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El regreso fue arriba de un camión

16 Nov

La espera en la ostentosa (?) terminal de ómnibus de la ciudad de Azul no es habitual. El micro de la empresa Plusmar  (obviamente no es PNT) debería haber llegado hace diez minutos. La impuntualidad, una recurrente cualidad en los argentinos, llamativamente no es un hábito en los micros de larga distancia. Impaciente, me dirijo a la oficina de la compañía que tenía que recorrer 300 kilómetros para llevarme de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires, luego de cubrir la 19° etapa del Tour Profesional de la Asociación Argentina de Tenis celebrado en el Club de Remo de Azul.

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– Disculpame, ¿sabés qué pasó con el Plusmar de las 15:20 que va a Retiro?
– Hoy no sale ningún Plusmar – responde el cincuentón hombre desde atrás de la ventanilla.
– Mirá, te muestro el ticket.
– Ah, sí, te lo imprimieron mal. El tuyo se fue hace diez minutos. Era el violeta, el Jet Mar. Se equivocó la empresa de interné, pibe.
– ¿Y cómo lo podemos solucionar?
– No es nuestra responsabilidad.

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La Catedral de Azul.

Haciendo malabares al cargar una mochila, un bolso donde está mi ropa, un diario La Nación que lucía la trágica tapa de los atentados en Francia y una botella de agua recalentada, me acerco a otra ventanilla. Allí me explican que, en estos casos, la única forma de alcanzar al bendito micro violeta es tomarse un remis hasta el peaje de Parish, pueblito ubicado a 40 kilómetros de Azul. Ellos, haciéndome una gauchada y nunca asumiendo el error, llamarían a la oficina del peaje para que le comuniquen al chofer del ómnibus que un pasajero estaba en camino y que lo esperaran diez minutos.

“Dale, pibe, metele que no llegás”, fue el amistoso y motivador consejo del azuleño. A metros de distancia, un destartalado y abollado Renault 12 plateado me esperaba. Ofuscado por el pensamiento lateral de por qué La Nación hace su periódico tan grande, le explico la situación al remisero. Sentado en una silla que dejaba ver los pedazos de goma espuma amarilla, el canoso hombre argumentaba que a más de 90 kilómetros por hora no podía ir.  Puteo, pero vislumbro la llegada de un modernoso Volkswagen y no dudo un segundo en romper el acuerdo con el dueño del obsoleto auto.

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A 130 kilómetros por hora, la denominada Ruta Nacional (de la muerte) N°3 es el lugar propicio para entablar una amistad con Pucho. El intrépido remisero tiene 73 años. Durante 36 trabajó como camionero. A los 55, cuando se jubiló, decidió comprarse un remo, como él llama a su herramienta de trabajo, para acompañar el ingreso de su jubilación. La ruta es su terreno y lo conoce a la perfección. Escondiendo su mirada detrás de unos oscuros anteojos de sol, Pucho escucha con atención mi historia y también cuenta la suya. Pasaron veinte minutos y después de una curva cerrada veremos el peaje y al bendito micro violeta. Yo no lo encuentro. Pucho tampoco. El ómnibus no está. Jamás esperó.

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Con el auto aún en movimiento apoyo mi pie derecho en el caluroso asfalto. La rueda trasera derecha del remo de Pucho sigue girando e impacta en mi tobillo. Por suerte se detiene y no lo aplasta. Algo preocupado, pero con la aspiración de alcanzar el micro, cruzo la ruta y camino al trotecito hasta la oficina. Explico la situación. Un empleado que lucía un chaleco amarillo me comunica que ellos le avisaron, pero el chofer no esperó. “Capaz nos dijeron mal el número de coche”, explica. Decidido a aclarar los tantos, Pucho baja de su Volkwagen. El empleado, fluorescente por su vestimenta, lo reconoce y ambos se abrazan. Son vecinos. Viven a la vuelta.

– Pucho, ¿sabés qué podemos hacer? Llamo a la policía caminera de Cacharí y le digo que frenen a este micro violeta y que te esperen – explica el del peaje señalándome, mientras llama al puesto de control montado a 18 kilómetros de distancia.
– Gracias, querido. Vamos, pibe. Subí adelante – me dice con tono de abuelo que le da una nueva libertad al nieto.

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A toda máquina seguimos abriendo camino. Sobrepasamos varios camiones y autos hasta que llegamos a otra curva que decidirá mi suerte, si es que, a esa altura, podemos aseverar la existencia de la misma. Un frondoso bosque impide ver al puesto de control de la pequeña localidad bonaerense. Al pasar el conjunto de árboles no evidenciamos ningún rastro de un ómnibus violeta. El micro no está y, a esa altura de la tarde, ya no sé qué hacer.

Pucho toma el mando de la situación. Me indica que espere en el auto. Él baja a charlar con los uniformados (?). Unos pocos minutos después vuelve y me explica mis dos posibilidades. Una es volver a Azul y tomarme el próximo micro que pasa a las ocho de la noche y es el denominado “lechero”, es decir, aquel que se detiene en todos los pueblos a subir y bajar pasajeros. La otra opción es que los policías me consigan un alma caritativa que me acerque a destino. Mientras evalúo la alternativa de subir al auto o camión de un desconocido, por el rabillo del ojo observo que los policías ya estaban deteniendo el tránsito.

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En el puesto de control de Cacharí.

