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Nicolás Jarry: madurez y talento chileno

13 Ene

“Solo tengo quince minutos porque luego el bus se va”, dice con prisa Nicolás Jarry, aún transpirado y mirando el reloj. Su entrenador, el argentino Wally Grinovero, lo espera a unos pocos metros, en el buffet del Córdoba Lawn Tennis. El “bus”, o bondi por estas latitudes, es un lujo que solo ocurre en los Challenger o torneos ATP.  Ese micro es el que lo trasladará del club hasta el hotel. Es gratis y pasa de manera diferenciada. El hábito del mundo Future, donde todo cuesta, todavía sigue latente en la mente de este chileno de 19 años. Al terminar uno de sus partidos de dobles, donde fue campeón del Challenger de Córdoba junto al brasileño Marcelo Demoliner, apareció otra costumbre que comprende al denominado “rebusque”. Rellenar un agua a medio tomar con otra nueva, pero más pequeña, es un capítulo dentro del manual de economía de los tenistas latinoamericanos.  Las oportunidades de conseguir algo gratuitamente no son muchas y hay que aprovecharlas. Nicolás Jarry lo hace.IMG_6774

“Tata, no me hables más del tenis”. La frase fue pronunciada por Nicolas Jarry a su abuelo Jaime Fillol, ex 14° del mundo en 1974. Según Nicolás, el momento más difícil de su vida. Decir basta para hacer su propio camino.fillol-jarry-abuelo-y-nieto
Jaime Fillol y Nicolás Jarry.

“Cuando le dije eso a mi abuelo fue la decisión más difícil que he tomado en mi vida. Es mi abuelo, y como varios saben fue un gran jugador. Sabe mucho, pero él tiene en la mente el estilo de juego más antiguo que no era tan rápido y piensa las cosas de manera diferente. Tenía un entrenador, y él (Jaime) me decía lo opuesto a lo que estaba trabajando durante toda la semana con mi coach. Entonces, no aguanté más y le tuve que decir eso”, le explica Jarry a EfectoTenis. “Decirle a tu abuelo, que lo mejor que fue en su vida fue ser tenista, que no te enseñe. Habrá sido durísimo también para él”, completa el promisorio chileno, 221° ATP, y que durante el 2014 alcanzó primera final a nivel Challenger y ganó dos títulos Future.

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“Fue una muestra de valentía. Es muy difícil lo que hizo el Nico. Ellos han tenido una relación de uña y mugre, viajaron juntos, él lo acompañaba a sus campeonatos de chico. Pero llegó un minuto en que le era difícil escuchar a mi papá, que le decía una cosa, y a Martín (Rodríguez), su entrenador y tío, otra. ¿A quién le hacía caso? No quería herir a ninguno de los dos… Debe de haber sido de lo más difícil que le ha tocado. Yo creo que hubo lágrimas en esa conversación”, le dice Cecilia, madre de Nicolás e hija de Jaime, a la “Revista Sábado” de Chile.

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Otra muy buena foto de “La  Tercera” que ilustró este original reportaje.

Más tarde, Wally Grinovero, ex tenista argentino (578° en el 2000) y actual coach de Jarry opinaba sobre la decisión más difícil en la vida de su pupilo. “Lo mejor que puede tener un jugador de tenis es tomar decisiones. Que él le diga a su abuelo, con todo lo que significa Don Jaime (Fillol) en el tenis mundial, “mirá, quiero que seas mi abuelo…”. En el momento que él se puso a charlar con el abuelo y me dijo lo que pasó en esa reunión era enero de 2013, que estaba 800°, y cuando me contó le dije: en 2014 terminás 300”, le comentaba a EfectoTenis. El presagio de Grinovero se cumplió y hasta fue superado por Jarry que terminó la última temporada cerca de ingresar en el Top 200, afirmado en el circuito Challenger y con vistas a insertarse en el mundo ATP.

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Luego de rellenar el agua, Jarry continúa con la usual hiperactividad que se puede ver en cancha. Mientras charla con el blog luce apurado: cambia su remera y calzado -el polvoriento que uso durante el partido por uno de running– saca su celular, la billetera y mira su reloj. La partida del bus lo inquieta. Sin embargo, sus respuestas son sinceras y, como diría cualquier hijo de vecino, no intenta “esquivar el bulto”.

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Jarry posando para la ya clásica (?) selfie de EfectoTenis.

