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El medallista sin medalla

19 Ago

Hace aproximadamente un año, durante una mudanza, Javier Frana se ilusionó al escuchar cuatro palabras que venían del otro extremo de su antigua casa. Quien le gritaba era su mujer. “¡Mirá lo que encontré, Javi!”, decía ella. “Vamos, la encontramos”, pensó automáticamente el ex tenista de 49 años. Pero no, el hallazgo de su señora no era el descubrimiento que sospechaba. Una vez más se ilusionaba y recordaba la falta de un objeto que, por estas semanas, todos quieren colgarse en el cuello.
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De izquierda a derecha: Frana, Goran Ivanisevic y Christian Miniussi.

Javier Frana es una persona que no le otorga demasiada importancia a los trofeos que materializan los títulos obtenidos a lo largo de su carrera. Dice que no le gustan los deportistas que viven colgados del recuerdo. De hecho, para graficar este sentimiento, después de haber ganado el primer o tercer título de su carrera -no recuerda con claridad el dato-, la ATP le entregó una copita de vidrio por haber alcanzado ese hito. El trofeo llegó en varios pedazos. El ex tenista argentino no le dio trascendencia, ni siquiera pidió una réplica del mismo.

Siguiendo esta línea de comportamiento, debajo de la cama de su ex casa, en una caja de zapatos guardaba el mayor logro de su carrera: la medalla de bronce obtenida en el doble de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Después de habérsela mostrado a un amigo de su hijo mayor, Frana sintió que era un tanto arriesgado dejarla ahí, tan expuesta. Por eso la cambio de lugar. ¿A dónde? Todavía no lo sabe. Jamás la volvió a ver.

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“En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 vino mi hijo con dos amigos a jugar y estábamos viendo una de las premiaciones. Mi hijo, que por ese entonces tenía 13 ó 14 años, me dijo ‘Papá, ¿le mostrás la medalla a Santi?’”, le cuenta Frana a EfectoTenis en un café de la localidad bonaerense de Pilar.

El actual comentarista televisivo de ESPN es de tomarse silencios largos para continuar sus historias. Tal vez, como producto de su experiencia frente a la cámara, nunca usa la maradoniana (?) muletilla “Ehhh…”. En esos segundos en los que razona simplemente no habla, Frana piensa. El esfuerzo por recordar los momentos con puntillosidad, nos hace dudar si está recordando las cosas que hizo durante aquellos días, en los cuales buscaba la medalla obtenida junto a su compatriota Christian Miniussi. Quién te dice que, en una de esas, la encuentra a través de sus pensamientos.

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“Pasaron los años, abrí la caja y me dí cuenta que la medalla ya no estaba más ahí. ¿Dónde la habré puesto? Me acordé que la última vez que la vi fue cuando se las mostré a los chicos. ¿Dónde la habré guardado? Me acuerdo que había dicho que en ese lugar no la iba a volver a poner”, cuenta el zurdo nacido en Rafaela, Provincia de Santa Fe.

A partir de ese instante, comenzó a inspeccionar cada recoveco de su casa. Lo hacía por zonas. Por ejemplo revisaba las camperas y los pantalones, creyendo que había quedado en un bolsillo. Sin embargo, no la podía encontrar en ningún lado. “Quería mudarme urgente para revisar cosa por cosa. Capaz aparecía en el bolsillo de un short que la guardé creyendo que la había escondido bien. Pero no, me desapareció. No estaba”, cuenta Frana sobre la mudanza que realizó el año pasado.

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Frana, el último argentino que consiguió un título sobre césped. En 1995 ganó Nottingham. 

“Tuvimos robos domésticos, bastante sistemáticos y  los descubrimos tarde. Sobre la medalla, no sabés si de repente lo hizo porque sí o por maldad. Tampoco tiene un gran valor: no es de oro, ni es una alhaja. Su valor es simbólico. Saldrá, qué sé yo, quinientos pesos. Tampoco quiero juzgar, pero es una de las posibilidades”. La otra alternativa que baraja el dueño de 10 títulos ATP (3 en singles y 7 en dobles) es que la haya guardado en una campera que donó o regaló. “Capaz, la persona que lo recibió pensó que era una medalla de un torneo de fútbol y la revoleó”.

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Mientras Frana habla, el frío bonaerense se siente en las mesas externas del café. Dice que no lo sufre, una gruesa campera beige lo protege. Aun así, mientras cuenta la pérdida de su medalla olímpica se frota las manos para generar calor y vuelve a explicar su falta de estima hacia los trofeos. “Siempre admiré a aquellos deportistas que fueron muy grandes, pero no te lo hacen saber. No me gusta el deportista que vive colgado del recuerdo y que todo lo referencia hacia su época. Eso me genera mucho rechazo. Todo lo poquito importante que pude haber ganado como el plato de la final de dobles de Wimbledon, el título de dobles mixto en Roland Garros están guardados. Están puestos muy sutilmente por ahí, pero no tiene una trascendencia”.

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No obstante, la presea de bronce es su cosecha más valorada. Más allá del premio participar en tres Juegos Olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996) lo ayudó a tener perspectiva en la vida y en el deporte. “Es mágico. Es difícil de explicar porque no solamente es el anonimato, sino entender otras disciplinas. Ponés en contexto tu sacrificio como tenista, que si bien es muy alto, también está bien remunerado. Tenés algo a cambio. Hay otros deportes que hacen un  esfuerzo enorme y es exclusivamente por el amor al deporte, porque económicamente no tienen demasiados recursos”, contaba en el podcast sobre historias del tenis olímpico de EfectoTenis. “La medalla es lo que más sufro, pero la vida va por otro lado”, cierra Frana, el medallista olímpico sin medalla.