“Vos ya sabés donde encontrarme. Estoy todos los días en la terminal. Cuando vuelvas a cubrir un torneo de tenis nos comemos un asado”, me dice Pucho y nos abrazamos brevemente. Con el bolso, la mochila, el diario La Nación y el agüita en mano espero al costado de la ruta. Después de tres negativas, el cuarto camión frena en la banquina. Al trotecito me pongo a la par, saludo desde lejos a los caritativos “canas” y abro la puerta del enorme Ford Cargo blanco. A Capital Federal volveremos a dedo.

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La espera en el remis.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………- Soy Hernán y ¿vos?
– Julián, ¿cómo va? Gracias por llevarme, viejo.

Hernán tiene 30 años y es de Moreno, localidad del oeste bonaerense. Después de unos minutos de charla, me doy cuenta lo prejuicioso que he sido con el rubro de los camioneros a los que erróneamente había imaginado y catalogado. Hernán, que mensualmente hace 17.000 kilómetros y trabaja dieciséis horas por día, no se come las eses, no putea, su vocabulario es amplio y, por lo que enamoradamente cuenta, no engaña a su mujer. La conversación fluye. Durante las tres horas de viaje recorreremos los detalles de su mundo: desconocido e impensado para mí.

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Hernán y una tarde soleada.

El modernoso camión que en once meses de vida caminó 164.000 kilómetros, todos los días realiza el mismo recorrido en el cual lleva 30.0000 kilos de piedra.  De Moreno a Olavarría. 700 kilómetros diarios para ir a buscar piedra a la principal cantera de la ciudad situada en el centro de la Provincia de Buenos Aires. La rutina podría volver loco a cualquiera, pero a él, su trabajo le encanta. “Te tiene que gustar, sino fuiste. Son dieciséis horas viajando por día. Arriba del camión no tenés vida, pero para mí, la vida es esto”, me cuenta mientras maneja y ceba unos mates dulces. “Me gustan los fierros, la calle y ésto es la calle… Ni en pedo podría estar en una oficina. De hecho, muchas veces no vuelvo a casa por tres días”, explica Hernán.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nK56lqASKtA&feature=youtu.be]

Desde los quince años que está arriba de un camión. Primero fue ayudante de su primo, después empezó a hacer algunos viajes como chofer. En el 2003 se compró su primer truck, un rastrojero que no tenía ni motor, pero que, dándose un poco de maña, lo pudo arreglar. A partir de ahí siempre fue progresando e invirtiendo en un mejor vehículo. Desde enero, cuando financió el Ford Cargo, él  es su propio jefe. Eso lo hace feliz.

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En nuestro trayecto, Hernán analiza su vida conmigo, como si fuese su psicólogo. Por mi parte aprovecho a hacer lo mismo. Ambos sacamos conclusiones, hasta que un camión nos pasa a toda velocidad por el carril contrario y por poco no choca con otro que venía de frente (está filmado en el video). “Esto pasa tres veces por día”, dice y me explica por qué la Ruta Nacional N°3 es denominada la “ruta de la muerte”.

La mayoría de los pesados vehículos que transitan la autovía cargan miles de kilos de piedra o cemento. Muchos de los choferes, por hacer unos “mangos” más, se exceden de los 45.000 kilos que cada camión tiene permitido. El sobrepeso erosiona la uniformidad del asfalto, lo que genera desniveles, un potencial causante de accidentes. Además, para no dañar “la máquina”, los choferes van más despacio  y, de esa forma, es imposible para los autos pasar los incontables camiones que se acumulan. En el afán por conseguirlo, los cálculos en las distancias fallan.

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Dejando atrás todas las (muchas irreproducibles) anécdotas, el atardecer sirve de despedida. Llegamos a la rotonda de Cañuelas, donde mi hermano me pasará a buscar por una estación de servicio. El saludo promete un nuevo encuentro. Sin embargo, a la historia le queda un breve capítulo más.

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Al bajar del altísimo camión que reemplazó al micro violeta, a unos metros de distancia las luces y la música dominan la escena. “¿Qué pasa acá?”, le pregunto al playero, que me explica que hoy es la “Fiesta del Dulce de Leche”. Sin lugar para la sorpresa espero al costado de la puerta del bar. Aún con el diario en mano, un fornido hombre entra y se sienta a tomar un café. Su cara me es conocida. Me acerco, lo miro con detenimiento y confirmo las sospechas. Estoy frente al “Rey de la Carne”. El mediático Alberto Samid, reconocido empresario frigorífico, quiere cerrar el diario de viaje. A esta altura de la tarde, lo único que pido es que llegue mi hermano y, sobre todo, que no aparezca Mauro Viale (?).

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Samid y una toma digna de un paparazzi.

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La selfie de despedida.

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De campamento en San Carlos Centro

24 Sep

Cuando la tarde cae en el Club Central de San Carlos Centro, éste parece un campamento femenino. En el quincho que da a las tres canchas de polvo de ladrillo donde se disputa un Women’s Circuit que reparte 10.000 dólares en premios, muchas de las tenistas andan con el pelo húmedo, en ojotas y con el aspecto de ser un grupo que fue de excursión a una alejada localidad del interior del país. Algunas de las chicas que participan en el certamen santafesino duermen en las habitaciones que el club les brinda gratuitamente. En total son tres dormis y cada uno está repleto de camas cuchetas, ocupadas por aquellas que aprovechan para ahorrar unos pesos en alojamiento. Como siempre decimos, en el primer escalón del profesionalismo el denominador común es el famoso rebusque.

