misma hora. Las chances eran nulas. En primera ronda me tocó con un tipo grande en ese entonces, Laurence Tieleman, creo que se llamaba, gane 9-7 en el tercero. Me caí, fácil, unas diez veces durante el partido. Los dolores después del match se duplicaron y la felicidad era enorme. Para la segunda rueda conseguí un par de zapatillas y era muy diferente. Gané jugando muy bien”, manifiesta con extrema puntillosidad el zurdo de 34 años, retirado en 2008 por una lesión en la muñeca derecha.

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Ya con zapatillas, confianza y nada que perder llegaba la tercera y última ronda. Una de las particularidades más destacadas de la clasificación de Wimbledon es que la entrada al cuadro se juega al mejor de cinco sets. Para Guzmán, por aquel entonces 294° del ranking y sin experiencia en los torneos grandes, era el primer partido que jugaba bajo esa modalidad. Sin embargo, la incertidumbre no lo paralizó. “El mayor miedo que tenía era que por primera vez en mi vida iba a jugar un partido a cinco sets y no sabía cómo podía llegar a responder si se alargaba. No sabía si empezar al 100% o un poco más tranquilo, porque la ansiedad a veces te puede jugar una mala pasada. Pero dije, ya está, empiezo con todo y después vemos qué pasa. No quería dejar pasar ni una chance”, señala el bonaerense, que finalmente venció en sets corridos al holandés Roger Wassen.

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Guzmán junto a Ormaechea, pupila durante 2013.

Como decíamos, la qualy de Wimbledon es singular. Para empezar, el torneo clasificatorio no se lleva a cabo en el emblemático All England Lawn Tennis Club, sino en el Bank of England Sports Ground, en Roehampton, a unos kilómetros de la sede oficial. Como bien apunta el blog FueBuena en esta interesante nota, la fase previa se realiza allí desde 1978.

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La incesante actividad en la qualy, una cancha al lado de la otra.

Para Guzmán, la proesa de pasar la qualy significaría ganarse el derecho de entrar al All England, al verdadero Wimbledon. En primera ronda le tocaría enfrentar a su compatriota Gastón Gaudio –por ese entonces 28° del mundo-, donde caería en sets corridos. “Cuando me tocó ir a Wimbledon, ahí sí que cambió todo, y mucho. De chico, mi sueño cuando miraba la televisión era jugar Wimbledon. Cuando llegué y observé lo que alguna vez había visto por la tele me corrió un frío hermoso por el cuerpo. Son esos momentos que te volvés a sentir el mismo niño que miraba por la tele jugar a los grandes. Todo es diferente: canchas, vestuarios, sala de jugadores. Todo lo que te puedas imaginar”.

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Los vejetes y las silletas plegables. Harmoso (?), Roehampton.

UN KARMA PARA LOS ARGENTINOS

Desde 2002 a 2014, sesenta y ocho tenistas argentinos participaron de la qualy de Wimbledon. Solo cuatro llegaron a la ronda final: Juan Pablo Guzmán (el único que entró al cuadro), Diego Veronelli, Diego Hartfield y Nicolás Todero. ¿Por qué les cuesta tanto a los argentinos?

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Seguimos con el boom (?) de las  silletas plegables y los infaltables paragüas.

En principio, por la genética tenística, el jugador argentino está acostumbrado al polvo de ladrillo, a la cancha lenta. El cambio de una superficie a otra es brusco. La pelota casi no pica, los apoyos son inestables y los sacadores potentes –una característica que no abunda entre los tenistas nacionales- sacan ventaja.  “Puede ser que no sea la superficie que más le guste a los argentinos. También, algunos aprovechan las semanas previas para jugar algunos Challengers e  intentar sumar un poco de puntos. Desde mi punto de vista habría que preparar el torneo y jugar por lo menos alguna semana antes para acostumbrar el cuerpo, la vista y el juego, porque es bastante diferente a lo que puede ser el polvo de ladrillo”, opina Guzmán desde tierras británicas.

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Nicolás Kicker, eliminado en la primera ronda la qualy, pero cumpliendo el sueño de jugar su primer Grand Slam.