Continuando con decisiones importantes en la vida del trasandino, haber terminado la escuela secundaria, con los mismos tiempos que un adolescente promedio, fue algo que le dejó en claro dónde están las prioridades. “La prioridad siempre fue el colegio. Por suerte me iba bien, ponía mucha atención. Después, me podía dar el lujo de hacer otras cosas y no estudiar. Desde chico pensé que me iba a dedicar antes al tenis. Pero al final se dio increíble, pude salir con mis compañeros del colegio y estoy muy contento por todas las decisiones que he tomado”. Sin embargo, para todo tenista que sueña con ser profesional, los sacrificios se hacen desde jóvenes y el sufrimiento de “quedarse fuera” es una constante que se presenta en los teenagers. “Tampoco tuve una vida normal de adolescente porque estaba en campeonatos, no me podía acostar tarde. Los acompañaba hasta temprano y lo mejor siempre pasa después (risas), así que me lo perdía. Llegaba al colegio al día siguiente, contaban todo y me quedaba un poco afuera. Pero no se puede hacer las dos cosas. Es lo más duro que tiene esto. Uno busca que el tenis te dé todo lo que quieres para el futuro. Entonces, uno se la juega por eso y vamos por buen camino”.

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Mientras el secundario de Jarry se desarrollaba, los asuntos laborales de su padre hicieron que la familia cambiara de aire. Key Biscayne, en Florida, Estados Unidos, fue el destino donde Jarry siguió estudiando y entrenando, en este caso, en la academia de Guillermo Cañas (ex 8° ATP). “Eran todos entrenadores argentinos (Martín “Tero” García, Juan Galarza y Nicolás Maidana) y sabían que la formación es mejor en polvo. Jugábamos en arcilla verde, que es un poco más rápida, pero arcilla al fin”, recuerda Jarry que durante aquel tiempo utilizó la doble nacionalidad (su madre nació en California y a los días se fue a Chile) para poder ausentarse a la escuela, un asunto, que por problemas de faltas, no le permitía disputar los torneos más exigentes. A la vuelta, durante su último año del secundario, volvió a Chile donde comenzó a entrenarlo su tío, el ex tenista argentino Martín Rodríguez.

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“Te das cuenta que pegarle bien a la pelota le pegan todos. La diferencia no se hace pegándole bien a la bola, sino con la madurez, la mentalidad. La familia y la educación van de la mano”, dice Grinovero que también entrenó a Diego Junqueira, Carlos Berlocq y Máximo González, entre otros tanto tenistas.
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Junto a Wally Grinovero.

Otro de los lastres psicológicos con los que debe cargar Jarry es ser parte del tan ansiado recambio shileno (?). Al igual que ocurrió en Argentina con la gloriosa “Legión”, el tenis trasandino, luego de los retiros de Fernando González, Nicolás Massú y anteriormente Marcelo Ríos, cayó en un profundo pozo. Mientras tanto, el público de la raqueta sigue entusiasmado y necesita de otras estrellas. El periodismo, cercado por las ventas y la expectativa de los aficionados, encontró en el desértico camino a unos jóvenes que prometen pero que aún deben hacer sus carreras con calma.
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A la derecha de la foto, Garín y Jarry: finalista del dobles de Roland Garros Jr. 2013.

La ansiedad por conseguir un reemplazo agota a Christian Garín (campeón de Roland Garros Junior en 2013), Gonzalo Lama (21 años y 225°) y también a Nicolás Jarry. “Es muy malo. En Chile te comparan por cualquier cosa. Exageran mucho. Ganas un partido y sales en todas partes. No sé si en otro país pasa eso, pero es lamentable para nosotros que tenemos que aguantarlo. Pero es lo que nos toca y hay que estar tranquilos de no meterse tanto con eso. Seguir humilde, trabajando. Sabemos que es un largo camino y que hay que seguir, nomá”. Sobre su contacto con los referentes también opina y es contundente: “Con Fernando (González) es con el que más hablo, con Nico (Massú), por ser el capitán de Copa Davis, y con el Chino (Ríos) nunca he hablado. Soy totalmente diferente a todos ellos. A Feña tal vez un poquito menos porque es el que más fuerte le pega, pero no tengo nada que ver con ellos. Es mi vida y voy al camino que voy”.
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Como bien sabemos, la cabeza del tenista es educada constantemente. Grinovero explica cómo hacen para manejar este asunto en la mente de su jugador. “Lo manejamos haciéndole entender que todas las persona son diferentes y que hay un periodismo que está necesitado. Hay gente que también vive del tenis, necesita vender y que ellos sean buenos. Sin un proceso, sin trabajo no va a haber recambio y no va a haber nada. Ellos están en una etapa de aprendizaje, todo lo que no aprendan ahora, más adelante les va a costar mucho. Nosotros insistimos en enfocarnos en el proceso. Nos interesa que ganen haciendo lo que nosotros creemos que ellos tienen que hacer para ganar en el futuro”.
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En Nueva Caledonia, donde arrancó su temporada 2015, junto a Gonzalo Lama.