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En la pequeña grada de la cancha tres, una taiwanesa, una brasileña y una argentina intentan tener una conversación. El objetivo de la misma es sacarse una autofoto. Ninguna de las tres entiende nada, en especial la jovencita Pei-Ju Chien, que a los 16 años solo logró aprender unas pocas malas palabras en español. “¿Nos sacamos una selfie?”, le dice la local Florencia Páez. “¿What?”, responde la oriental sin entender una palabra. La argentina le muestra su celular y sin preguntarle se sacan una foto. “¿Snapchat, tenés?”. Otra vez no hay respuesta por falta de entendimiento. “¿Instagram?”, insiste. La brasileña le explica en portugués a Pei-Ju. Ella finalmente entiende ese idioma porque entrena en Porto Alegre. “Sí, Instagram”, responde y saca su enorme teléfono celular. Las tres duermen en las cuchetas del Club Central, y esto es parte de la convivencia diaria.

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“A veces es bueno poder compartir con más chicas, ya que este deporte es muy solitario. Igualmente yo hablaba más que nada con Chechi (Cecilia Costa Melgar, tenista chilena eliminada en primera ronda), quien también duerme acá. Se hace entretenido en la tardes, es bueno para escuchar música. Después, la cena es compartida con otras chicas. Es una convivencia súper agradable”, le dice la chilena Daniela Seguel a EfectoTenis.

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La derecha de Seguel. / Ph: Hans Ruhle.

“Nos tratan igual”, manifiesta Ornella Garavani, de 16 años, la argentina más joven del cuadro principal. Las profesionales no hacen diferencias en el quincho del club. Las desigualdades se ven dentro de la cancha, donde las “veteranas” despliegan todas sus artimañas. “Cuando una viene a jugar con estas chicas, que son profesionales y que tienen más experiencia, durante los puntos más importantes ellas no regalan nada. En cambio, los Juniors tenemos más baches, donde regalamos más y ahí es donde hay que estar atentos”, indica la campanense, 98° del ranking ITF, que pasó la clasificación y ganó un partido en el main draw.

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Garavani al saque.

Para Seguel, actual 544° del ranking WTA, el ahorro no solo es en el hospedaje. Desde hace cuatro temporadas, la santiagueña de 22 años encuerda sus raquetas con su máquina portátil. También, a las tenistas que se lo pidan, les brinda su servicio que obviamente sale más barato que el oficial.

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Una de las experimentadas tenistas con las que podría haberse topado Garavani o mismo la comunicativa (?) Pei-Ju, es Daniela Seguel, semifinalista del torneo. En abril del año pasado, la transandina alcanzó su mejor posición en el listado WTA: el puesto 257. Para ella, que entrenó durante tres años en Bélgica, en la Academia  de la ex número uno del mundo Justin Henin, San Carlos Centro es un mojón para volver a los primeros planos. “Los pueblitos así me encantan. San Carlos es un lugar súper tranquilo donde todo está muy cerca. Quizás es muy diferente a Europa, pero la verdad me gusta acá, aunque espero volver pronto allá porque eso significaría haber vuelto a retomar mi ranking y jugar torneos más grandes. La idea es seguir avanzando. Hoy estar acá, en San Carlos, es parte de un proceso, parte de este nuevo comienzo”, cierra la sudamericana.

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Tenis en #SanCarlosCentro.

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EL ROAD TRIP HASTA SAN CARLOS CENTRO

La ruta nacional N° 19 une a Santa Fe con la pequeña ciudad de San Carlos Centro. En el trayecto desde la capital de la provincia –en la cual se realizó un Future ganado por el local Matías Zukas– hasta el pacífico poblado de 13.000 habitantes, las historias y fábulas emergen.

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Musicalizado con el grupo santafesino Los Palmeras.

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El recorrido.

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DOMANDO AL TENIS

Durante la jornada dominguera de tenis, los ruidos no cesaron ni un segundo. Todos los partidos de la clasificación se disputaron bajo una atmósfera bien gauchesca. Apenas a cien metros de las canchas, en un pequeño predio en el medio del campo llamado “El Cencerro”, se llevaba a cabo un festival de doma. Por lo que se escuchaba a través de los parlantes, los payadores relataban el homenaje a un tal Don  Celestino, que a los setenta y pico se retiró domando con los ojos vendados.

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Divagando un poquito cerramos con unas coplas. Y… ¡va la primera, Don Celestino!

(Léase con tono gauchesco y en lo posible con esta música de fondo)

Si el teni fuese la doma, la raqueta sería mi caballo

Para ustedes e meter la pelota, pa’ nosotro’ e domarlo

Sin embargo en algo coincidimo’

Amigo, Don Celestino, no caer simplemente es el desafío

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RESULTADOS

Semifinales Women’s Circuit de San Carlos Centro

[6] Nathaly Kurata (BRA)  vs [4] Daniela Seguel (CHI)

[5] Eduarda Piai (BRA) vs [7] Catalina Pella (ARG)

Livestream

Amanecer en Misiones

29 Ago

La magia de los viajes. Salir del claustro que es la ciudad, donde el paisaje urbano es dominado por el cemento y el asfalto. Despertar con la claridad del amanecer. Entre árboles, tierra colorada, lomadas y aserraderos el sol se asoma y nos da la bienvenida al Litoral. “Misiones, belleza natural”, dice el turístico slogan de la provincia. En unos pocos minutos, uno puede dar fe de esto.

