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James Ward maduró a las piñas con un argentino

20 Nov

Al ver caminar a James Ward por los pasillos de El Clú, sede del Challenger de Buenos Aires, lo único que nos llama la atención es su vestimenta. Medias con lunares celestes, chomba floreadas o con extravagantes estampados son algunos de los diseños que la marca británica Ted Baker (conocida por su ropa informal) le prepara a su embajador deportivo. Sin embargo, en poco menos de dos semanas, este fashion (?) inglés de 28 años será el quinto jugador de su nación en la final de la Copa Davis. Del 27 al 29 de noviembre, Gran Bretaña y Bélgica se enfrentarán para decidir quién será el nuevo campeón de la denominada Copa Mundial de tenis. Por ese motivo, Ward estuvo en Argentina. El lungo tenista buscaba aclimatarse al polvo de ladrillo. La serie definitoria será en Ghent y los belgas, comandados por David Goffin, eligieron utilizar como superficie la arcilla, el suelo que Andy Murray -actual 2° del mundo y máxima figura británica- menos disfruta. A pesar de esta relación esporádica con nuestro país, Jamie tiene un pasado celeste y blanco. Algunos años atrás, Diego Visotzky, luchador de MMA (Artes Marciales Múltiples), fue su preparador físico en Londres. El cordobés lo moldeó a los golpes.

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“Por eso estoy en Argentina. De otra forma no estaría aquí”, le dice con una sonrisa Ward a EfectoTenis. “Está bueno porque uno necesita practicar sobre polvo de ladrillo, tienes que acostumbrarte a esta superficie, aunque las condiciones en Sudamérica son muy diferentes a las que habrá en Bélgica. Es cuestión de moverte de nuevo sobre el polvo de ladrillo, para tener las mejores chances si es que llego a jugar la final”, aclara el 155° del mundo, que durante la última semana perdió terreno con el joven Kyle Edmund, flamante campeón de la Copa Fila y segundo singlista británico.

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Colección completa de James Ward aquí. Quiero todo.

Según la biografía que entrega la página de la ATP, la superficie predilecta de Ward es el polvo de ladrillo. “Tal vez no es mi superficie preferida en este momento porque  actualmente no estoy jugando demasiado sobre arcilla, pero estuve cuatro años y medio en Valencia”, comenta en referencia a su estadía en la Academia de Juan Carlos Ferrero, ex número uno del mundo, donde aprendió a hablar español tan bien que en Buenos Aires, a veces, creen que es un digno habitante de la península ibérica.

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Ph: Sergio Llamera.

La decisión de irse a entrenar a España fue condicionada por la situación económica familiar. Su padre, Jim, desde hace muchísimos años es taxista. Ward, originario de Euston, zona céntrica de Londres ubicada a 12 millas de Wimbledon, no proviene de una familia acomodada. “En Inglaterra es igual que en Argentina. Es un deporte elitista y todas las cosas son muy caras, especialmente porque Londres es un lugar muy caro para vivir y para jugar al tenis. Por eso me fui a España, donde estuve durante algunos años. Después volví y estoy viviendo nuevamente en Londres. Es duro, pero creo que muchos jugadores del tour provienen de entornos muy normales. No siempre son chicos que tienen mucho dinero, así que estoy en la misma situación que otros tenistas”, aclara Ward, que tuvo su mejor posición en el ranking en julio de este año cuando fue 89° del mundo, luego de alcanzar la tercera ronda en el césped del  All England.

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James y el taxi cab de su padre Jim.

Como el mundo es un pañuelo (?) y siempre hay un argentino metiendo la cola, en aquella experiencia en España, Ward entrenaba con Javier Capitaine, un reconocido preparador físico cordobés. Capitaine, quien trabajó con Sharapova, Coria, Nalbandian, Dimitrov, entre otras figuras, también entrenó a su coterráneo Diego Visotzky. Este luchador que fue campeón mundial de la World Boxing Union, bronce en el Mundial de Jiu-Jitsu de 2001 y múltiple campeón argentino en esta misma disciplina, también es preparador físico.

