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El medallista sin medalla

19 Ago

Hace aproximadamente un año, durante una mudanza, Javier Frana se ilusionó al escuchar cuatro palabras que venían del otro extremo de su antigua casa. Quien le gritaba era su mujer. “¡Mirá lo que encontré, Javi!”, decía ella. “Vamos, la encontramos”, pensó automáticamente el ex tenista de 49 años. Pero no, el hallazgo de su señora no era el descubrimiento que sospechaba. Una vez más se ilusionaba y recordaba la falta de un objeto que, por estas semanas, todos quieren colgarse en el cuello.
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De izquierda a derecha: Frana, Goran Ivanisevic y Christian Miniussi.

Javier Frana es una persona que no le otorga demasiada importancia a los trofeos que materializan los títulos obtenidos a lo largo de su carrera. Dice que no le gustan los deportistas que viven colgados del recuerdo. De hecho, para graficar este sentimiento, después de haber ganado el primer o tercer título de su carrera -no recuerda con claridad el dato-, la ATP le entregó una copita de vidrio por haber alcanzado ese hito. El trofeo llegó en varios pedazos. El ex tenista argentino no le dio trascendencia, ni siquiera pidió una réplica del mismo.

Siguiendo esta línea de comportamiento, debajo de la cama de su ex casa, en una caja de zapatos guardaba el mayor logro de su carrera: la medalla de bronce obtenida en el doble de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Después de habérsela mostrado a un amigo de su hijo mayor, Frana sintió que era un tanto arriesgado dejarla ahí, tan expuesta. Por eso la cambio de lugar. ¿A dónde? Todavía no lo sabe. Jamás la volvió a ver.

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“En los Juegos Olímpicos de Sidney 2000 vino mi hijo con dos amigos a jugar y estábamos viendo una de las premiaciones. Mi hijo, que por ese entonces tenía 13 ó 14 años, me dijo ‘Papá, ¿le mostrás la medalla a Santi?’”, le cuenta Frana a EfectoTenis en un café de la localidad bonaerense de Pilar.

El actual comentarista televisivo de ESPN es de tomarse silencios largos para continuar sus historias. Tal vez, como producto de su experiencia frente a la cámara, nunca usa la maradoniana (?) muletilla “Ehhh…”. En esos segundos en los que razona simplemente no habla, Frana piensa. El esfuerzo por recordar los momentos con puntillosidad, nos hace dudar si está recordando las cosas que hizo durante aquellos días, en los cuales buscaba la medalla obtenida junto a su compatriota Christian Miniussi. Quién te dice que, en una de esas, la encuentra a través de sus pensamientos.

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“Pasaron los años, abrí la caja y me dí cuenta que la medalla ya no estaba más ahí. ¿Dónde la habré puesto? Me acordé que la última vez que la vi fue cuando se las mostré a los chicos. ¿Dónde la habré guardado? Me acuerdo que había dicho que en ese lugar no la iba a volver a poner”, cuenta el zurdo nacido en Rafaela, Provincia de Santa Fe.

A partir de ese instante, comenzó a inspeccionar cada recoveco de su casa. Lo hacía por zonas. Por ejemplo revisaba las camperas y los pantalones, creyendo que había quedado en un bolsillo. Sin embargo, no la podía encontrar en ningún lado. “Quería mudarme urgente para revisar cosa por cosa. Capaz aparecía en el bolsillo de un short que la guardé creyendo que la había escondido bien. Pero no, me desapareció. No estaba”, cuenta Frana sobre la mudanza que realizó el año pasado.

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Frana, el último argentino que consiguió un título sobre césped. En 1995 ganó Nottingham. 

“Tuvimos robos domésticos, bastante sistemáticos y  los descubrimos tarde. Sobre la medalla, no sabés si de repente lo hizo porque sí o por maldad. Tampoco tiene un gran valor: no es de oro, ni es una alhaja. Su valor es simbólico. Saldrá, qué sé yo, quinientos pesos. Tampoco quiero juzgar, pero es una de las posibilidades”. La otra alternativa que baraja el dueño de 10 títulos ATP (3 en singles y 7 en dobles) es que la haya guardado en una campera que donó o regaló. “Capaz, la persona que lo recibió pensó que era una medalla de un torneo de fútbol y la revoleó”.