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Mientras el micro continúa su camino por la ruta nacional N° 14, las publicidades anticipan que queda poco para llegar a Posadas, capital y sede del décimo Future que se celebra en Argentina durante este 2015. Recién a las 10:30 horas, cuando la temperatura se acerque a la máxima pronosticada de 28 grados centígrados, comenzará la actividad en el Itapúa Tenis Club. Viernes, día de semifinales, tanto en singles como en dobles.

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Antes de arribar a destino hay tiempo para disfrutar de las lomadas, del paisaje y del renovador y agradable baño de sol mañanero que enceguece nuestra visión. Un hombre que le quita con un pañuelo el rocío al parabrisas de su auto; una niña que, con su guardapolvos, mate y madre, camina hacia la escuela; y otro hombre, solo, sentado en una reposera, probablemente toma tereré, son imágenes, pequeños momentos que se pueden apreciar fugazmente desde un micro de larga distancia.

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Dejando atrás la ruta, el amanecer y demás colorido es tiempo de subirse a un taxi que nos trasladará hasta el club. La charla de futbol nunca falla, un tip que el viajante siempre debe tener para romper el hielo. El debate sobre la performance de Messi en la Selección, la comparación de Lio con Maradona, la ausencia de Carlitos Tévez en la final de la Copa América son los principales temas. Al llegar al centro deportivo, la amistad se acaba cuando llamativamente el taxista comunica que la tarifa por el viaje es de ciento cincuenta pesos. El chofer nunca puso el taquímetro y la distancia no parecía ser tan larga. En fin, en Misiones ya embocaron al porteño.

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EL ITAPÚA, LA SIESTA Y ¿EL CHALLENGER?

Ubicado a tan solo siete cuadras del centro de Posadas, capital de la provincia de Misiones, las instalaciones del Itapúa Tenis Club no son demasiado espaciosas. Seis canchas de polvo de ladrillo, una pileta, un gimnasio de básquet y un gimnasio de pesas es lo que ofrece el complejo deportivo. La ventaja de estar cerca del corazón comercial de la ciudad es que los trabajadores que suelen dormir la siesta tienen la posibilidad de posponerla y ver un poco de tenis. Raqueta versus almohada, difícil decisión.

“En el Interior, los horarios son totalmente diferentes a los de Buenos Aires. Se trabaja de 8 a 12 y de 16 a 20 horas, entonces todos paran para dormir la siesta. Obviamente que tienen la opción de irse a sus casas y descansar, o venir acá y ver buen tenis. Muchos me dicen ‘qué lástima que no tenemos luces oficiales’ para jugar de noche. No tenemos luces oficiales, pero tenemos la siesta”, le dice a EfectoTenis Fernando “Pulga” Damus, director del Future de Posadas.

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El “Pulga” Damus, director del torneo.

En 2014, el joven organizador del certamen mesopotámico decidió escalar en el nivel que ofrecía el Future. Pasar de los 10.000 dólares en premios y los 18 puntos que se lleva el ganador a uno de 15.000 dólares de prize money y 27 puntos para el tenista que se consagre campeón. Sin embargo, el Pulga, un conocedor del ambiente –es profesor y entrena Juniors-, entendió que se podía igualar la repartija de puntos con un torneo de 10.000 dólares más hospitalidad, conocido como 10K+H. De esa manera, el director se ve obligado a brindarles hospedaje a los jugadores. Además de este obligatorio beneficio, la “Copa Misiones” les regala diariamente (no es reglamentario) un almuerzo en el club y una cena en el hotel. En principio podrá parecer un dato menor, pero en el denominado “tenis pobre” cada ahorro cuenta. Comer bien y gratis todos los días no es algo para desestimar.

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Juan Pablo Paz pintando a ojo la marca de la raqueta que lo patrocina. Nada de moldes.

Ante esta estabilidad que lograron luego de siete años ininterrumpidos realizando el único torneo profesional misionero que entrega puntos para el ranking ATP, las autoridades del Future aspiran a subir de escalón. Hacer un Challenger. La idea está avanzada y en el próximo post del blog detallaremos cómo vienen las tratativas y los inconvenientes que deben sortear para ejecutarlo.

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LOS PARTIDOS

Uno de los primeros en llegar al club fue Hernán Casanova. Previo a su semifinal frente al chileno Michel Vernier, el bonaerense de 21 años fue a pelotear. Apenas pudo impactar unas pocas bolas. El dolor en su muñeca derecha, producto de una caída en su partido de cuartos de final, era fuertísimo.

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Casanova y su vendaje.

Antinflamatorios, masajes, hielo y vendajes. Nada de eso sirvió para erradicar el inoportuno dolor que finalmente le impidió jugar con normalidad el match. El trasandino Vernier, 1126° ATP, derrotó a Casanova por 6-3 y 6-2 y se instaló en su primera final profesional.

“Durísimo. Es más de lo mismo. Ayer (jueves) también jugué un partido muy largo, 7-6 en el tercero frente a (Andrea) Collarini y después el dobles. Vengo con el ritmo. La semana pasada también fue así. Jugué semifinal de singles, semi y final de doble. Todo el mismo día. Ya vengo con el trajín de la lucha. Queda un partido. No vamos a aflojar ahora”, comenta un extenuado Patricio Heras a las cinco de la tarde, cuando terminó su performance del viernes.

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Pachu, ganador de siete Futures.