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El Toro Diego Visotzky.

Ward necesitaba un especialista que mejore su espigada figura y que, sobre todo, fortalezca su inestabilidad mental. Capitaine le recomendó a Visotsky. Ambos empezaron a chatear por el ahora obsoleto Messenger y allí definieron un primer encuentro en Londres. “Más allá de haber charlado por MSN, cuando llegué a Londres me senté con él y estuvimos un rato largo hablando. Conversé mucho con Capitaine y con el papá de James, que fueron los que más o menos me fueron dando las consignas sobre lo que debíamos trabajar. Fueron tres meses donde progresó muchísimo y cambio varias cosas, sobre todo en su actitud hacia al entrenamiento que era lo que más le hacía falta”, le explica a EfectoTenis el Toro Visotsky, que preparó atletas del área de combate, pero también trabajo en otros deportes, eso sí, nunca antes en el tenis.

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Visotsky siguiendo atentamente a Ward durante su participación en el Challenger porteño.

“Además de nunca haber entrenado un tenista, jamás me gustó el tenis ni me llamó la atención. Como coach uno tiene que entender ciertos aspectos metodológicos del deporte y a partir de allí podés empezar a entrenar a una persona”, señala el argentino que trabajó con Ward durante tan solo tres meses. Ese trimestre, que se vio interrumpido por un asunto personal que implicaba la tenencia de su único hijo, realmente marcó la personalidad del inglés. “Cuando llegué, él no era de entrenar mucho. En el juego, apenas se le complicaba o le daban vuelta el partido, se venía abajo mentalmente y terminaba perdiendo por ese motivo. Entonces empecé a hacer un estilo de trabajo que los luchadores estamos muy acostumbrados, y por lo que vi en el ambiente del tenis, la preparación física es bastante light. Empecé a exigirlo. Que el cuerpo no dé más y que siga adelante más por la cabeza que por el cuerpo. Combiné muchos ejercicios propios de los luchadores, pero que eran beneficiosos para el tenis. Le gustó mucho ese tipo de laburo”.

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Ph: Sergio Llamera.

Inclusive, la dupla britiargentina (?) realizó numerosos entrenamientos bajo la lluvia, donde se enchastraban y embarraban. “Él, que es el típico tenista inglés todo punta en blanco, lo embarré y revolqué por todos los parques de Londres. Al principio le chocaba, pero después le encantó. Cada vez que llovía me decía de ir a entrenar al parque”, cuenta con humor este luchador que compitió en Estados Unidos, Japón, Rusia, Costa Rica, entre otros países.

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Sin embargo, el Toro no se detuvo ahí. Su metodología desacartonada e innovadora para el ambiente empezó a surtir efecto en Ward. Sacarlo de la rígida estructura que lo había acompañado toda la vida fue beneficioso. De hecho, en varias oportunidades el  europeo se comió un par de piñas. “Muchas veces le puse los guantes y lo subí a la jaula, al ring, y guanteábamos. Por un lado para que saque la cabeza del entrenamiento típico. Obviamente que no le pegaba fuerte, pero lo exigía. Lo sacaba de su zona de confort y lo ponía en situaciones que no le gustaban nada y que se la banque”, explica el cordobé, que veía en estos ejercicios una faceta recreativa y didáctica. “No era una lucha real. Te podés imaginar que si peleamos en serio lo mato. Es como si jugáramos al tenis… yo no tengo ni idea. Un par de veces, boludeando, le metí palancas o lo estrangulaba”.

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Ph: Sergio Llamera.

Durante esos tres intensos meses, Visotzky lo acompañó por el tour donde no pasaba desapercibido. Imaginen un mastodonte vestido de luchador, lleno de cicatrices, con las orejas deformadas por las peleas dando vueltas por los “paquetes” clubes europeos. No era normal. “La verdad que era como un sapo de otro pozo. La gente me miraba como si fuera otra cosa. Muchos le preguntaban a James sobre mí. En el entorno se hablaba del tema. Un día, James cayó con un montón de ropa y me dijo ‘Tomá, tenés que empezar a vestirte como tenista para no llamar tanto la atención’”.