El futuro a Jarry no lo inquieta. Sus objetivos no son logros deportivos. Sus objetivos están en el aprendizaje. El presente es lo que le importa. La clave, según él y que va en sintonía con la visión de su equipo, está en los conocimientos que se extraen del trabajo diario y de la competencia. “Seguir mejorando. Tratar de sacar algo de cada partido, de cada entrenamiento. Irse superando de a poco. Nada de objetivos”.

SU RAQUETA DE ARO 93

Una de las particularidades del chileno está en su arma de trabajo. Como ya explicamos hace un tiempo, donde ejemplificamos con el caso de Roger Federer, la tendencia dentro del circuito a usar aros más grandes en sus raquetas sigue creciendo. De esa manera, la posibilidad de impactar en el sweet spot de la raqueta es mayor. El promedio en el circuito ronda el 98. Nicolás Jarry usa una Wilson con aro 93, una rareza dentro del tour. “Probamos raquetas y antes jugaba con una Wilson Blade 98, después Prince, con aro 95, y ahora de vuelta a Wilson. Probé la 93 y me gustó mucho, era la misma sensación que la 98 pero mide un poco menos y la cabeza es más chica”.BLD93-1

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Emilio Gómez: un camino diferente al de su padre

18 Ene

Su parecido es irrefutable. El trazo de su rostro, los pequeños ojos claros  y su imponente porte físico delatan el parentesco. El ecuatoriano Emilio Gómez, hijo de Andrés, campeón de Roland Garros en  1990, ex 4 del mundo en singles y 1 en dobles, a los 22 años recién está dando sus primeros pasos en el circuito profesional. Lejos de emular el recorrido de su padre, Emilio está “forjando su propio camino”. Sus inmaduros errores de juventud, el  hambre de gloria, su paso por la Universidad del Sur de California, la importancia de la Copa Davis y la constante comparación con su padre son los principales aspectos que fueron definiendo la personalidad de este sudamericano que lucha por incrustar su nombre en los principales torneos del mundo.

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En 2009, y con solo 17 años, Emilio Gómez ganaba su primer torneo profesional, un Future en Ecuador. Éste triunfo, sumado a ser el hijo de “La zurda de oro”, ilusionaba al mundillo del tenis ecuatoriano. Sin embargo, las malas decisiones y la inmadurez propia de la juventud demoraron su explosión tenística. “Esto comenzó cuando empecé a jugar en Juniors. Ese año (2009) me fue muy mal en la COSAT y también en la gira europea. Fueron parte de un proceso que pensé que iba a ser un poco más fructífero en cuanto a resultados, pero no fue bueno”, dice Emilio quien alcanzó la posición 54 del ranking junior de la ITF. “De repente me encontré en una semana buena donde terminé ganando el Future. Con lo pequeño y poco maduro que era, lo tomé muy mal. No tenía un entrenador fijo, ni cosas programadas para después. Cogí un ranking bueno para poder jugar los cuadros principales de los Futuros, y ese mismo año no jugué mucho”. En junio de 2010 viajó a Brasil para realizar una gira de cinco torneos Futures. Para trasladarse de uno a otro debía “coger un bus súper largo”, lo cual lo estresó y lo hizo terminar de explotar. “Me quiero tomar un descanso en cuanto al tenis profesional”, fueron las palabras de Emilio Gómez que ya tenía en mente el cambio de aire: su paso a la Universidad del Sur de California (USC).emilio y andrés
Padre e hijo. Drives parecidos pero uno zurdo y otro derecho.