A las 10:30 de la mañana, el cordobés de 26 años comenzó su semifinal de singles frente al japonés Ryusei Makiguchi. El match terminó 3 horas y 19 minutos después. Ganó 6-7 (4)/7-5/6-0. Después, Heras descansó, le hicieron masajes y fue a jugar la semifinal de doble junto a su coterráneo Franco Agamenone.

Mientras “Pachu” era masajeado por el fisioterapeuta del torneo, el argentino Gabriel Hidalgo y el brasileño Oscar Gutierrez, ya finalistas del doble, jugaban al básquet en el gimnasio del club. Heras soltaba algunos gritos de dolor cada vez que su isquiotibial izquierdo era presionado por los fuertes dedos del especialista. Finalmente, la dupla nacional conformada por Juan Pablo Paz y Dante Gennaro impuso su fresco físico para derrotar a la pareja cordobesa.

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Un extenuado Heras junto a su pareja de dobles, Agamenone.

Menos de una hora más tarde, Paz y Gennaro volverían a la cancha, pero la suerte no sería la misma. El precalentamiento que Hidalgo y Gutiérrez hicieron en el parqué de la cancha de básquet ayudó porque en la definición se impusieron por 6-3 y 6-4. La felicidad de Hidalgo, entrerriano de 25 años, no era menor. Este fue su primer título después de once meses. En enero de esta temporada, “Luli” fue operado de su muñeca derecha. Recién volvió en esta gira de Futures argentinos que empezó en el Florida Tennis Club, siguió en Resistencia y culminó aquí, en Posadas.

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Finalistas y campeones.

El capítulo se cerrará hoy a las 14:30 horas. Sí, durante la siesta donde Patricio Heras intentará imponer su experiencia ante el chileno Michel Vernier. El que más despierto esté gritará campeón.

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Villa del Dique desde la lente de la GoPro

11 Sep

A falta de menos de media hora para llegar a nuestro destino, el inconfundible y pegadizo “cuarteto“ que se filtra desde la cabina del conductor del micro nos va poniendo a tono cordobé. Villa del Dique es la locación geográfica a la que debemos llegar para cubrir el 17° Future en suelo argentino. Villa del Dique, un rumbo conocido ya en EfectoTenis cuando los diarios de viaje comenzaron en la antigua cobertura del Women’s Circuit de junio de este año. Sí, para ser sincero, también algunos alaridos se escapan del comisario de abordo del ómnibus, o como se diga (?), y otros, más bajitos pero no menos apasionados, de quien les escribe.

Si hablamos de Villa del Dique hablamos de un pequeño pueblito que cae bien. Cae bien por la calidez de la gente del interior, siempre atenta por hacerte sentir cómodo, para que vuelvas, o para que lo recomiendes. Si hablamos de Villa del Dique y el tenis hablamos del soñado complejo OSPACA y sus instalaciones con una comodidad y entorno único. Para situarlos. Parados en el medio de la calle, a la derecha sierra, a la izquierda, el hotel y complejo de seis canchas de tenis. Detrás del mismo, aproximadamente a diez metros, el lago que conforma el “famoso” embalse de Río Tercero, ciudad ubicada también en el Valle de Calamuchita y a 6 kilómetros del querido pueblito de 3.236 habitantes (según la cifra del INDEC, 2010), termina de diseñar un singular paisaje.
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Para no dejarlos con las ganas (?), y obligarlos a forzar la imaginación, con la magia de la GoPro –nueva adquisición del rentable (obviamente estamos en números rojos) blog- se armó este video que resume y bosqueja un panorama de lo que es Villa del Dique.

Destino, Villa del Dique 3

16 Jun

En el comedor del complejo OSPACA, donde se llevó acabo el Women’s Circuit de Villa del Dique, Córdoba, los ventanales, estratégicamente ubicados, dejan observar lo que ocurre en las dos canchas principales. Son las 9 de la mañana y entre criollito va, criollito viene, Mariana Díaz Oliva (ex 42° WTA) entrena a las dos finalistas, a sus dos jugadoras, a sus dos chicas. Esto no es algo habitual cuando en apenas en una hora van a estar enfrentadas, decidiendo quién ganará su primer torneo profesional. Sin embargo, cuando hace una semana que compartís una cabaña, cuando es con ella con quien recorrés el pueblito cordobés, el panorama deja de ser sorpendente.

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La final entre las juveniles Julieta Estable (16) y Daniela Farfán (17) transitó por varios estados. El primer set arrancó muy parejo. Hasta el 3-3, tanto Tita como Daniela parecían estar midiéndose. Luego, Estable impondría toda su potencia y mayor experiencia en estos torneos y con dos quiebres se pondría 6-3. En el segundo, que sería 6-3 para Farfán, Estable dejó en claro que el match pasaba por sus manos. Muchísimos errores, tal vez por nervios, ansiedad, o vaya uno a saber qué, pero Farfán (debutante en este tipo de instancia) mantuvo la regularidad durante todo el partido. En el definitivo, el momento crítico llego en el sexto juego, cuando Estable sacaba 2-3. Tita, que continuaba muy irregular, levantó dos break points que hubiesen sido mortales para sus aspiraciones. El primero de estos puntos, Estable lo salvó con un magistral globo al revés que más tarde le permitiría ponerse iguales. El segundo, un potente revés paralelo que dejó la línea sin polvo de ladrillo, blanca, inmaculada. Después de ese vital game, Tita logró quebrar y dominar con su servicio hasta el 6-4.

 

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Entrevista completa a Estable, Farfán y Díaz Oliva.