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En plena lucha. De verlo ya me duele (?).

Lejos de sentirse intimidado por el qué diran tenístico, Visotzky  estaba convencido de su método de trabajo. “A mí no me importó demasiado cómo era el ambiente y cuán diferente era al estilo mío. Me contrataron para hacer un trabajo que consistía en hacer un cambio de actitud y de cabeza, sumado a que mejore a nivel físico. Obviamente que sobre lo técnico no tenía ningún tipo de influencia, pero asimismo en sus entrenamientos de tenis le modifiqué un montón de aspectos metodológicos que lo beneficiaron muchísimo”, comenta el Toro.

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A pesar de la insistencia de James y Jim Ward, que le prometían el oro y el moro para que se establezca en tierras inglesas, Visotzky  volvió a las sierras de su provincia para hacerse cargo de su hijo. Tres años después, el contacto es cada vez más esporádico, pero Ward le sigue pidiendo ayuda. Algunos meses atrás, el tenista le encomendó la preparación de un régimen alimenticio. “No solamente progresó durante esos meses. Por ejemplo, este último fin de semana (en referencia al Challenger de Buenos Aires) estuve con James, y  Leon (Smith, capitán del equipo de Copa Davis de Gran Bretaña) me decía que realmente le quedaron secuelas muy importantes de ese cambio de actitud y cabeza que le di en aquel momento”. Mientras que con orgullo remata: “Fue una educación más que un entrenamiento de tres meses. Fue un cambio que lo ayudó para mejorar en su carrera”. Juzgando por sus resultados podemos aseverar que definitivamente Ward aprendió. A las piñas y a los golpes, pero aprendió.

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El capitán Leon Smith, Visotzky  y Ward en El Clú.

WARD Y SU “FANATISMO” POR TAYLOR SWIFT

“No, son estupideces. Fue una broma”, explica Ward en referencia a su supuesto fanatismo por la música de la cantante estadounidense Taylor Swift. Pero, ¿cómo creció este rumor?  Andy Murray fue el culpable. “A fin del año pasado, cuando estábamos entrenando juntos en Miami, todos los días su canción sonaba en la radio una y otra vez. Al final de la semana nos aprendimos la letra y la cantábamos. Después, cuando Andy fue a Wimbledon, le dijo a todos los periodistas que mi cantante preferida era Taylor Swift. Él lo dijo y todos le creyeron. Es una cagada (shit) para mí”, aclara Ward, que quiere distanciarse de los gustos clásicos de un teenager.

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Andy Murray (left) and James Ward during practice on day Five of the Wimbledon Championships at the All England Lawn Tennis and Croquet Club, Wimbledon. PRESS ASSOCIATION Photo. Picture date: Friday July 3, 2015. See PA Story TENNIS Wimbledon. Photo credit should read Mike Egerton/PA Wire. RESTRICTIONS: Editorial use only. No commercial use without prior written consent of the AELTC. Still image use only - no moving images to emulate broadcast. No superimposing or removal of sponsor/ad logos. Call +44 (0)1158 447447 for further information.

Ph: Mike Egerton/PA Wire.

 

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El último argentino que pasó la qualy de Wimbledon

24 Jun

En las últimas trece ediciones de Wimbledon, sesenta y ocho tenistas argentinos pasaron por la clasificación del mítico Grand Slam londinense. Solo cuatro alcanzaron la rueda final, es decir, la entrada, el partido que determina si ingresás o no al cuadro principal. Solo uno (de sesenta y ooocho, diría Riverito (?)) logró sobreponerse al resbaladizo y traicionero césped. En 2002, Juan Pablo Guzmán marcó un precedente al atravesar la qualy del tercer Major de la temporada. Entrenar en una cancha de fútbol, jugar sin las zapatillas adecuadas y resbalarse hasta moretonearse las caderas. La historia del último clasificado albiceleste en Wimbledon.