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Mientras Frana habla, el frío bonaerense se siente en las mesas externas del café. Dice que no lo sufre, una gruesa campera beige lo protege. Aun así, mientras cuenta la pérdida de su medalla olímpica se frota las manos para generar calor y vuelve a explicar su falta de estima hacia los trofeos. “Siempre admiré a aquellos deportistas que fueron muy grandes, pero no te lo hacen saber. No me gusta el deportista que vive colgado del recuerdo y que todo lo referencia hacia su época. Eso me genera mucho rechazo. Todo lo poquito importante que pude haber ganado como el plato de la final de dobles de Wimbledon, el título de dobles mixto en Roland Garros están guardados. Están puestos muy sutilmente por ahí, pero no tiene una trascendencia”.

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No obstante, la presea de bronce es su cosecha más valorada. Más allá del premio participar en tres Juegos Olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992 y Atlanta 1996) lo ayudó a tener perspectiva en la vida y en el deporte. “Es mágico. Es difícil de explicar porque no solamente es el anonimato, sino entender otras disciplinas. Ponés en contexto tu sacrificio como tenista, que si bien es muy alto, también está bien remunerado. Tenés algo a cambio. Hay otros deportes que hacen un  esfuerzo enorme y es exclusivamente por el amor al deporte, porque económicamente no tienen demasiados recursos”, contaba en el podcast sobre historias del tenis olímpico de EfectoTenis. “La medalla es lo que más sufro, pero la vida va por otro lado”, cierra Frana, el medallista olímpico sin medalla.

El golpe de Juan Martín

10 Ago

“Que placer verte otra vez 
nos decimos sin hablar
hoy todo vuelve a empezar
y será lo que ya fue.” 

Andrés Ciro, Ciro y los Persas.
Durante su vuelta definitiva al circuito, en febrero de 2016, Juan Martín Del Potro eligió esta canción para ingresar al Court Central del ATP de Delray Beach.

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La emoción y el reconocimiento. / Ph: Twitter Tenis Olímpico.

LA PREVIA

“Se cortó la luz y alguien quedó encerrado. Llegamos Los Gladiadores al rescate de Del Potro”
Federico Pizarro, integrante de la Selección Argentina de Handball.

Pocas horas antes de su debut olímpico, Juan Martín Del Potro estaba enclaustrado en un ascensor de la villa olímpica. Ante la imposibilidad de enviar un mensaje por falta de señal, el argentino tuvo que permanecer allí durante cuarenta minutos.

Casi en simultáneo, Novak Djokovic subía una foto a sus redes sociales. En aquella instantánea, el número uno del mundo posaba distendido en el balcón de su departamento en la ciudad de los atletas olímpicos, ubicada en Barra de Tijuca. En otro rincón de la villa, algunos integrantes de la delegación argentina de handball masculino, conocidos como Los Gladiadores, rescataban al tandilense del elevador que había dejado de funcionar por falta de electricidad. “Fue un día que arrancó para el olvido, pero va a terminar inolvidable. Le mando un saludo a los de handball que gracias a ellos pude venir a jugar”, diría Del Potro ese mismo día, cerca de la medianoche del domingo, en la zona mixta y aun emocionado por su victoria impensada ante el serbio.

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AP Photo/ Charles Krupa

EL CONTEXTO

“No soy favorito, pero tampoco quiero ir de vacaciones”
Juan Martín Del Potro, previo a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Ante la comparación inevitable, el contexto del duelo por la medalla de bronce de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 era completamente diferente a lo ocurrido en el Centro Olímpico de Tenis brasileño el pasado domingo, cuando Del Potro superó a Djokovic por 7-6 (4) y 7-6 (2). Cuatro años después del partido disputado sobre el césped sagrado de Wimbledon, el argentino volvió a dar el golpe. Esta vez, a pesar de no haber tenido el aliciente de una medalla, el impacto fue todavía más estruendoso.

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Del Potro con su medalla de bronce obtenida en Londres 2012.