“Fue una muy buena semana. Jugué partidos muy buenos, y estoy muy contenta de haber jugado la final contra una amiga”, le decía Tita Estable a Tenis Sports y a EfectoTenis. Sobre la experiencia de jugar contra una amiga señaló: “Por una lado está bueno porque las dos jugamos grandes partidos. En la final, el título podría haber sido para cualquiera de las dos. Finalmente fue para mi lado, pero la felicito a Dani porque jugó muy bien”. La finalista, Daniela Farfán también expresó las particulares sensaciones de enfrentarse con una compañera: “Es difícil porque las dos nos conocemos mucho. Como vos decías ayer recorrimos el pueblo, hoy la entrada en calor, hacemos todo juntas. En lo mental también es complicado pero contenta de jugar la final contra Juli”.

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De fondo a la campeona, Díaz Oliva consolando a Farfán después de la derrota. Ph: Hotel Carrillo.

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Por la tarde, y con todas las tareas liquidadas que conlleva un medio digital, era momento de recorrer todo lo que quedaba (montonazo (?)). Primero, con unas energías sorprendentes y creyéndome un aventurero, “escalé”, va, mejor dicho subí con jean y camisa la mitad del cerro que estaba en frente al hotel. Mi idea, de porteño que sale del frasco, subestimando a la sierra, era llegar hasta el cartel de “2014” y sacar alguna foto desde las alturas. Resignado por no encontrar el camino, llegué hasta donde hubo sendero y agitado saqué esta foto y comí un pebete de jamón y queso, como para contrarrestar el esfuerzo. ¿Periodismo sanguchero?


La improvisada actividad turística no se detendría allí. Un circuito en bicicleta sería mi próximo reto físico. La denominada “Vuelta al Cerro” encarnaba las exigencias de una etapa del “Giro D’Italia” o del “Tour de France”. Envalentonado por la libertad que genera andar en bici, el primero de los ocho kilómetros de extensión que contaba la vuelta alrededor de la sierra fue a una velocidad que superó mis expectativas. Después, las subidas empezaron a sentirse, pero el hermoso entorno ayudaba a olvidar el cansancio.
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A la izquierda de mi bici, el lago artificial embalse, que tiene un tamaño de 5800 hectáreas. A la derecha, la sierra cordobesa que embellecía aún más el paisaje. Comparando las casas del pueblo con las que se encuentran en el “Circuito del Cerro”, el contraste es mayúsculo. Todas las viviendas que circundan las costas del lago son de fin de semana o utilizadas durante las vacaciones. Están deshabitadas, apenas hay algún que otro empleado de mantenimiento o tal vez un sereno o cuidador. Si no tenés donde poner tu caudalosa cantidad de dinero y buscás tranquilidad, comprate un terrenito por Villa del Dique que no te vas a arrepentir (?).

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Mirá la vista que tiene esta canchita.

Después de numerosas paradas fotográficas, peligrosos intentos de filmación desde arriba de la bici y de un ataque canino que impactó directo en la rueda trasera del vehículo, EfectoTenis emprendió la vuelta: lo más duro del “Tour villadiquense”. El paisaje había cambiado, el lago había quedado del otro lado del cerro, y el entorno no era tan motivador como antes. Además, la inclinación ascendente de la callecita de tierra era pronunciada. No era demasiado empinada, pero a esa altura del recorrido la fuerza de piernas y el entusiasmo no eran los mismos.

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Vuelta al Cerro en Villa del Dique. #tennis #bike

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Al entregar la bici, solo quedaba volver al hotel para empezar a guardar los petates (?). Durante el ya conocido trayecto de las supuestas “cuatro cuadras”, que finalmente eran ocho, el mismo perro negro que me dio la bienvenida en Villa del Dique, lo hizo en esa última caminata.
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Mientras el aire de montaña (?) llenaba mis pulmones, unos obreros que construían una especie de medianera de ladrillo hueco y cemento me saludaron.  Después, otro hombre me entregó un saludo acompañado con mímica. A ambos gestos les contesté con un “¿Cómo andas?” en el que reparé lo exagerada que es la pronunciación de las eses por parte del porteño.

Después de saludar a los encargados del hotel y a Gabriel Hidalgo, tenista argentino que entrena y por momentos vive en el Hotel Carrillo, era momento de emprender la retirada. Ya en el micro, mientras convivía con un cansancio abrumador, el cielo pareció querer entregarme el mejor cierre a la cobertura. Las numerosas estrellas que solo se aprecian en el interior del país y la luna llena me acompañaron en el regreso hacia Buenos Aires.
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Destino, Villa del Dique 2

14 Jun

Al amanecer, el día ya era muy distinto al anterior. El repentino y feroz viento que tanto había molestado el jueves, en Villa del Dique, Córdoba, se había ido junto con las nubes. El viernes cordobé (?) empezó fresquito pero soleado. Debajo del rayo de luz, la jornada era ideal para jugar al tenis. No sé si será algo mental, tal vez una predisposición a disfrutar el alimento teniendo en cuenta la locación donde uno se encuentra, pero los criollitos cordobeses son únicos, irrepetibles, irreproducibles (se entusiasmaba (?)). Después de ingerir algunos criollitos que ayudaron a ser deglutidos por un café con sabor a hotel, todos tienen el mismo gusto, era momento de las semifinales del tercer Women’s Circuit en suelo argentino.