En la edición 2015 de la fase previa de Wimbledon, ocho argentinos integraron el cuadro clasificatorio. Hasta ahora sobrevivieron cuatro: Horacio Zeballos, Facundo Argüello, Guido Andreozzi y Guido Pella. ¿Podrá alguno de ellos cortar la mala racha de más de trece años?

DESDE ADENTRO

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=QTAPa1Grq0o&feature=youtu.be]
Con la colaboración del entrevistado armamos este video donde podés disfrutar de los entrenamientos de Rafael Nadal y Novak Djokovic -que tira un lujazo- en Aorangi Park.

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Christo Van Rensburg: el único campeón africano en Buenos Aires

11 Abr

Hurgando en el archivo del ATP de Buenos Aires, la edición de 1995 trae una curiosidad. En aquella oportunidad, el torneo porteño tuvo a su primer y único campeón africano. Su nombre es Christo Van Rensburg, es sudafricano y ganó el dobles junto al estadounidense Vincent Spadea. Además de esta particularidad, Van Rensburg, 19° del ranking en 1988, vivió en primera persona el conflicto del Apartheid y hasta conoció a Nelson Mandela.

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“Estaba viendo qué día sacaría los boletos de avión para volar a casa. Para mí era el último torneo del año. No veía a mis padres desde abril. Había dos vuelos durante esa semana: miércoles a la noche o domingo. La programación salió y nos tocaba jugar el miércoles a la noche. Aunque fuese derrotado, no podría volver a casa. No había tiempo suficiente para tomar el vuelo de vuelta. Había solo una opción, y perder no era esa”, le dice Van Rensburg a EfectoTenis mientras relata aquel triunfo en Buenos Aires que determinaría al único campeón africano en la historia del actual Argentina Open.

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Set de cuchillos que compró en Argentina y que aún sigue usando.

“Ahora estoy descansando con todo el dinero que (Vincent) Spadea me hizo ganar en Buenos Aires, en el 95’ [risas]. También jugué dobles con mi amigo Javier Frana. Nunca perdimos un partido. Así que jugar en Argentina o con un argentino fue muy bueno para mí”, dice con humor el sudafricano de 52 años que actualmente reside en Austin, Texas, donde dirige su propia marca de indumentaria deportiva. En los últimos años de su carrera, Van Rensburg decidió pintar su encordado dibujando una “carita feliz”. Esa simple acción se convirtió en un símbolo identificativo para el sudafricano que más tarde terminaría fundando su empresa de ropa llamada “F-ACE”, en referencia a aquel particular hábito.

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En su raqueta, la carita feliz.

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También tienen una línea de ropa interior que incluye tanguitas (?).

EL APARTHEID Y MANDELA

Nelson Mandela le tiende la mano a Van Rensburg. Madiba, que por aquel entonces era presidente de Sudáfrica, saluda al equipo de Copa Davis de 1996, que hacía unos pocos años había vuelto a la competición luego de ser expulsados en 1979. Una de las últimas series del equipo sudafricano ocurrió en 1974, cuando fueron campeones pero de una manera muy controvertida. En aquella setentosa edición,  los africanos ganaron por primera y única vez el torneo, luego de haber pasado dos series sin haber jugado. Sus rivales, que se oponían a enfrentarlos por su postura ante el Apartheid (sistema de segregación racial que consistía en la división de la población en grupos raciales donde los blancos ejercían la autoridad) abandonaron y Sudáfrica  pasaba de ronda. Así lo hizo dos veces. Incluso en la primera instancia frente a Argentina. En la final, India decidió no participar y así llegó la Ensaladera.

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El equipo sudafricano de Copa Davis campeón en 1974.

Esa fue la única final de la historia de la Copa Davis que no se jugó. Lo político había metido la cola. A fines de los 70’ llegaría la expulsión de Sudáfrica de la Copa Davis, país donde a los negros no les estaba permitido votar, eran obligados a vivir en guetos, se les restringía el acceso a zonas reservadas para blancos y el contacto sexual interracial era un delito. La situación, en el ámbito deportivo, era insostenible.

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Van Rensburg y Mandela, para la mesita de luz.