Desde principios de 2014 hasta los primeros meses de la vigente temporada, Del Potro jugó solo catorce torneos. Además, en ese lapso, entró tres veces al quirófano para reparar su muñeca izquierda. Después de la incertidumbre de no saber si volvería a jugar al tenis profesional, participar de sus segundos Juegos Olímpicos fue un regalo a la perseverancia. “Es un premio que me doy a mí mismo después de tanto esfuerzo por haber logrado volver”, le decía a La Nación en su vuelta a la Copa Davis luego de casi cuatro años, durante la victoria argentina en los cuartos de final frente a Italia.

En cambio, Nole, desde esa misma fecha acumuló fundamentos para intentar romper el record de Roger Federer de 17 Grand Slams ganados. En los últimos dos años y medio, el oriundo de Belgrado agigantó su palmarés y se hizo lugar en la historia grande del tenis. Para graficar las animaladas del tenista balcánico, desde 2014 hasta hoy ganó: 14 Masters 1000, 2 Copa de Maestros y 6 títulos de Grand Slam. Inclusive en junio de este año obtuvo Roland Garros, el único Major que le faltaba conseguir en su carrera.

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Nole lleva ganados 12 títulos de Grand Slam, Roland Garros fue el último que consiguió.

Continuando con los records, necesarios para evidenciar el tamaño de las leyendas deportivas, solo André Agassi y Rafael Nadal han podido ganar los cuatro Grand Slams y la medalla de oro olímpica. En su tercera participación en los Juegos, Djokovic tenía el objetivo de sumarse al selecto grupo compuesto por el Pelado  de Las Vegas y el Matador de Manacor. Además, su condición física era inmejorable, sumado a la confianza por haber obtenido el último Masters 1000 disputado en Canadá hace diez días.

EL PARTIDO

“Todos están hablando sobre el drive de Del Potro y obviamente que es excepcional, pero creo que hoy, el revés fue una gran ayuda para esos balazos”
Victoria Azarenka, 7° del ranking WTA.

Del Potro dijo que no se consideraba candidato a una medalla en Río de Janeiro. También remarcó que al entrar en juego lo emocional y lo mental, el que mejor lo supiera llevar, sacaría ventaja. Lo que se olvidó de decir fue que si le iba a pegar a la derecha de la manera en que lo hizo ante Djokovic, cualquier rival iba a tener problemas.

Como decíamos, el drive de Del Potro fue un rayo. No obstante, el revés a dos manos -el golpe que está recuperando luego de sus múltiples operaciones en la muñeca izquierda- ganó intensidad con respecto a los ocho torneos que jugó en 2016. Como decía la bielorrusa Victoria Azarenka en Twitter, el argentino hizo daño con su rendidor revés con slice. Con este tiro, que no exige a su maltratada articulación, pudo bajarle la velocidad de pelota a Djokovic y esperar el momento justo para sacudir los derechazos que edificaron una victoria memorable.

“Esta derrota es dura. No es fácil de asimilar. No es la primera vez que pierdo un partido, pero este torneo es especial”, dijo Djokovic, que se retiró del estadio llorando, demostrando el significado de este torneo dentro de su calendario. “Es una decepción para mí. Pero como amigo y por todo lo que ha pasado por las lesiones me alegro por él”, agregó el europeo, en lo que significó su tercer intento de llevarse el oro en los Juegos Olímpicos, luego de sus participaciones en Beijing, Londres y Río de Janeiro.

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Ph: Twitter Tenis Olímpico.

EL POST

“(Paula) Pareto decía que no hay cosas imposibles. Esto también demuestra lo que ella dice”
Juan Martín Del Potro.

Ese mismo –y eterno- domingo, Del Potro cerraría el día con una sobremesa particular. Algunos integrantes de la “Generación Dorada”, es decir, la Selección Argentina de básquet, también habían terminado su participación nocturna.  En el inmenso comedor olímpico, los “viejitos” del básquet se cruzaron a Delpo, lo felicitaron y recién después volvieron a su mesa.

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Ph: Twitter Tenis Olímpico.