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Los amuletos de Horacio Zeballos

27 Abr

Desde hace un mes, cada vez que Horacio Zeballos entra a una cancha de tenis, en su mente solo resuena una frase. Son seis palabras. Treinta y cuatro caracteres que tienen la misma fuerza que una charla motivacional de Javier Mascherano previo a entrar al estadio Maracaná. Estas palabras son parte de su historia y sus fundamentos provienen del momento más exitoso de su carrera: cuando venció a Rafael Nadal en la final de Viña del Mar. Aquella tarde chilena que se convertiría en noche, el marplatense de 31 años jugó tan bien que, ahora, cada vez que entra a un court, se repite a sí mismo “Intentá jugar suelto como con Rafa”.Zeballos-Miami-2016

Más de tres años tardó Zeballos en encontrar este método que alimenta su confianza. Aquel partido frente al nueve veces ganador de Roland Garros fue en febrero 2013, mientras que la flamante táctica surgió en su soñado Masters 1000 de Miami, disputado hace un mes.

 

En Crandon Park era viernes y se jugaba la segunda rueda. El argentino ya había perdido hacía unos días en la clasificación y esperaba, sin demasiadas ilusiones, que algún debutante del cuadro principal se bajara del torneo y así entrar como lucky loser. Sentado en el vestuario junto a Juan Martín Del Potro se enteraría que Roger Federer andaba con problemas estomacales y no se presentaría. Por consecuencia de la baja del suizo, Zebolla accedería a la segunda ronda y, en la cancha central, enfrentaría al hombre que estaba a su lado, su compatriota, Del Potro.gf-1047-980398

“Estaba completamente desconectado del torneo y de la nada me dicen: ‘Entrás a jugar en el estadio principal con Del Potro’. Obviamente fue una alegría gigante, pero también sentí bastante nervios porque no me esperaba nada de eso. No es que iba a jugar en la cancha nueve, contra fulanito. No, era Del Potro, en la central. Había una cuota de nerviosismo. Pensé en encontrar una llave para tratar de jugar un poco más relajado. Y apareció ahí y fue lo que me repetí durante todo el partido”, le contaba hace unos días a EfectoTenis, en referencia a la frase que lo ayudaría a vencer al tandilense y, más tarde, al español Fernando Verdasco para alcanzar los octavos de final.

“Juegue contra quien juegue, en la cancha que sea, voy a tratar de decirme eso porque ha dado resultados. Uno cuando encuentra alguna llavecita que te da confianza y buenas vibras hay que tratar de utilizarla”, completaba el actual 91° del ranking mundial, quien hace unos días fue papá de Emma, su primera hija.

Además de confianza, Miami le otorgó la certidumbre de que está a la altura de medirse con los mejores del mundo. Miami, un golpe de suerte que le cambió la temporada.  “Miami me dio un plus más de nivel y darme cuenta que el nivel está, pero nada más que no lo estaba demostrando en la cancha. Aquellas victorias me lo desmostraron y me dieron más ganas para salir a competir porque sé que el nivel está”.

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La dedicatoria para su hija, quien por ese entonces aún no había nacido.

– Después de aquel exitoso comienzo de 2013, donde obtendrías tu primer y único título ATP y alcanzarías el Top 40, tuviste un bache importante. ¿Por qué ocurrió esto?

– Antes de ese nivel en 2013, con Rafa, me había pasado que tenía algunos torneos buenos, que pasaba una ronda de ATP, pero no terminaba de estabilizar mi nivel. Tengo que tratar de trabajar en mantener el nivel durante todo el año. Soy muy inestable. Hago una semi de Challenger, cuartos, segunda, cuartos y después salto y pego un octavos de final de Masters 1000. La idea, tal vez, es no meterme dentro de los veinte del mundo, pero sí consolidarme dentro de los cincuenta o sesenta.

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– Tu entrenador, Francisco Yunis, decía que “Trabajamos en cómo encarar los partidos y la vida cotidiana”. ¿A qué se refería?

– Tratar de no entrar a la cancha y querer jugar a uno o dos tiros. Tengo la posibilidad de tener buenas armas: saque, derecha y soy un jugador ofensivo. Hay veces que eso me termina jugando en contra porque entro a la cancha y, en vez de ser estable y tratar de jugar algunos games con rallies y corriendo algunas pelotas, entro y juego a uno o dos tiros. Para eso tenés que estar muy fino. Hoy ves el tenis y no hay jugadores de ese estilo. Mismo Roger está metiendo más pelotas. Hay que correr y meter. A veces eso no lo hago y él (Yunis) se refiere a  trabajar cotidianamente con eso. En cada entrenamiento dar un poco más de mí, aguantar un poco más y mejorar en ese aspecto.

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Otro de los amuletos que acompaña a Zeballos, desde hace unos cuantos años, es un peluche. Se llama Blanquito, es un oso polar que era de su hermana, Carolina (ex tenista profesional), y que su padre se lo metió en el bolso hace siete años. “Apareció el oso, jugué ese torneo donde fui campeón, hice final, semis y me metí por primera vez en mi vida dentro de los cien mejores del mundo. A partir de ahora viaja siempre conmigo. Imaginate que el sueño de todo jugador es meterse Top 100”, cuenta Zeballos, quien fue semifinalista de Copa Davis en 2010 y 2013.

“Me siento como Tom Hanks en “El náufrago”, cuando pierde a Wilson. Nunca lo perdí y siempre que entro a la habitación está ahí. Imaginate que todas las semanas son habitaciones, camas y baños diferentes. Ahora, siempre hay algo que está todas las semanas. Me acuerdo una gira que no lo llevé y no lo veía… Creo que todos los jugadores tienen amuletos, cábalas dentro de la cancha. Los hacemos para tratar que algo más nos dé confianza”.

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“Blanquitooo”, diría Zebolla en la remake de “El Náufrago (?).

– ¿Al peluche, también le hablás?
-A veces le hablo. Aunque sea lo saludo. ¿Qué hacés Blanquito? ¿Todo bien? ¿Qué tal tu vida?
¿De táctica charlan?
-Tanto no, tanto no.