Volviendo a la foto, Mandela, con las miles de ocupaciones y compromisos que tenía por aquellos momentos, entendió la importancia de la vuelta de la Copa Davis a su país. En un aeropuerto privado donde citaron a los deportistas, el líder político saludó a cada uno de los tenistas, entre ellos, a Van Rensburg, que recuerda aquel instante tan significativo. “Estábamos todos muy entusiasmados. Fue genial tener esos pocos minutos con él. A todos nos hizo sentir importantes y se tomó su tiempo para sacarse fotos con cada uno de nosotros. A nuestras esposas y amigos más cercanos  les estaba permitido presenciar el momento. Nos dio un buen discurso sobre el honor de jugar por tu país”, relata el nacido en Uitenhage, localidad ubicada a 35 kilómetros de Puerto Elizabeth.

Finalmente, en aquella serie frente a la Austria de Thomas Muster –por aquel entonces número uno del mundo-, Sudáfrica ganó y el saludo con Mandela quedó en la retina de Van Rensburg que entiende la importancia de su figura. “Acerca de lo que dice la gente sobre Mandela, él era un hombre fiel a su palabra. Fue la mejor persona para realizar el trabajo que le fue asignado. Era muy difícil hacer que la nación se una, pero él creció en el corazón de muchos sudafricanos blancos. Tampoco estaba asustado por mostrar sus emociones cuando llegó al deporte”, dice Van Rensburg en referencia a la Copa del Mundo de rugby de 1995 ganada por su país y que se convirtió en un hito en el proceso de integración que estaba ocurriendo.

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Christo, contemporáneo a Martín Jaite.

Previo a ese encuentro, en 1992, Sudáfrica sellaría su vuelta a la Copa Davis. Por su inactividad desde su última serie en 1978, los africanos, a pesar de tener grandes jugadores, empezarían desde la más baja categoría: en el grupo tres de la zona europea/africana. Van Rensburg fue el primero en volver a representar a Sudáfrica en la mítica competencia por países. El primero en jugar desde la instauración del Apartheid. El primero en jugar desde que éste dejó de estar en vigor.

“Todos en el equipo estaban bromeando con que “recuerda que si pierdes el primer punto quedarás en la historia como el primero en perder luego de volver a la Copa Davis”. Algo que sabía, era que tenía que ganar el sorteo, porque mis mayores puntos a favor eran el saque y la volea. Todo salió bien.  Lo gané. Cuando el umpire dijo “Sudáfrica al servicio” empecé a temblar de los nervios. Ése significaba el punto más importante que jamás iba a jugar. Mis amigos me miraban. Ellos estaban riendo, sabían que ganaría el partido [por la superioridad ante un inexperimentado rival], pero ese punto era muy grande, por toda la historia que tenía detrás”, recuerda Van Rensburg de aquellos partidos disputados en Túnez donde le ganaron a Camerún, Argelia, Túnez, Senegal y Congo.

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Junto a los hermanos Bryan.

“Recuerdo haber metido el saque en el centro del cuadrado. Era muy sencillo pero por los nervios me ubiqué en el medio de la cancha. Cuando miré, mi rival camerunés tenía diez opciones para pasarme. Fue el peor segundo servicio de mi vida. Wayne Ferreira [compañero de equipo y 6° ATP en 1995] me hubiese pasado con su mano izquierda y con los ojos tapados. Por alguna razón, tal vez como recompensa por haber leído siempre la Biblia y por haber rezado todas las mañanas y tardes, él erró la pelota. Definitivamente fue una ayuda de arriba. Recuerdo cruzar mirada con mi capitán, Keith Diepraam, y los dos sonreímos”.

EL APARTHEID EN SU CASA

“Habiendo sido criado en un hogar y viendo como mis padres trataban a las personas de todos los colores, nunca se me cruzó por la mente que hubiese algún tipo de segregación. Más tarde llegué a entender lo que estaba ocurriendo”, comenta Van Rensburg en relación a cómo se vivía el Apartheid en su propio hogar.

“Teníamos a una mujer negra que me cuidaba cuando mis padres estaban enseñando en la escuela. Hicimos cosas juntos. Los domingos, mi familia siempre comía una pata de cordero. Los lunes, mi madre le asaba otra pata para la mujer y el hombre negro que nos ayudaban dentro y fuera de la casa. Nunca tuve la sensación que fuesen diferentes. Los veía ayudarnos porque mis padres eran profesores y necesitaban una niñera. En mi casa no había un sentimiento de Apartheid”, agrega el sudafricano, ganador de dos títulos ATP.