“Luego de esa gira regresé a Ecuador y le dije a mis papás que era el momento. Yo me podría haber ido a la universidad en enero de ese año, y quizás por eso me atrasé un poco”, comenta en tono de reproche el 305° del mundo. “Fue un proceso muy bueno, muy tranquilo, y duro a la vez por todo lo que significaba la universidad: allí tienes que estudiar y jugar tenis. Obviamente no quedan atrás las fiestas, son parte de la universidad, parte de una vida muy distinta a la que se vive en el tenis”, explica el ecuatoriano quien estuvo tres temporadas en la USC.IMG_1193

Emilio Gómez no es mezquino con las palabras. Habla relajado, sin apuros y tampoco escatima en detalles. Con respecto a su paso por el college (camino que muchos estadounidenses y centroamericanos eligen), donde estudiaba Economía, resalta: “Es un nivel de estrés mucho más alto de los que algunos piensan. Sí, muchos dicen, vas a ir a la universidad, vas a jugar tenis, vas a ir de fiesta. Pero nosotros también teníamos las ganas de ser jugadores de tenis profesional y sabíamos lo que iba a costar salir de ahí”.

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Durante los festejos luego de vencer a Chile.

Lavar la ropa, tener que estudiar, dejar de jugar al tenis para seguir y seguir estudiando fueron nuevas responsabilidades con las que Emilio se topó y debió resolverlas. Pequeñas cosas que implantaron una semilla dentro de él. Un sentimiento que hasta ese momento nunca había experimentado: el hambre de triunfo. ”Me acuerdo que tuve un primer semestre muy duro, un bajón muy grande, donde me deprimía y sentía que tenía que estar en el circuito. Eso a la vez me ayudó. Me ayudó a extrañar lo que era el circuito, y a ganar ese hambre que necesitaba y que no tenía antes. Dentro de mí crecían unas ganas muy grandes de querer salir lo más rápido posible para jugar en el tour”.

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Junto a Nadal y Mónaco en Indian Wells.

Su reencuentro con el profesionalismo (exceptuando algún que otro torneo) ocurrió a mediados de 2013 donde finalmente abandonó el college. El empujón que lo insertó definitivamente en la “selva” se lo dio sus participaciones en la Copa Davis, en las series frente a Perú y Chile donde consiguió dos buenas victorias (ante Duilio Beretta y Christian Garín) que instalaron a Ecuador en el repechaje por el ingreso al Grupo Mundial. “Frente a Beretta, siendo mi primer match de Copa Davis, salí de la cancha y lloraba como un niño de dos años. No lo podía creer. No sabía si lo iba a vivir estando en la universidad y tuve la suerte de hacerlo. Fue muy importante para mi proceso, lo aceleró un poquito más. Frente a Chile terminé de decidir que era lo que quería”, dice el pupilo de dos importantes entrenadores: Martín Rodríguez y Wally Grinovero.
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Emilio y su primer triunfo ATP, en Bogotá y sobre cancha dura.

La temporada pasada, desde julio en adelante, Emilio consiguió dos títulos a nivel Future, una semifinal y tres cuartos de final en Challengers. Además, su primera victoria ATP, luego de superar la clasificación en Bogotá, Colombia.

En contraste con su padre, y separándose de las incesantes comparaciones, Emilio expresa que cuando entró a la universidad sabía que “estaba forjando mi propio camino, uno totalmente distinto al que tomó mi papá. Cada vez que me preguntan si es una presión, ahora ya no lo es. Es más, es una motivación, y algo muy difícil de alcanzar”. Sobre la insistencia del periodismo acerca de este tópico manifiesta entre risas: “La prensa siempre intenta buscar algo nuevo.  Voy a esperar hasta se aburran de escuchar mis mismas respuestas”.

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Andrés Gómez y su aporte a la historia grande del tenis.

TENIS ECUATORIANO

En agosto de 2013, Nicolás Lapentti, ex número 6 del ranking mundial, fue ratificado como presidente de la Federación Ecuatoriana de Tenis, cargo que ocupará hasta 2017. “No lo vemos como un presidente sino como un jugador más dentro del equipo”, enuncia Gómez.

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Lapentti y el equipo ecuatoriano de Copa Davis.

Por otro lado, Emilio expone su parecer acerca de la situación de los jóvenes tenistas ecuatorianos: “En cuanto a los más jóvenes falta mucho. No hay un nombre grande dentro de los Juniors. A los chicos en Ecuador, en la academia donde me crie, le faltan muchas ganas, ese hambre que necesitan para hacer las cosas bien. Eso se gana saliendo, jugando, sufriendo. Quedándote en Guayaquil todo el día, en tu casa, donde te dan todo, es difícil. Es una etapa de transición y se necesitan jugadores que tengan esas ganas que hacen mucha falta”.