LA POSIBILIDAD DEL DOBLES

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El significado que Zeballos le otorga a sus grandes participaciones en el circuito no es menor. En 2013, aquel partido frente a Nadal lo marcó para siempre, al punto de repetir una y otra vez una frase motivacional. Los octavos de final en Miami hicieron que vuelva a creer en su potencial como singlista y alejara la idea de seguir su carrera exclusivamente como doblista. “Veía que en el dobles, si jugaba un poco más a full, podía estar más metido. Por eso, la idea era intentar un poco más en single y si no me iba bien me dedicaba al dobles, que también me gusta. Ahora lo pospongo un poco y sigo con el mismo criterio que tenía: darle prioridad al single y por el lado del dobles, tratar de mantener un ranking entre los setenta y ochenta”.

Gail Falkenberg: una intrépida abuelita

16 Abr

Tejer un pulóver al crochet, jugar a la canasta mientras disfruta de una empalagosa torta y hacer aqua gym con un grupo de jubilados, no son las actividades corrientes de Gail Falkenberg. Esta “abuelita” estadounidense de 69 años decide ocupar la mayor parte de su tiempo jugando al tenis, deporte en el cual compite profesionalmente, y donde hace unos días venció a una chica de 22 años y enfrentó a una ex número uno del mundo Junior medio siglo más joven que ella.

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Falkenberg preparando su servicio.

Hasta los treinta y tantos años, Gail Falkenberg jamás había tomado una clase de tenis. Es decir que la vecina de Ocala, una pequeña ciudad de la Florida, reconocida en todo el globo (¿) como la capital mundial del caballo, nunca tuvo que sufrir el interminable canasto de pelotas para perfeccionar un golpe. Tampoco tuvo que practicar los diferentes efectos del servicio ante la penetrante mirada de un entrenador que reclama mayor flexión de las rodillas. El camino de la señora Falkenberg no fue el convencional. Recién en 1985, cuando tenía apenas 38 años, disputaría su primer torneo profesional. A los 43 se retiraría, pero antes habiendo alcanzado el puesto 360° del ranking WTA.

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“El Australian Open de 1988 probablemente haya sido el highlight de mi carrera tenística. Aquel año compartí el vestuario con Chris Evert, Martina Navratilova y Steffi Graff. Haber ganado una ronda fue tremendo”, le cuenta a EfectoTenis sobre el único Grand Slam que disputó, donde logró avanzar una rueda de la clasificación.

Previo a su incursión en el tenis de alto nivel, en los sesenta, en la Universidad de California de Los Ángeles, Falkenberg conformó el equipo de tenis y se graduó de Licenciada en Arte y también realizó una Maestría en Bellas Artes. Luego, durante quince años, desarrollaría su carrera laboral dentro de la producción audiovisual. “Después de todo eso, nada más que tenis. Es por ello que tener éxito a tan alto nivel significa muchísimo para mí”, relata Falkenberg, quien de 1991 a 1999, entrenó a hombres y mujeres de la Universidad Central de Florida, en Orlando.

Pero la historia recién está tomando temperatura, cuatro veranos atrás decidió que el mote de tenista retirada no era el indicado para una señorita de su edad y volvió a la actividad profesional disputando Women’s Circuits –el equivalente a los Futures de los hombres-, a través del ingreso que le otorgaba su ranking nacional de la USTA.

“Me sigue gustando. El tenis me mantiene joven”, comenta unos días después de haber terminado una racha de 35 derrotas consecutivas, su última victoria había sido en 1998. El domingo pasado en el Women’s Circuit de Pelham, en Alabama, superó contundentemente a su compatriota Rosalyn Small, de 22 años, por 6-0 y 6-1. “Pensé que ella podía llegar a tener problemas con mi juego de efectos y finalmente los tuvo. Estoy muy satisfecha de haber ganado de esa manera”, aclaró Falkenberg sobre aquel match.

Cuando habla sobre su juego de efectos se refiere a los estilos de saque que ejecuta: de arriba (a lo socia dominguera de un club palermitano) o de abajo, parecido a uno de ping pong. También, todos sus golpes son con mucho slice, efecto que hace que la pelota se deslice sobre la superficie y el pique sea bajo. Además, su vestimenta, al igual que su estilo de juego, ejerce un anclaje con el pasado. Falkenberg juega toda vestida de blanco, de los pies hasta la cabeza. Zapatillas, medias tubo que apenas dejan ver sus rodillas, un pantalón corto amplio, chomba y gorra. Todo inmaculado y al mismo tono.

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La alegría de volver a sentir la satisfacción del triunfo después de dieciocho años hizo valer todos aquellos entrenamientos sobre arcilla y cemento en el (Ricky(?)) Fort King Tennis Center. Ahora tocaba medirse ante Taylor Townsend, actual 389° WTA, ex líder del ranking junior en 2012 y promesa del tenis estadounidense. “Me encantó haber jugado con alguien tan buena como Taylor. Pude ver qué partes de mi juego funcionaron y cuáles otras debo seguir trabajando. Uno solamente puede aprender jugando en el alto nivel”, señalaba Falkenberg luego de haber perdido previsiblemente por 6-0 y 6-0, en 36 minutos de partido, en el cual solo ganó doce puntos.

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Taylor Townsend, la verduga de Gail.

Sin importar este resultado, en el círculo íntimo de este tipo de torneos manejados por la Federación Internacional del Tenis (ITF), Falkenberg es conocida como “The Legend” (La Leyenda). El elogio de sus colegas le llegó a través de Keri Wong (921° WTA), otra tenista estadounidense de 26 años, quien alimentó el ego de esta veterana luchadora.

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A pesar de su particular palmarés, Falkenberg de ninguna manera pierde el optimismo y apunta alto para lo que resta de su juvenil carrera. “Mis objetivos son ganar dos partidos seguidos en el circuito, mejorar y ganar cuando tenga setenta años”, cierra ilusionada “The Legend”.