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Museo del Apartheid, en Johannesburgo.

Con el paso del tiempo, su mente se fue formando y empezó a tomar conciencia de las desigualdades que ocurrían en su país. “Después, cuando fui más grande, sí me di cuenta que no era correcto dejar que las personas de color se sentaran en el fondo del colectivo y que tuvieran asientos diferentes para mirar deportes. Teniendo una gran población de gente negra, lo correcto era traer a Nelson Mandela para que nos una a todos. Leí muchas historias sobre aquellos duros tiempos para la gente de color y lo siento mucho por sus luchas”.

La historia detrás del partido más corto del Challenger Tour

19 Nov

Después de 26 minutos y 45 segundos, la derrota y el record ya eran un hecho. En el anonimato que significa jugar la primera ronda de la clasificación del Challenger de Bratislava, en Eslovaquia, dos locales se convertirían en recordistas del Challenger Tour. El 6-0/6-0 que Martin Blasko le proporcionó a Lukas Jelenik sería el partido más corto en la historia del segundo escalón del profesionalismo. EfectoTenis pudo corroborar el dato según las estadísticas proporcionadas por el enciclopédico periodista argentino Eduardo Puppo, en contacto con la ATP. Hurgando en el archivo, el despacho más veloz de la historia fue en 2001, en Shanghai. El verdugo fue el español Francisco Clavet  que le regaló una “bicicleta” (N. de Ref: en la jerga tenística se lo llama al doble 6-0) al chino Shan Jiang que apenas duró 25 minutos en cancha.
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El saludo post partido.

Desde aquel fugaz partido (disputado el sábado 1° de noviembre de este año) donde Martin Blasko ganó 48 puntos sobre el cemento eslovaco. Del otro lado de la red, Lukas Jelenik, de 28 años, apenas ganó doce tantos, ocho con su servicio y cuatro devolviendo el segundo saque de Blasko. Sin embargo, lejos de parecerle una deshonra, Jelenik cumplió uno de sus sueños como tenista amateur, jugar por primera vez un Challenger, y en el Court Central de su ciudad.
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Jelenik y su derecha.

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Viernes 31 de octubre. 19 horas. La firma de los jugadores que jugarán la clasificación del Slovak Open, torneo que reparte €85.000 en premios, es hasta las 21 horas. Lukas Jelenik no tiene nada que perder. Llega puntual, como quien no quiere perderse la oportunidad de su vida y por las dudas asiste temprano, y firma. Tendrá que esperar hasta las 22, cuando el cuadro ya esté armado. Ahí, después de tres horas, sabrá si jugará o no su tercer torneo profesional, anteriormente participó en dos Futures. En su interior, él siente que no lo jugará, pero uno nunca sabe. Lukas Jelenik mantiene la esperanza.
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“A las diez de la noche volví al club a ver si de casualidad había entrado. Sorprendentemente vi mi nombre en el cuadro (de la clasificación) y también vi que jugaría en el Court Central. La emoción fue muy grande. El tenis es mi pasión”, le cuenta Jelenik a EfectoTenis.  “No me dieron un wild card (WC). No entiendo por qué estaba escrito al costado de mi nombre”, intenta explicar, desde Bratislava. Él desconoce las reglas. Dice que no le dieron una invitación para jugar el torneo. Sin embargo es la única vía “legal” para que alguien sin ranking ATP (de singles o dobles) pueda competir en la clasificación de un torneo del Challenger Tour.  Ante la falta de jugadores con ranking, la organización lo incluyó en el cuadro, mediante un WC. “Tengo un ranking nacional en Eslovaquia, esta temporada estuve 61°. La firma para el Challenger de Bratislava fue el viernes, entre las 19 y las 21. Llegué a las 19 y probé suerte”, escribe en inglés este tenista amateur que tiene una historia de vida aún más interesante que su record de ser el “perdedor más veloz”.
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El detalle del partido y el cuadro.