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Previo a disputar su primer Grand Slam, donde finalmente clasificaría, Juan Pablo Guzmán había participado en el Challenger de Weiden, en Alemania, en el cual había sido eliminado rápidamente. Junto al también ex jugador Diego Veronelli, Daniel Orsanic -actual capitán del equipo argentino de Copa Davis y por aquel momento su entrenador- y unos pocos dólares emprendieron el viaje hacia la aventura verde.

“Nunca había jugado en césped, ni siquiera tenía zapatillas de pasto. Durante varios días entrenamos en una cancha de fútbol que había en el club y allí hacíamos movimientos de volea y todo lo relacionado con la movilidad. Como para no hacer papelones cuando nos toque el césped”, le dice Juan Pablo Guzmán, ex 100° del mundo en 2007, a EfectoTenis. “Llegamos el viernes (la qualy empieza el lunes) y estábamos alucinados. Todos los días previos entrenamos mil horas. Era divertido. No era una semana más, para Diego también era la primera qualy de un torneo grande”, relata Guzmán que compartía, junto a Orsanic y Veronelli, una diminuta habitación de un hotel de Earls Court, barrio londinense ubicado a cinco millas de Wimbledon. En lo financiero, la época no ayudaba. La Argentina atravesaba una de sus peores crisis económicas. El rebusque de dormir en un cuarto pequeño era algo menor comparado al sueño deportivo de jugar el torneo que siempre habían visto por televisión.

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La estación de subte de de Earls Court.

“A medida que los días pasaban nos íbamos sintiendo cada vez mejor. Para mí, desde chiquito, ver una cancha verde significaba ver fútbol y una pelota rodando. Jamás me imaginé estar jugando al tenis en la misma superficie que desde pequeño me había tenido pateando y corriendo atrás de una pelota, pero en este caso más chiquita y amarilla”, recuerda Guzmán desde Londres, en el mismísimo Wimbledon, donde actualmente está ayudando a un amigo que entrena a una tenista rusa.

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Hace apenas dos semanas terminó su vínculo de siete meses con la rumana Sorana Cirstea.

Bajo el prejuicio y la incertidumbre con la que conviven los tenistas latinoamericanos cada vez que pisan el césped, los objetivos no iban más allá de disfrutar y tal vez ganar algún partido. Además, la inexperiencia (y disminuida billetera) de Guzmán llegaba al punto de no contar con las zapatillas adecuadas para competir en la patinosa superficie, donde los porrazos son cosa de todos los días. Conseguir prestado un calzado era algo esencial para el debut.

Jurgen Melzer of Austria slips during his men's singles tennis match against Jo-Wilfried Tsonga of France at the Wimbledon Tennis Championships, in London June 23, 2014.            REUTERS/Max Rossi (BRITAIN  - Tags: SPORT TENNIS)

“Ni siquiera tenía zapatillas de césped. Se necesitan mucho, sino es imposible pararse. La única esperanza era pedir algunas prestadas a algún argentino o conocido. Diego (Veronelli) tenía. El día anterior, cuando miramos el horario, nos dimos cuenta que nos había tocado a la misma hora. Las chances eran nulas. En primera ronda me tocó con un tipo grande en ese entonces, Laurence Tieleman, creo que se llamaba, gane 9-7 en el tercero. Me caí, fácil, unas diez veces durante el partido. Los dolores después del match se duplicaron y la felicidad era enorme. Para la segunda rueda conseguí un par de zapatillas y era muy diferente. Gané jugando muy bien”, manifiesta con extrema puntillosidad el zurdo de 34 años, retirado en 2008 por una lesión en la muñeca derecha.