EL DÍA QUE CASI LE GANA A JENNIFER CAPRIATI

En un evento preclasificatorio para Big Amelia Tournament –torneo que solía integrar el circuito profesional- , donde la ganadora obtendría un wild card para el cuadro principal, Falkenberg enfrentó a Jennifer Capriati. Por ese entonces, la ex número uno del mundo tenía 13 años y, según nuestra veterana protagonista, venía de ganar el campeonato nacional para menores de dieciocho años. Finalmente, en aquel match  disputado en Orlando, Falkenberg perdería 7-6 y 6-4, pero tiene grandes recuerdos. “Para mí era el segundo partido del día, porque esa mañana había vencido en tres sets a la jugadora número uno de la Academia Bollettieri. Estaba cansada, pero probablemente haya sido la mejor jugadora contra la que he jugado”.

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Capriati, campeona de Roland Garros 2001.

Matías Zukas: de Kenia a gritar campeón en su casa

21 Sep

Diez meses antes de ganar el título en el club que lo vio golpear una pelotita de tenis por primera vez en su vida, Matías Zukas transpiraba y transpiraba en la calurosa Mombasa. En diciembre de 2014, el santafesino de 19 años, flamante campeón del Future celebrado en la capital de su provincia, realizaba una intensa pretemporada en Kenia. Tres semanas en tierras africanas significaron una experiencia que mejoró su físico, pero que fortaleció aún más su mente.

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Zukas y el atardecer en el Jockey Club.

En las canchas del Jockey Club de Santa Fe, Matías Zukas grita campeón. En realidad casi no emite una palabra durante el festejo. Simplemente señala una de sus sienes con el dedo índice de su mano izquierda y mira a los suyos. Es su segundo título como profesional y por primera vez logra coronarse en su país. Lo hizo en su ciudad, junto a su gente. Ni la semifinal de la Copa Davis entre Argentina y Bélgica fue un impedimento para que sus allegados decidieran acompañarlo en el court número 3. Para ellos nada era más importante que alentar al Mati en su tarde soñada.

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Luego de vencer en la final al brasileño Joao Sorgi por 3-6, 6-1 y 6-3 sería turno de los saludos a sus familiares y conocidos, las fotos, la premiación y algunas entrevistas con los medios que se acercaron. Todo esto parecía superarlo a Zukas que se movía con vergüenza y timidez, pero al mismo tiempo, con una gran emoción. “Estoy muy contento, ganar en mi ciudad y ante mi gente es algo muy lindo y trataré de disfrutarlo rapidamente, ya que mañana viajo a La Rioja a disputar otro torneo”, decía el actual 734° ATP, quien hasta hace unos meses convivía con las insalubres temperaturas de Kenia. Pero, ¿cómo terminó entrenando en el continente negro?

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Dirk Hordoff. Ése es el nombre propio que explica semejante travesía. Durante 2014, en Roland Garros, cuando Zukas aún era junior, comenzó el contacto con el entrenador alemán y actual manager de tenis.  La semana siguiente a Roland Garros, en el torneo de Offenbach, el ex 14° del ranking ITF ganó el prestigioso certamen para jugadores menores de 18 años. En Wimbledon, Dirk le demostró su interés, quería que el argentino sea uno de los tantos tenistas que representa.  En el US Open cerraron el contrato.

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Zukas y el título en Offenbach donde superó al argentino nacionalizado italiano, Francisco Bahamonde.

La empresa de representación de Hordoff es co-dirigida por dos personalidades de este deporte. Uno es su pupilo y socio, el serbio Janko Tipsarevic; el otro, el ex 5° del mundo y medallista de plata en Atenas 2004, el alemán  Rainer Schüttler. “Cuando vas a Europa tenés lugar y gente para entrenar. Él (Dirk) te maneja todas las cosas. Además de lo económico te consigue invitaciones para los torneos y te ayuda a hacer la pretemporada”, cuenta Zukas refiriéndose a los beneficios de esta asociación que pide a cambio un porcentaje de las ganancias que obtenga el argentino, principalmente cuando se inserte en el mundo Challenger y ATP.

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Hordoff, ¿parecido a Frank Underwood?

Una de las ventajas de esta sociedad es una intensa pretemporada que incluye tres semanas en Kenia y dos más en Doha, capital de Catar. Sitios dispares en los aspectos socio-económicos, pero similares en lo que respecta al clima, donde las temperaturas son extremas, un factor fundamental para encarar el inicio de temporada que comienza en la sofocante Australia.

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LA VIDA EN KENIA

“Fui de un extremo al otro. De ver la gente caminando que llevaba las cosas apoyadas en la cabeza a ir a Doha que es una fantasía donde todo es hotel cinco estrellas”, señala Zukas con el atardecer santafesino de fondo. “Es como se ve en las películas. La mayoría van caminando, las casas son como de barro, chozas. La gente re buena onda. Ibas por la calle y todos te saludaban. Es una zona de extranjeros, pero la gente de ahí es lo mejor, siempre están con una sonrisa”, recuerda el argentino que no tuvo demasiadas oportunidades para ver lo que ocurría fuera de la burbuja del entrenamiento de alta competencia.

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“Fue bastante duro. Primero por el lugar que está aislado de todo, no hay nada. Solo las canchas, la casa, la playa y nada más. También por la exigencia de entrenar con profesionales, con jugadores Top 100. Muy duro, pero lindo”, comenta Zukas, que este año compartió estadía con el serbio Dusan Lajovic (96°) y el alemán Philip Petzchner (35° ATP en 2009).

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Como indicaba el reciente campeón del Future de Santa Fe, en África todos convivían en un mismo predio que contaba con todas las facilidades. “Digamos que es como un quinta grande que tiene tres casas”, dice. En una de ellas vive el encargado, un amigo de Dirk, que está seis meses al año y mantiene las instalaciones. En las otras dos se dividen los jugadores y los empleados keniatas que están atentos a cualquier requerimiento de los tenistas. “Hay varios chicos que laburan ahí, que se encargan del jardín, de regar las canchas, de ir a comprar la comida para preparar el desayuno, almuerzo y cena. Todo el tiempo hay gente sirviéndote para ver si querés algo o no. Todo lo hacen ellos”, aclara en referencia al servicio de los empleados que trabajaban en el caserón Hordoff.