Desde que tuvo un año y hasta los seis de vida, Jelenik vivió en Mozambique, país ubicado en el sureste de África. Su padre, un diplomático, de esos que van girando (lease shirando (¿)) por el mundo y llevan a su familia como equipaje, se dedicó a viajar durante la infancia de Lukas que en Maputo, capital de Mozambique, empuñó un a raqueta por primera vez. “Empecé a jugar a los cuatro años donde vivía junto a mis padres. A esa edad, el tenis solo era para divertirme. La vida en Mozambique fue linda, interesante. Después, también viví en Portugal. Allá jugué seriamente para el Club Benfica. Mi entrenador era el ex coach de Marcelo Ríos, del cual no recuerdo el nombre”, relata Jelenik que sacó rédito a su nómade niñez aprendiendo inglés, portugués –se habla en Portugal y Mozambique, ex colonia portuguesa- y hasta español, obviamente incluyendo el eslovaco.

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Jelenik y sus primeros años en África.

Además del tenis, actividad que practica una o dos veces a la semana, Jelenik  trabaja en una reaseguradora suiza. Debido a su fanatismo por la Liga Portuguesa comentó tres partidos del fútbol luso para el canal “Slovak Sport”; mientras que hace siete años que escribe –según él, como hobby- para un diario deportivo eslovaco.  “Soy un gran fan del Benfica. Jugué al tenis para ellos y vivía a tan solo 500 metros de su estadio. Obviamente me gustan mucho los jugadores argentinos como: Enzo Pérez, (Eduardo) Salvio, Ezequiel Garay y (Ángel) Di María que desafortunadamente se fue”, manifiesta con lamento este moza-portu-eslovaco (?), un auténtico trotamundos.

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Hace unos años, junto a Eusébio, gloria del fútbol portugués fallecido en 2014.

”A los 28 años y teniendo un trabajo, el tenis es mi hobby. Lo que es gracioso es que ahora que es un hobby logré los mejores resultados de mi carrera”, comenta con orgullo. Volviendo al particular match que tomó nuestra atención, el eslovaco dice: “En la primera ronda me sentí bien. Sabía que no tenía nada que perder. Fue una experiencia inolvidable, y aunque no pude ganar un game, tampoco puedo ser comparado con esos jugadores que entrenan todos los días mientras que yo juego solo una o dos veces a la semana”. También agrega que fue interesante tener ballboys, umpire y jugar en la cancha central, aspectos a los que un tenista amateur no está acostumbrado.

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Dos glorias eslovacas (?): Jelenik y el Topo Dominik Hrbaty.

En un ámbito distendido, teniendo en cuenta un chat que entró en confianza, Jelenik habla sobre su saque, su gran arma dentro del amplio (¿) abanico de golpes que dispone: “Realmente quedé impresionado con mi saque. Mis amigos me conocen como “el que saca fuerte”. Lamentablemente tuve un bajo porcentaje con mi primer servicio (44%), sino tal vez hubiese podido ganar un game”.
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Un saque a 201 km/h.

Lejos de apichonarse con la abultada derrota, Jelenik comenta que el próximo año jugará más torneos profesionales y también analiza, con humor, la particular plusmarca que deberá cargar en sus hombros. ”Sé que mi partido fue el más corto, je. Bueno, alguien tiene que tener un record negativo, jaja. Lo tomo de manera divertida”.

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El colado de la qualy de San Juan

12 Oct

Mientras en la clasificación del Challenger de San Juan los jóvenes tenistas argentinos pujan por un lugar en el cuadro principal, un tenista que se retiró del profesionalismo hace tres años recupera la adrenalina que hacía rato no experimentaba. Con 33 años, y siendo profesor del Club Banco Hispano, sede del torneo, disfruta como sus amigos lo alientan desde las gradas. En la qualy del certamen cuyano hay un colado y se llama Guillermo Carry.

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En la cancha central del club sanjuanino donde se lleva a cabo el primero de los dos Challenger en suelo argentino –el próximo será la siguiente semana en Córdoba-, el zurdo Guillermo Carry completa su victoria en la primera ronda de la clasificación al vencer por 6-1 6-3 a Ignacio Dagostino Herrera. “La verdad decidí ayer el hecho de jugar. Pensé que no iba a poder porque iba a completarse la qualy (fase previa que otorga cuatro lugares para el cuadro principal). Pero firmaron 25. Lamentablemente no pude entrenar nada, juego con lo que me queda. Se hace difícil. Doy clases todos los días y no entreno nunca. Por ende, jugar a un ritmo tan alto es muy difícil, pero ponemos corazón“, le dice Carry a EfectoTenis que con su alto ranking, 1727°, y al sobrar espacios pudo anotarse en el cuadro de la fase previa por tener un punto en el ranking de singles (también puede ser de dobles), condición que impone el reglamento ATP. Para encontrar su anterior triunfo como profesional debemos remontaros a octubre de 2013 cuando en un Future en Bolivia se mandó a jugar y ganó un partido.