Unas semifinales donde la juventud, el talento y el trabajo primaban. De un lado, Julieta Estable, de 16 años, demostró porqué  es una de las máximas promesas del tenis femenino nacional al superar a Constanza Vega (18 años) por un doble 6-2. La potencia desde el fondo de la cancha, principalmente con su derecha, le permitió dominar un match ante una rival a la cual conocía y que maneja muchas variantes con su juego. De esta forma, Tita alcanza su segunda final profesional, la anterior en Marcos Juárez donde fue derrotada por Carolina Zeballos.

Al lado, y en simultáneo, Daniela Farfán (17) y Berta Bonardi (18) buscaban su primera final en el nivel de Women’s Circuit. Finalmente,  la pupila de Mariana Díaz Oliva (ex 42° WTA) venció a la paranaense Bonardi por 6-1 y 6-3. El alarido de Farfán significaba varias cosas. Por un lado, en Villa del Dique logró su tercer torneo puntuable y en consecuencia consiguió ingresar al ranking de la WTA. Después, la primera definición de un certamen profesional es algo que solo ocurre una vez.

Pocas horas después, en el restaurant que está en frente de la minúscula terminal villadiquense (¿), EfectoTenis empezó a entender cómo se movía (o no) el pueblo cordobés. “Acá no hay nada. Si querés ver algo andá a Villa General Belgrano (sí, borrachos, ahí es el Oktoberfest) o a la Cumbrecita, eso sí es lindo”, dice Emanuel, dueño del local que de manera imaginativa apodó “La terminal”. Con una avidez inconmensurable de ingerir alimentos, la caminata de “cuatro cuadras” (en realidad son ocho, culiá) que separa al Complejo OSPACA con el restó parece una maratón de 42K. Al llegar, el ambiente era casi familiar. Un bebé que correteaba y era alzado por cualquier comensal, la charla constante que brindaba Emanuel, las personas que una a una se transformaron en conocidos y una pantalla gigante que transmitía el partido entre España y Holanda (tomen gallegos (?)) era un buen sitio para almorzar.

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Emanuel, de 30 años, hace diez que volvió a Argentina. Rosarino de nacimiento, en el 2000 se fue a vivir junto a su familia a un pueblo cercano a Barcelona. Desde 2010 que está en Villa Rumipal, pueblo vecino a Villa del Dique, donde iba de vacaciones cuando era chico. Allí tuvo a su hijo, el rubio de un año y dos meses que correteaba por las mesas. Emanuel, de gorrita y barba, entre tanta charla relata sus experiencias en la cancha del Barcelona, donde en un partido con el Betis terminó comiendo jamón de una pata de cerdo y tomando vino de la tradicional bota. Esto lo enamoró de la afición blanquiverde y lo hizo olvidar el 5 a 1 que Messi y compañía le propinaron aquel día.
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Con su carisma especial, Emanuel empieza a hablar con las dos finalistas del dobles, las brasileñas Nathaly Kurata y Nathalia Rossi , que para matar el tiempo de espera del ómnibus que las llevará al próximo torneo, en Villa María, se acercaron al parador a comerse dos empanadas árabes cada una. Un ventanal permite observar lo que ocurre en la terminal, que con la presencia de diez personas esperando rompe un record en el pueblo (?). Unos chicos con guitarras al hombro, mujeres que parecen volver del trabajo y Carolina Meligeni Rodrigues Alves  aguardan por el ómnibus que recorre los principales puntos del Departamento de Calamuchita. Meligeni Alves, sobrina de Fernando,  ex tenista argentino nacionalizado brasileño, está junto a su entrenador, cuatro enormes bolsos y su trofeo de campeona del dobles, título que consiguió junto a su pareja, Constanza Vega, superando a las dos que comen empanadas.
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La brasileña Alves Meligeni posando con el trofeo de dobles. Próximamente en EfectoTenis.

Luego de pagar la cuenta y jugar un poco con el niño, es el momento de volver al Hotel Carrillo. Con la panza llena, las “cuatro cuadras” se disfrutan al igual que el paisaje. Durante el trayecto, mientras miro hacia los dos lados del Boulevard, como si transitaran tantos coches, una escena capta mi atención. Las dos finalistas, Farfán y Estable, están dando una caminata juntas. Durante toda la semana estuvieron compartiendo alojamiento junto con su entrenadora Díaz Oliva. La rivalidad solo será dentro de la cancha, afuera son amigas que recorren un pueblito cordobés.
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Destino, Villa del Dique

13 Jun

El viaje, desde Capital Federal hasta Villa del Dique, Córdoba, hubiese sido perfecto solo si no ocurrían dos cosas. Primero, los oídos de los viajantes hubiesen estado agradecidos si los temas que sonaron de Ricardo Arjona jamás hubieran salido de los parlantes. Segundo, la tortuosa intervención de un viejo tripulante, que casi prende fuego el micro que llevaba a EfectoTenis a cubrir el Women’s Circuit para el programa televisivo Tenis Sports.
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El complejo OSPACA que tiene seis canchas de tenis.