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“A las 9 de la mañana hacíamos una entrada en calor que era como físico, porque eran cuarenta minutos donde hacíamos todo lo que te imagines. Después, dos horas de tenis, comías y tenías un ratito para dormir. A las dos, tres de la tarde arrancabas de nuevo: una entrada en calor muy dura, tenis y físico”, relata con puntillosidad Zukas, que durante esos días trabajaba con el preparador físico de Tommy Haas.

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Atardecer en Mombasa.

A pesar de la alta exigencia física, la mayor dificultad está en soportar mentalmente el aislamiento. “No hay otra cosa que no sea tenis. Es duro porque no tenés nada para hacer, solamente entrenar, comer y dormir. No tenés lugares para visitar, comer o andar. Es solo éso. Duro, pero ayuda en lo mental”, señala Zukas, que hace unos meses también estuvo jugando los interclubes en Alemania, otra prueba de carácter en su camino a establecerse como tenista profesional.

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Durante la última semana, la rutina fue atípica. El contacto con los afectos fue muy diferente al de los meses anteriores. Las charlas no eran por Skype ni por Whatsapp, la tecnología solo sirvió para coordinar los horarios de reunión en el Jockey Club. En Santa Fe, Zukas vivió jornadas distintas que culminaron con un inolvidable título en su tierra.

Keep walking, @matizukas . #FutureSantaFe

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LA VISIÓN DE SU COACH, DAMIÁN PATRIARCA

Luego de terminar su relación laboral con Juan Mónaco, Damián Patriarca decidió que era momento de alejarse del tenis por un tiempo. Estaba cansado. Por eso, después de esa temporada 2013 en la cual trabajó con el ex Top-10, el paranaense se apartó de los aeropuertos para vivir con su novia en Acapulco, donde dirigía algunas escuelitas de tenis. Desde hace un mes trabaja con Zukas, a quien había ayudado el año pasado durante algunas semanas.

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“Es un jugador con mucha proyección, muy habilidoso e inteligente dentro de la cancha, algo que no es tan común en estos momentos donde todo es más físico y de potencia. Está en sus primeros pasos como profesional y hay que aceitar un poco la parte física y mental. Estoy contento por estas primeras semanas y con todas las expectativas para lo que sigue”, dice Damiían Patriarca, ex coach de Juan Mónaco.

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Luis Horna, un deportista de hierro

5 Sep

“Es el momento de empezar a ser una persona normal”, decía Luis Horna en 2009, cuando decidió colgar definitivamente la raqueta. A los 29 años, el nomadismo del circuito y el entrenamiento de alta competencia habían saturado al mejor tenista peruano de los últimos años. Quería tener más tiempo para disfrutar con su familia. Tenía la necesidad de enfocarse en otras cosas. Además, las molestias físicas fueron un condicionante para sentarse en aquella conferencia de prensa realizada durante el Challenger de Lima y, entre lágrimas, comunicar que su carrera profesional ya era parte del pasado. Ahora, cinco años más tarde, el ex tenista de 34 años continúa exigiendo su físico al máximo, incluso más. En el triatlón, Horna encontró la manera de suplir la adrenalina con la que convive un deportista de alto rendimiento. Simplemente, una adicción.

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“En un principio terminé agobiado de todo tipo de competencia y no busqué mucho porque no sentía la necesidad”, le dice Horna, desde Lima, a EfectoTenis. Una vez consumado su retiro, el ex 33° del ranking ATP probó con el golf, donde llegó a tener un hándicap de cuatro y, según sus palabras, “un nivel decente”. A mediados de 2014 ansiaba con encontrar una disciplina que pudiera reemplazar la adrenalina y la competencia que tanto estaba extrañando. Gracias a un amigo de toda la vida ingresó en el universo del triatlón, una actividad que lo desvela.

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Todos los días, a las 3:45 de la mañana, Lucho salta de la cama para correr o pedalear con su grupo de entrenamiento. El objetivo requiere un sacrificio titánico. Competir en el “Iron Man”, una de las competencias de triatlón más exigentes del mundo, no es para nada sencillo. Hasta ahora, Horna compitió en dos medios “Iron Man”, es decir, la mitad del total que comprende la carrera. La primera fue en su ciudad, en Lima, donde tardó 5 horas y 29 minutos. La última, en Manta, Ecuador, donde mejoró su tiempo a 5h 23′.

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“Todo empezó como un hobby, pero este año realmente se convirtió en algo más. Ya tengo metas un poco más altas y me gustaría convertirme en un atleta competitivo a nivel nacional. Tengo muchos años para aprender y muchos kilómetros más que recorrer. Mi meta en medio Iron Man es bajar las cinco horas el próximo año, y para noviembre de 2016 voy por el completo, probablemente en Cozumel”, relata el ganador de dos títulos ATP y del doble de Roland Garros 2008, obtenido con el uruguayo Pablo Cuevas.

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Tres campeones de Roland Garros: Horna, Cuevas y en el centro el ecuatoriano Andrés Gómez.

EfectoTenis: – Nadar, pedalear y correr durante un total de más de cinco horas. ¿Alguna vez pensaste que ibas a hacer esto?

Luis Horna: – ¡Esa es la parte más sorpréndete de todo esto! Cuando jugaba al tenis no destacaba por ser muy fuerte mentalmente hablando. Al contrario fui un jugador que trabajo duro, que le pegaba fuerte a la pelota, pero la cabeza y falta de tranquilidad me jugaba en contra. Ahora me dedico a la disciplina más dura que hay, y una de las cosas en las que más fuerte me siento es en la parte mental (risas).
Ese fue el desafío. Demostrarme a mí mismo que lo puedo hacer.
También, hay un tono familiar en todo esto. Quiero demostrarle a mis hijos que uno puede cambiar y que no solo ganando se triunfa en la vida.