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La entrada al Club Banco Hispano donde se disputa el Challenger de San Juan.

Carry, que en 2005 alcanzó su posición más alta en el ranking ATP, 429°, tuvo algunas apariciones esporádicas desde su retiro. En 2012 jugó tres torneos, en 2013 también tres y durante este año en La Rioja, en donde acompañaba como coach al juvenil sanjuanino Facundo Alvo. Fuera de estos eventuales placeres, sus actividades una vez “jubilado” del tenis fueron como entrenador en Tailandia, Italia, Buenos aires y finalmente en San Juan donde encontró la tranquilidad que buscaba. “Si lo pensaba demasiado no me venía”, aclara con humor “Guille” que el año pasado, junto a Andrés Molteni, ganó el dobles del Challenger de San Juan.

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En Tailandia en dos particulares taxis.

En su etapa como tenista, Guillermo Carry fue un jugador de Futures, algunos Challengers e interclubes europeos, donde lograba solventar económicamente su carrera. “Jugar interclubes no es ningún pecado. Muchos de los jugadores buenos, me refiero a los Top 100, juegan interclubes. Jugué 11 años y la verdad he conocido muchísima gente. Es una buena forma de ganar dinero para aquellos que no están con un ranking elevado”, manifiesta Carry sobre aquella etapa de financiamiento donde jugó en Italia.

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En el club italiano Cannotieri Padova, donde jugaba interclubes.

“Cansado, agitado, pero genial”, es la descripción que da Carry sobre su particular partido, donde muchos de sus amigos le hacían el aguante desde las tribunas montadas especialmente para el evento que reparte 50.000 dólares en premios. “Estar otra vez dentro de una cancha es hermoso, hay veces que extraño mucho competir. Además, en San Juan, es aún más lindo. Tengo un grupo muy grande de amigos que vienen a verme y eso lo hace aún más especial. Corro hasta si estoy sin poder respirar. Es una sensación muy linda”, comenta Carry, a la distancia, y deja al descubierto lo que a muchos tenistas retirados les ocurre: la ausencia de esa adrenalina que el tenis solo les puede dar. “La verdad que la sensación de estar dentro de una cancha es única. La adrenalina que te corre por el cuerpo no se explica. Ni siquiera siendo coach se reemplaza. Es unicooo”, cierra Carry con muchas “os” y con aún más ganas de seguir compitiendo como en los viejos tiempos, por lo menos, por un ratito.

 

UN CUADRO CON MUCHOS ESPACIOS LIBRES

Teniendo en cuenta la escasez de torneos Challenger en Argentina, en 2014 son dos, llama la atención los pocos jugadores que se anotaron a la fase previa que entrega cuatro lugares para el cuadro principal. “Que la qualy no se haya llenado da que pensar. Igual hay anotados diez tenistas más que el año pasado, eso ya es un avance”, aclara Carry.

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La desertificación de la clasificación de un torneo tan importante a nivel local tiene que ver con la falta de planificación de los jugadores. También es extraño que la Asociación Argentina de Tenis no aproveche este tipo de certámenes para incluir a jóvenes tenistas en formación que puedan adquirir un tipo de fogueo que, por realidad económica, no abunda en el país. “Tenemos mucha materia prima pero también influye la situación económica del país donde los chicos que vienen a la qualy no cobran un centavo y tienen costos elevados entre viaje, hotel y coach. Reconozco, también, que San Juan queda un poco alejado de Buenos Aires y los costos para llegar no son bajos”, cierra Guillermo, un beneficiado durante este asunto.

Relato de un pelotazo en los…

13 Sep

“Por favor que venga el trainer. Se me rompió un huevo”. Así de crudas y directas eran las palabras de Matías Descotte que durante una de las semifinales del torneo de dobles del Future de Villa del Dique recibió un pelotazo ahí abajo, donde duele, y mucho. Desde el pueblo que conforma una pequeña porción del Valle de Calamuchita, “el pelotazo a Descotte” fue una particularidad muy comentada. De esas cosas que solo ocurren acá, en los torneos de cabotaje que siempre entregan historias, algunas de las más curiosas.IMG_6274
Descotte luego del pelotazo.