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Ya con zapatillas, confianza y nada que perder llegaba la tercera y última ronda. Una de las particularidades más destacadas de la clasificación de Wimbledon es que la entrada al cuadro se juega al mejor de cinco sets. Para Guzmán, por aquel entonces 294° del ranking y sin experiencia en los torneos grandes, era el primer partido que jugaba bajo esa modalidad. Sin embargo, la incertidumbre no lo paralizó. “El mayor miedo que tenía era que por primera vez en mi vida iba a jugar un partido a cinco sets y no sabía cómo podía llegar a responder si se alargaba. No sabía si empezar al 100% o un poco más tranquilo, porque la ansiedad a veces te puede jugar una mala pasada. Pero dije, ya está, empiezo con todo y después vemos qué pasa. No quería dejar pasar ni una chance”, señala el bonaerense, que finalmente venció en sets corridos al holandés Roger Wassen.

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Guzmán junto a Ormaechea, pupila durante 2013.

Como decíamos, la qualy de Wimbledon es singular. Para empezar, el torneo clasificatorio no se lleva a cabo en el emblemático All England Lawn Tennis Club, sino en el Bank of England Sports Ground, en Roehampton, a unos kilómetros de la sede oficial. Como bien apunta el blog FueBuena en esta interesante nota, la fase previa se realiza allí desde 1978.

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La incesante actividad en la qualy, una cancha al lado de la otra.

Para Guzmán, la proesa de pasar la qualy significaría ganarse el derecho de entrar al All England, al verdadero Wimbledon. En primera ronda le tocaría enfrentar a su compatriota Gastón Gaudio –por ese entonces 28° del mundo-, donde caería en sets corridos. “Cuando me tocó ir a Wimbledon, ahí sí que cambió todo, y mucho. De chico, mi sueño cuando miraba la televisión era jugar Wimbledon. Cuando llegué y observé lo que alguna vez había visto por la tele me corrió un frío hermoso por el cuerpo. Son esos momentos que te volvés a sentir el mismo niño que miraba por la tele jugar a los grandes. Todo es diferente: canchas, vestuarios, sala de jugadores. Todo lo que te puedas imaginar”.

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Los vejetes y las silletas plegables. Harmoso (?), Roehampton.

UN KARMA PARA LOS ARGENTINOS

Desde 2002 a 2014, sesenta y ocho tenistas argentinos participaron de la qualy de Wimbledon. Solo cuatro llegaron a la ronda final: Juan Pablo Guzmán (el único que entró al cuadro), Diego Veronelli, Diego Hartfield y Nicolás Todero. ¿Por qué les cuesta tanto a los argentinos?

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Seguimos con el boom (?) de las  silletas plegables y los infaltables paragüas.

En principio, por la genética tenística, el jugador argentino está acostumbrado al polvo de ladrillo, a la cancha lenta. El cambio de una superficie a otra es brusco. La pelota casi no pica, los apoyos son inestables y los sacadores potentes –una característica que no abunda entre los tenistas nacionales- sacan ventaja.  “Puede ser que no sea la superficie que más le guste a los argentinos. También, algunos aprovechan las semanas previas para jugar algunos Challengers e  intentar sumar un poco de puntos. Desde mi punto de vista habría que preparar el torneo y jugar por lo menos alguna semana antes para acostumbrar el cuerpo, la vista y el juego, porque es bastante diferente a lo que puede ser el polvo de ladrillo”, opina Guzmán desde tierras británicas.

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Nicolás Kicker, eliminado en la primera ronda la qualy, pero cumpliendo el sueño de jugar su primer Grand Slam.

En la edición 2015 de la fase previa de Wimbledon, ocho argentinos integraron el cuadro clasificatorio. Hasta ahora sobrevivieron cuatro: Horacio Zeballos, Facundo Argüello, Guido Andreozzi y Guido Pella. ¿Podrá alguno de ellos cortar la mala racha de más de trece años?

DESDE ADENTRO

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Con la colaboración del entrevistado armamos este video donde podés disfrutar de los entrenamientos de Rafael Nadal y Novak Djokovic -que tira un lujazo- en Aorangi Park.