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Su primer título ATP, en Acapulco 2006.

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ET: – Viendo la exigencia de estas pruebas, ¿sos un adicto a la competencia?

LH: – Definitivamente hay un toque de adición en todo esto. No hay forma de cambiar tu vida por completo si no fueras adicto. No sé si es a la competencia… yo no compito con nadie, o mejor dicho compito con esa voz que te dice que ya no puedes más.

Et: – A pesar que en el tenis, por lo general, son menos horas en cancha. ¿Es más desgastante? ¿Desde lo mental, hay otro deporte más duro?

LH: – Es mucho más duro que el tenis. No hay comparación. Es otro tipo de sufrimiento, aparte acá realmente puedes poner en riesgo tu salud, tienes que estudiar, aprender a alimentarte, cuidar tu cuerpo, tu descanso. En fin, son muchas cosas que lo hacen más complejo.

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Lucho, de los que va al gimnasio y hace piernas (?).

Hace cinco años atrás, en aquella emocionante conferencia de prensa, Horna señalaba que era el momento para empezar a ser una persona normal. ¿Lo es ahora? “No tiene nada de normal despertarte todos los días a las 3:45 y juntarte con unos locos a correr o pedalear. Pero qué te puedo decir, llena el espacio que necesitaba  y estoy enamorado de esta disciplina”, concluye el peruano, un verdadero deportista de hierro.

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Luis, Erika y sus tres hijos.

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CoCo, llegó tu hora

5 Jul

La genética debe tener algo que ver en la estadounidense CoCo Vandeweghe. Desde muy pequeña, su habilidad para los deportes fue algo que no sorprendió a la familia. Era natural. A los nueve años, la actual 47° del mundo y reciente octavofinalista de Wimbledon, ya practicaba lucha libre; hasta los quince jugó al básquet y recién a los once incursionó en el tenis. ¿Por qué no sorprendía la ductilidad de esta rubiecita neoyorquina? La mayoría de su familia tiene el instinto “asesino”  que solo llevan en la sangre los deportistas de elite. Su abuelo y su tío fueron basquetbolistas de la NBA, su madre nadadora olímpica y su otro tío jugador profesional de beach vóley. Ahora, es el tiempo de CoCo, que quiere dejar su sello de gloria en la deportiva familia Vandeweghe.

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Por el lado materno, su abuelo, el Dr. Ernie Vandeweghe, fue una de las figuras de los New York Knicks en la década del 50’. Luego de unos años en el mejor básquet del mundo decidió unirse a la Fuerza Aérea estadounidense donde fue físico. Dr. Ernie, junto a Colleen Kay Hutchins, abuela de CoCo que, dicho sea de paso fue Miss America en 1952, cruzaron su excepcional genética para concebir a Kiki, Tauna, Bruk y Heather. El tío de CoCo, Kiki Vandeweghe, es un ex jugador de NBA que también fue manager de los Denver Nuggets y los New Jersey Nets, equipo del cual fue entrenador. Actualmente, el multifacético Kiki es el vicepresidente de las operaciones básquetbolísticas que realiza la NBA. Luego, Bruk fue jugador de beach vóley; Heather, capitana del equipo nacional de Polo de los Estados Unidos y Tauna, la madre de la tenista, compitió como nadadora en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

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La bella Colleen Kay Hutchins, abuela de CoCo.

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Ernie Vandeweghe. / Ph: The New York Times.

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CoCo y Kiki.

Bajo esta atmósfera de súper talentos deportivos, CoCo creció. Obviamente, el deporte no era algo secundario en su vida. La influencia de su familia determinaría su carácter en cualquier disciplina que practicara. “Definitivamente ayudó a mi carrera. Aprendiendo a cómo esforzarte, a cómo manejarte y más viniendo de personas que lo han hecho. Que hablan desde la experiencia. Soy muy afortunada de haber tenido la experiencia de vivir rodeada de ese ambiente desde que era chica hasta ahora”, le decía CoCo a EfectoTenis en febrero, durante la serie de Fed Cup entre Argentina y Estados Unidos disputada en Pilará.

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Video propio de CoCo durante su paso por la Argentina.

A los 9 años, en  Locust Valley, Nueva York, CoCo realizaba lucha libre. En esa –poco habitual- disciplina compartía categoría con su hermano, Beau, un año y medio mayor. Ella, que se autodenomina “robusta”, compartía entrenamiento con su hermano, un “largirucho”. Una interesante nota de la USTA cuenta que CoCo, en dos oportunidades, iba a enfrentar a su hermano. Su madre detuvo la pelea porque “Definitivamente iba a destruir a mi hermano”, comenta la neoyorquina de 23 años, que en esta edición de Wimbledon alcanzó por primera vez en su carrera la segunda semana de un Grand Slam luego de vencer por 6-2 y 6-0 a la australiana Sam Stosur.

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Junto al afamado coach Craig Kardon, ex entrenador de Navratilova y Davenport, entre tantos otras jugadoras. Previo a su partido de tercera ronda de Wimbledon, a CoCo le sangraba la nariz.

Además de la lucha libre, la altísima rubia –mide 1,85cm- disfrutó muchos años jugando al básquet, deporte que por herencia no podía desechar.  “Lo hice cuando era más joven porque mis amigos jugaban al básquet conmigo. En tenis juegas solo y mis amigos no practican tenis. En ese sentido disfruté más de jugar al básquet, pero ahora estoy muy contenta de haber elegido el tenis”, le comenta al blog quien abandonó la pelota naranja a los quince para dedicarse de lleno a su actual profesión. “Me gusta la manera en la cual los sudamericanos y los europeos juegan al básquet. Me gusta más que los estadounidenses porque juegan más en equipo que individualmente”, dice la fanática de los New York Kniks.