Matías Descotte (955°) se revuelca en el polvo de ladrillo villadiquense. Queda empanado en rojo. Poco le importa. Los gritos, fuertes en serio, acompañan la imagen del hombre que rueda y se agarra la entrepierna con una mano y la cabeza con la otra. Su compañero de dobles, el brasileño Gustavo Guerses, se acerca a asistir al dolorido Descotte, pero también deja escapar una risita imposible de contener. Gabriel Hidalgo, quien sin intención fue el autor del fuerte derechazo que golpeó a Descotte mientras éste intentaba volear, cruza la red y se acerca a ver cómo anda todo. Sin embargo, una risita también se le puede vislumbrar en su rostro. Federico Coria, pareja de dobles de Hidalgo y rival de Guerses y Descotte, se ríe, se agarra la cabeza, no puede creer lo que está pasando.
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Coria e Hidalgo observan la situación.

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El brasileño Gustavo Guerses, dupla de Descotte.

La razón de la risa no es para nada mala fe de los tenistas, sino que la situación escapa de lo común y empieza a tocar los parámetros de lo bizarro. Son muchos los gritos de Descotte que parece exagerar un poco el asunto testicular. Además, el historial del tenista argentino de 20 años tiene algunas otras actuaciones que alimentaron la desconfianza de sus colegas.

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El jueves, durante los cuartos de final de dobles, Descotte estaba preparado para volear cerca de la red cuando una pelota se le abalanzó. Él, por esquivarla, realizó un movimiento extraño, poco ortodoxo, que desencadenaría en un fuerte grito donde explicaba su dificultad para respirar. En el mismo partido, luego de pegar un drive, el marco de su raqueta  golpeó su ojo izquierdo. Por este problema, que desde afuera no parecía demasiado grave, Descotte demoró casi tres minutos entre queja y recuperación. Estos hechos ocurridos el día previo al “famoso pelotazo” acompañan la hipótesis de la “exageración”.

Entre gritos y algunas risas, el supervisor del torneo ya está en cancha y llama al trainer que (justo) está en el baño. Al poco tiempo, el médico aparece y asiste a Descotte. Lo hace ahí mismo, donde cayó, en el polvo de ladrillo. Flexiones y flexiones acompañadas de gritos y más gritos. “Mientras que no le haya pasado nada malo al testículo”, le dice Descotte al trainer una vez que termina de asistirlo. “Sentí un dolor profundo que no me dejaba caminar. Me tiré al piso y no daba más. Después me empezó a doler la panza y trate de elongar un poco y seguir jugando porque estaba con mi compañero. Me la tenía que bancar”, le cuenta Descotte a EfectoTenis luego de la derrota por 3-6/7-6/6-10.IMG_6281
El trainer mendocino Germán Serrano Baccarelli asistiendo a Descotte.

Como para rematar la curiosidad, una disputa resurge como producto del certero pelotazo. En la cancha contigua al Court Central del predio OSPACA, donde se lleva a cabo el partido de Descotte, compiten Luciano Doria y Maximiliano Estévez decidiendo quién será el último clasificado a las semifinales del singles. En un partido muy peleado, Estévez gana 6-3 6-5 y recibe 15-30. La aparición poco oportuna de una pelotita proveniente de la cancha de al lado, es decir, la de Descotte, determina que se debe volver a jugar el punto. “Let, se repite el punto”, exclama el umpire y Estévez estalla de ira reclamándole a Descotte no haber agarrado la bola. En la repetición del mismo, Doria mete un ace. Estévez, muy embroncado le tira un fuerte pelotazo a Descotte que por poco logra esquivarlo.IMG_6266
Estévez, caliente, observando la situación.