Las primeras horas del viaje -de más de diez horas- consistirían en chequear mails, tuits, ponerse al día (?), y dormir, obvio. Sin embargo, en mi caso, descansar en los viajes de micro me mantiene en un estado de alerta y preocupación por el temor de pasarme del pueblo o ciudad donde debería bajar. Por lo tanto, cualquier movimiento o ruido me desvela de un sobresalto. Luego de poder pegar el ojo (?) durante algunas horas consecutivas, al despertar, el paisaje había pasado de la monótona llanura bonaerense a la vistosa inestabilidad del horizonte que brindan las sierras cordobesas.
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El camino sinuoso entretiene a la vista. Mis pensamientos desvarían. Pienso en aquellas casitas ubicadas en el tope de una sierra, aisladas de todo contacto con la sociedad. Pienso quién vivirá ahí. ¿Un porteño agotado por el estrés? ¿Un escritor? ¿Vivirá alguien? Poco importa esto, pero ocupa mi cabeza hasta llegar a destino.
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La entrada a Villa del Dique es austera. Un pequeño cartel de letras blanca indica el nombre del pueblo de 3.236 habitantes (según INDEC 2010), que forma parte del Departamento de Calamuchita. Los primeros locales son el “Almacén Miriam” y un Video Club (casi extinto en Buenos Aires) que junto con la importante cantidad de perros callejeros empiezan a dar ese toque distintivo de un lugar donde todos se conocen. La terminal de ómnibus es apenas una construcción de ladrillo a la vista con unos pocos locales de venta de pasajes, allí me bajo.

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La terminal de Villa del Dique.

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Los taxis no abundan, y como la distancia es corta, caminar hasta el complejo donde se lleva a cabo el tercer Women’s Circuit de 2014 en suelo argentino parece la mejor opción. Al ingresar al Hotel Carrillo de OSPACA (Obra Social del Personal del Automóvil Club Argentino), el  panorama sorprende. De un lado, la sierra. Del otro, el lago artificial Embalse de aproximadamente 5800 hectáreas. La presencia de la naturaleza no es habitual en los torneos de tenis. Asombra y gusta.

El comienzo de los cuartos de final coincidió con mi llegada. En la cancha 1, Constanza Vega frente a Melina Ferrero. En la 2, Julieta Estable contra la brasileña Ingrid Gamarra Martins. El clima, parcialmente nublado y sin amenazas de lluvia, parece acompañar. Sin embargo, a pocos minutos del comienzo de los matches, un fuertísimo viento empezó a dominar la escena. Poco a poco, las tenistas jugaban en base a lo que el viento les permitía. No podían pegar con comodidad. Los games de saque se prolongaban, hasta esperar que el polvo de ladrillo dejase de volar porque les entraba en los ojos. Mientras las pelotas correspondientes a cada uno de los partidos se mezclaban e interrumpían puntos en la cancha contigua, el agua del lago estaba agitada, hasta tenía pequeñas olas. Los viejos pinos se retorcían provocando la caída de alguna que otra rama. Finalmente, el supervisor de ITF, Pablo del Gobbo, se encargó de suspender la jornada hasta las 15:15 cuando se reanudó bajo la atmósfera de una fuerte pero “jugable” ventisca.

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Los pinos sufren el fuerte viento.

“En un saque, la pelota se movió tanto que me pegó en el cuerpo”, dice Julieta “Tita” Estable sobre las complicaciones climáticas. La talentosa juvenil de 16 años pudo cerrar su partido de cuartos por 6-3 y 6-0. En el otro court, Constanza Vega (18 años) se iría arriba 7-6 y 1-2, partido que tras la reanudación ganaría por un doble 7-6 sobre Ferrero que según sus palabras “hizo lo que pudo”. Los otros encuentros también serían para argentinas: Daniela Farfán (17 años) a Sara Giménez (Paraguay) y Berta Bonardi (18 años) a Ivania Martinich (Chile). Las semifinales serán ciento por ciento argentinas y con la presencia de promisorias jóvenes: Vega vs Estable y Farfán vs Bonardi.

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Constanza Vega y Daniela Farfán.

Ah, sí, no me olvidaba. Retomando el comienzo del relato, la anécdota del curioso viejito no fue postergada. Al frenar (por enésima vez (?)) en Río Cuarto, el contingente del micro quedó reducido a tres personas en la planta baja. Quien les escribe, una treintañera estudiosa que no paraba de resaltar apuntes y el ya afamado viejito. A falta de veinte minutos para llegar a Villa del Dique, unos estruendosos sonidos (sí, esos) salieron del añejo hombrecito que rápidamente, sorteando todo tipo de obstáculos –un palo de escoba, una mochila y un trapeador- se internó quince minutos en el baño. Vale destacar que al subir, la empresa había aclarado que el minúsculo cubículo que sirve de tocador, solo procesaba líquidos. Detalle que este hombre ya había salteado hace unos minutos. La sorpresa no sería la indigestión de un simple ser humano, sino que al abrir la puerta del ya clausurado baño, una humareda comenzaría a salir. Inmediatamente, el asistente del conductor apareció para ver que ocurría. “Señor, ¡puede prender fuego el baño!”, exclamó el muchacho que ya iba dilucidado la verdadera razón del fuego. El viejito, no dio explicaciones. Él no quería fumar, ni era un piromaníaco, quería disimular lo que la treintañera y yo habíamos descubierto…

DIARIO DE VIAJE: LA NUEVA SECCIÓN

En esta nueva sección que inaugura el blog contaré los pormenores y el color de las coberturas al interior del país. En esta especie de diario de viaje, el foco se posará en los pequeños pueblos y ciudades que albergan a tenistas que tienen diferentes objetivos: ganar sus primeros puntos profesionales, establecerse en el nivel o aprovechar estos certámenes, de menor envergadura, para poder dar el salto hacia la próxima plataforma. Algo parecido, pero todavía sin estar catalogado, se hizo durante la cobertura del Future de Arroyito, en febrero de 2014. Que lo disfruten.
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