Thank God for tennis #StephCurryWithTheShot

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La influencia del básquet  no solo proviene de sus familiares, Phil Jackson, ex jugador y coach que posee un total de 13 anillos de campeón de NBA: dos como jugador con los New York Knicks, seis como entrenador de los Bulls y cinco como entrenador de los Lakers, es uno de sus referentes. La filosofía mental que transmite Jackson fue lo que captó la atención de CoCo, quien leyó su historia. “Leí el libro de Phil Jackson, en realidad me lo dio mi coach, y disfruté de su filosofía mental, cómo se acercó a cada una de las diferentes súper estrellas, tanto cuando estaba en los Bulls y también en los Lakers. Es que hay tantos egos, tantas maneras de pensar y cómo logró unirlos a todos. No es fácil y es sorprendente cómo  lo hizo durante tantos años y después con un equipo completamente diferente”, señala la ganadora de un título WTA, obtenido el pasado año sobre el césped holandés de ‘s-Hertogenbosh.

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Junto al trofeo de campeona en ‘s-Hertogenbosch.

Si decidimos ir a dar una vuelta con CoCo por New York podríamos llevarla a una librería. Habitualmente, durante las giras, lee dos libros a la vez: uno más profundo y otro para simplemente ocupar el tiempo libre. La neoyorquina que reside en Rancho Santa Fe, en California, también admite que suele leer libros “tontos”. Uno de ellos fue el best seller “Maze Runner”, novela juvenil que sirvió como inspiración para la taquillera película estadounidense que se estrenó a mediados de 2014. No todo es filosofía mental, para pasar el rato prefiere las novelas que están de moda, esas que tienen la mejor posición en las vidrieras de los bookshops. “Usualmente leo dos libros a la vez. Uno es más inteligente, más intelectual, mientras que el otro es para irme a dormir. Para relajarme. Disfruto de la lectura. Es una gran manera para que el tiempo pase, porque cuando estás en los torneos no puedes hacer cosas todos los días, especialmente cuando juegas porque tienes que estar preparándote para el día siguiente, para el próximo partido y asegurarte de no gastar energía”, comenta la simpática CoCo, siempre dispuesta a sonreír y a “remar” en las respuestas.

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Durante la entrevista con EfectoTenis. / Ph: Le Tenisse.

Continuando con la lectura, CoCo puede decir que es dueña de un Record Mundial. En una entrevista  admitió que tuvo que leer diez veces la primera página de un libro que un amigo le había regalado. De hecho, no recuerda ni el título. Finalmente, ¿entendió algo? “Todavía estoy leyendo esa primera página”, dice entre risas. “Actualmente (febrero, por ese entonces) estoy terminando ‘Maze Runner’. Me quedan solo veinte páginas. Cuando termine me voy a dedicar al otro”. Buena suerte, Coquito (?).

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¿Vot SÍ?

LA VARA ESTÁ ALTA

“Quiero ser número uno del mundo, ese siempre ha sido mi objetivo”, dice en la conferencia de prensa de Wimbledon, luego de vencer en segunda rueda a Karolina Pliskova, 11° preclasificada en el All England. “Sí, por qué no. Siempre he pensado eso. Es como si saliera a la cancha a jugar un partido pensando que voy a perder. Es un sueño que tengo hace mucho tiempo. Es como ganar un Grand Slam, una medalla dorada, esos son sueños de toda la vida.  Así que quedarse a mitad de camino por cualquier razón me parece estúpido”, manifestó la ambiciosa CoCo Vandeweghe que frente a la checa Lucie Safarova buscará sus primeros cuartos de final en un Major.

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Christo Van Rensburg: el único campeón africano en Buenos Aires

11 Abr

Hurgando en el archivo del ATP de Buenos Aires, la edición de 1995 trae una curiosidad. En aquella oportunidad, el torneo porteño tuvo a su primer y único campeón africano. Su nombre es Christo Van Rensburg, es sudafricano y ganó el dobles junto al estadounidense Vincent Spadea. Además de esta particularidad, Van Rensburg, 19° del ranking en 1988, vivió en primera persona el conflicto del Apartheid y hasta conoció a Nelson Mandela.

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“Estaba viendo qué día sacaría los boletos de avión para volar a casa. Para mí era el último torneo del año. No veía a mis padres desde abril. Había dos vuelos durante esa semana: miércoles a la noche o domingo. La programación salió y nos tocaba jugar el miércoles a la noche. Aunque fuese derrotado, no podría volver a casa. No había tiempo suficiente para tomar el vuelo de vuelta. Había solo una opción, y perder no era esa”, le dice Van Rensburg a EfectoTenis mientras relata aquel triunfo en Buenos Aires que determinaría al único campeón africano en la historia del actual Argentina Open.

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Set de cuchillos que compró en Argentina y que aún sigue usando.

“Ahora estoy descansando con todo el dinero que (Vincent) Spadea me hizo ganar en Buenos Aires, en el 95’ [risas]. También jugué dobles con mi amigo Javier Frana. Nunca perdimos un partido. Así que jugar en Argentina o con un argentino fue muy bueno para mí”, dice con humor el sudafricano de 52 años que actualmente reside en Austin, Texas, donde dirige su propia marca de indumentaria deportiva. En los últimos años de su carrera, Van Rensburg decidió pintar su encordado dibujando una “carita feliz”. Esa simple acción se convirtió en un símbolo identificativo para el sudafricano que más tarde terminaría fundando su empresa de ropa llamada “F-ACE”, en referencia a aquel particular hábito.

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En su raqueta, la carita feliz.

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También tienen una línea de ropa interior que incluye tanguitas (?).

EL APARTHEID Y MANDELA

Nelson Mandela le tiende la mano a Van Rensburg. Madiba, que por aquel entonces era presidente de Sudáfrica, saluda al equipo de Copa Davis de 1996, que hacía unos pocos años había vuelto a la competición luego de ser expulsados en 1979. Una de las últimas series del equipo sudafricano ocurrió en 1974, cuando fueron campeones pero de una manera muy controvertida. En aquella setentosa edición,  los africanos ganaron por primera y única vez el torneo, luego de haber pasado dos series sin haber jugado. Sus rivales, que se oponían a enfrentarlos por su postura ante el Apartheid (sistema de segregación racial que consistía en la división de la población en grupos raciales donde los blancos ejercían la autoridad) abandonaron y Sudáfrica  pasaba de ronda. Así lo hizo dos veces. Incluso en la primera instancia frente a Argentina. En la final, India decidió no participar y así llegó la Ensaladera.