Algunos minutos más tarde, durante el incidente testicular, Estévez y Doria juegan el tiebreak. En el momento de los gritos de dolor de Descotte, Estévez le pide que no grite tanto. Después del partido, Descotte tuvo su descargo y se lo contó a EfectoTenis: “En el peloteo del dobles, Hidalgo enganchó una derecha y se fue a la cancha de al lado. Estévez decía que la corra pero yo no llegué a la bola y se enojó por eso. Dice que no la corrí, pero no llegué. Después, Estévez perdió el punto y me tiró un pelotazo. Cuando estaba en el piso me decía <¿Qué te pasa? Te pegaron en los huevos, si no tenés huevos>”.  Descotte, tal vez olvide el partido pero no aquel pelotazo en los…IMG_6269

Un fan francés suelto por Buenos Aires

27 Feb

Además del contingente familiar que acompañaba a Fognini durante la Copa Claro, un fan muy particular siguió desde muy lejos a su ídolo. Fabien Johnson, joven veiteañero con algunos problemas motrices, viajó desde Niza hasta Buenos Aires solo para disfrutar del vistoso tenis del italiano. Una de esas historias que retratan el mundo de los groupies del tenis. Con ustedes el excéntrico Fabien.
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Empuñando la raqueta de su ídolo. Foto: Grommet Tenis

A pesar de vivir en Hyères, una pequeña y pintoresca ciudad que conforma la Costa Azul donde la moda seguramente sea algo destacado, Fabien parece prestarle muy poca atención a la pilcha. De abajo hacia arriba: tradicionales zapatillas Converse (sí, las botitas), medias tubo, a rayas, que se asoman y le dan un parecido a un boy scout. Su bermuda beige -bien cortita y probablemente de bambula- y su morral cruzado al pecho aumentan las sospechas de que sea un destacado niño explorador. Su remera negra y gorra completan la vestimenta un tanto infantil. Pero lo más llamativo no es su  outfit (?)  sino lo que lleva en su mano derecha: la raqueta de Fabio Fognini que el mismísimo italiano le regaló al terminar su partido de octavos de final del ATP porteño.

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¿Francesas o argentinas, Fabi?

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La comunicación con Fabien Johnson, o Fabien Argentina en feibu (?), no es de lo más fácil. Se probó con ingles y español. Ninguna era eficiente. Finalmente, el intercambio se basaría en palabras aisladas en “español” y numerosas señas, obviamente. “Buenos Aires. Vacaciones”, intenta explicar mientras mueve su mano y en consecuencia también sacude su nueva raqueta. “Conozco a Fabio y a su familia porque vivo cerca de Niza, en Francia, y hablo con ellos porque los he encontrado allí. Ahora son amigos”, dice con fluidez, como si la sorpresa de tener un grabador pegado a sus labios ya hubiese pasado.

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El serbio Nole Djokovic junto a Fabien.
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Junto al último campeón del Australian Open, el suizo Stan Wawrinka.

Mientras la charla continúa, pausada y bien modulada, EfectoTenis va entendiendo los pormenores de la relación entre el clan Fognini y el solitario fan francés. Durante el ATP 250 de Niza, ciudad aledaña al pueblo donde vive Fabien, este joven estudiante de Ciencias Económicas en la Université de Toulon aprovechó la pequeñez del torneo y “hablé facilmente con los jugadores”. En una de estas charlas, en las cuales seguramente Fabien mangueó algún que otro autógrafo o foto, conoció a los Fognini y comenzó una relación amistosa. Dentro de la famiglia Fognini, Fabien no es el primer fan/groupie que los acompaña en algunos torneos. Edmondo Viscardi, conocido como Eddy, es un multimillonario italiano que escolta a varios tenistas de su país durante algunas giras. Eddy ya es íntimo dentro de los italianos y hasta es acreditado en la mayoría de los certámenes.

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Eddy, todo un sex symbol.

Retomando el caso de Fabien, hay un gesto que muestra la gratitud del 14° del ranking mundial. Al finalizar la conferencia de prensa post final, -donde el nacido en San Remo perdió frente a David Ferrer- Fabien lo esperaba fuera de la sala de prensa. Al salir, Fognini no eludió a su fan. Por lo contrario se quedó parlando y agradeciéndole por haberlo alentado durante la semana del torneo. Antes de ir a la zona de jugadores, donde Fabien no tenía acceso, Fabio le ofreció tickets para el torneo de Río de Janeiro, que se disputaba la semana siguiente al de Buenos Aires. Un buen gesto hacia un fan que cruzó el Atlántico para perseguir a su tenista preferido.
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Posando con el trofeo de Fogna.