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El equipo sudafricano de Copa Davis campeón en 1974.

Esa fue la única final de la historia de la Copa Davis que no se jugó. Lo político había metido la cola. A fines de los 70’ llegaría la expulsión de Sudáfrica de la Copa Davis, país donde a los negros no les estaba permitido votar, eran obligados a vivir en guetos, se les restringía el acceso a zonas reservadas para blancos y el contacto sexual interracial era un delito. La situación, en el ámbito deportivo, era insostenible.

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Van Rensburg y Mandela, para la mesita de luz.

Volviendo a la foto, Mandela, con las miles de ocupaciones y compromisos que tenía por aquellos momentos, entendió la importancia de la vuelta de la Copa Davis a su país. En un aeropuerto privado donde citaron a los deportistas, el líder político saludó a cada uno de los tenistas, entre ellos, a Van Rensburg, que recuerda aquel instante tan significativo. “Estábamos todos muy entusiasmados. Fue genial tener esos pocos minutos con él. A todos nos hizo sentir importantes y se tomó su tiempo para sacarse fotos con cada uno de nosotros. A nuestras esposas y amigos más cercanos  les estaba permitido presenciar el momento. Nos dio un buen discurso sobre el honor de jugar por tu país”, relata el nacido en Uitenhage, localidad ubicada a 35 kilómetros de Puerto Elizabeth.

Finalmente, en aquella serie frente a la Austria de Thomas Muster –por aquel entonces número uno del mundo-, Sudáfrica ganó y el saludo con Mandela quedó en la retina de Van Rensburg que entiende la importancia de su figura. “Acerca de lo que dice la gente sobre Mandela, él era un hombre fiel a su palabra. Fue la mejor persona para realizar el trabajo que le fue asignado. Era muy difícil hacer que la nación se una, pero él creció en el corazón de muchos sudafricanos blancos. Tampoco estaba asustado por mostrar sus emociones cuando llegó al deporte”, dice Van Rensburg en referencia a la Copa del Mundo de rugby de 1995 ganada por su país y que se convirtió en un hito en el proceso de integración que estaba ocurriendo.

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Christo, contemporáneo a Martín Jaite.

Previo a ese encuentro, en 1992, Sudáfrica sellaría su vuelta a la Copa Davis. Por su inactividad desde su última serie en 1978, los africanos, a pesar de tener grandes jugadores, empezarían desde la más baja categoría: en el grupo tres de la zona europea/africana. Van Rensburg fue el primero en volver a representar a Sudáfrica en la mítica competencia por países. El primero en jugar desde la instauración del Apartheid. El primero en jugar desde que éste dejó de estar en vigor.

“Todos en el equipo estaban bromeando con que “recuerda que si pierdes el primer punto quedarás en la historia como el primero en perder luego de volver a la Copa Davis”. Algo que sabía, era que tenía que ganar el sorteo, porque mis mayores puntos a favor eran el saque y la volea. Todo salió bien.  Lo gané. Cuando el umpire dijo “Sudáfrica al servicio” empecé a temblar de los nervios. Ése significaba el punto más importante que jamás iba a jugar. Mis amigos me miraban. Ellos estaban riendo, sabían que ganaría el partido [por la superioridad ante un inexperimentado rival], pero ese punto era muy grande, por toda la historia que tenía detrás”, recuerda Van Rensburg de aquellos partidos disputados en Túnez donde le ganaron a Camerún, Argelia, Túnez, Senegal y Congo.

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Junto a los hermanos Bryan.

“Recuerdo haber metido el saque en el centro del cuadrado. Era muy sencillo pero por los nervios me ubiqué en el medio de la cancha. Cuando miré, mi rival camerunés tenía diez opciones para pasarme. Fue el peor segundo servicio de mi vida. Wayne Ferreira [compañero de equipo y 6° ATP en 1995] me hubiese pasado con su mano izquierda y con los ojos tapados. Por alguna razón, tal vez como recompensa por haber leído siempre la Biblia y por haber rezado todas las mañanas y tardes, él erró la pelota. Definitivamente fue una ayuda de arriba. Recuerdo cruzar mirada con mi capitán, Keith Diepraam, y los dos sonreímos”.

EL APARTHEID EN SU CASA

“Habiendo sido criado en un hogar y viendo como mis padres trataban a las personas de todos los colores, nunca se me cruzó por la mente que hubiese algún tipo de segregación. Más tarde llegué a entender lo que estaba ocurriendo”, comenta Van Rensburg en relación a cómo se vivía el Apartheid en su propio hogar.

“Teníamos a una mujer negra que me cuidaba cuando mis padres estaban enseñando en la escuela. Hicimos cosas juntos. Los domingos, mi familia siempre comía una pata de cordero. Los lunes, mi madre le asaba otra pata para la mujer y el hombre negro que nos ayudaban dentro y fuera de la casa. Nunca tuve la sensación que fuesen diferentes. Los veía ayudarnos porque mis padres eran profesores y necesitaban una niñera. En mi casa no había un sentimiento de Apartheid”, agrega el sudafricano, ganador de dos títulos ATP.

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Museo del Apartheid, en Johannesburgo.

Con el paso del tiempo, su mente se fue formando y empezó a tomar conciencia de las desigualdades que ocurrían en su país. “Después, cuando fui más grande, sí me di cuenta que no era correcto dejar que las personas de color se sentaran en el fondo del colectivo y que tuvieran asientos diferentes para mirar deportes. Teniendo una gran población de gente negra, lo correcto era traer a Nelson Mandela para que nos una a todos. Leí muchas historias sobre aquellos duros tiempos para la gente de color y lo siento mucho por sus luchas”.