Continuando con los flashbacks que hubo a lo largo de la nota, valiosos para tener perspectiva sobre esta victoria, uno de los que lo saludó en aquella sobremesa fue Emanuel Ginobili. Hace un año y cuatro meses, Juan Martín Del Potro y la estrella argentina de la NBA cenaban en un restaurante de Miami. Por ese entonces, Del Potro había quedado eliminado del Masters 1000 que se disputa en la capital latina de los Estados Unidos. Unos días más tarde se operaría por tercera vez la muñeca izquierda. De una cena a la otra, en poco más de un año, el escenario es bastante diferente.

Post victoria ante Nigeria, Ginobili sonrió y opinó sobre el batacazo que dio su compatriota y amigo. “Obviamente no pudimos ver nada, estábamos entrando en calor. Cuando me dijeron que había ganado no lo podía creer. Muy contento por él, creo que lo va a ayudar a olvidarse del encierro en el ascensor. Es más creo que se va a querer encerrarse para el próximo partido”, bromeó Gino, dos veces medallista olímpico.

EL DÍA SIGUIENTE

“La alarma sonará en 4 horas y 30 minutos”

Cuando Juan Martín Del Potro programó la alarma para el lunes, el despiadado despertador le comunicó que le quedaban por dormir cuatro horas y media. A las 9 de la mañana ya estaba arriba: desayunando y pensando en el partido de segunda ronda ante el portugués Joao Sousa. Lo ganaría ajustadamente, en tres sets, administrando las fuerzas y apretando en los momentos claves. También, cuando se despertó, pensaba en el match de dobles junto a Máximo González, programado para la tarde-noche carioca.

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Volviendo post batacazo. ¿Quién será el colado de fondo? / Ph: Jorge Viale.

“Valió la pena hacer el esfuerzo en el dobles”, dijo después de la derrota ante la pareja española conformada por Rafael Nadal y Marc López. Sin que nadie le preguntara al respecto, él solo se refirió al duelo ante Djokovic. Todavía seguía dando vueltas en su cabeza y en su cuerpo. Jugó ocho sets, tres partidos, en menos de 24 horas. Una montaña rusa de emociones que no le había dado tiempo a sentarse y disfrutar su octava victoria ante un número uno del mundo. “Me cuesta entender mi presente, estar en un nivel tan alto. Es como que la mente la tengo en blanco, no entiendo que después jugué otro singles y un dobles”, cerró Delpo, lleno de confianza luego de dar el golpe de los Juegos.

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Tranca, Delpo. / Ph: Jorge Viale.

MEMORIA TUITERA

Scrollear el perfil de Twitter de Juan Martín Del Potro puede ayudarnos a descifrar sus sensaciones. Las redes sociales son un aliado valioso para encontrar fechas puntuales en su línea de tiempo y contemplar su veloz progreso.

16 de febrero de 2016. Descanso luego de su vuelta al circuito en Delray Beach.

16 de agosto de 2015. Primeros entrenamientos luego de la tercera operación de su muñeca izquierda.

5 de agosto de 2015. Operado veía la medalla como un recuerdo. Ahora tiene la ilusión de colgarse otra en su cuello.

Delpo pasándola bien en un ascensor (?).

Por un tiempo creo que no te quiere cruzar más (?).

 

Podcast: historias del tenis olímpico

3 Ago

El sillón de tu casa espera ansioso la llegada de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Él, que está hecho de pura madera, goma espuma, tela y hasta un poquito de amor (?) muchas veces pasa frío en los feroces inviernos porteños. Sin embargo, este objeto trascendental en la estructura de cualquier living sabe que cada cuatro años, en agosto y durante diecisiete días, numerosas piernas, espaldas, cabezas y culos le darán el cariño que tanto andaba necesitando. En esta era virtual, muchos de estos sillones fueron reemplazados por los smartphones  que, por sus cualidades inalámbricas, alejaron al espectador del televisor. Para aquellos que abandonaron su sofá, futón, sillón o silloncito, hicimos este podcast dedicado a historias del tenis olímpico. Para aquellos que, por momentos, sufren de abstinencia deportiva, tranquilos, el segundo capítulo de Efecto Tenis Podcast los va a reconfortar en el momento y en el lugar que ustedes quieran.

También lo podés escuchar en –> I Tunes.

El colectivo que tomaste en Plaza Italia o, por qué no, en Constitución va a dos por hora. Mientras tanto, un periodista televisivo ya repasó las historias más interesantes de la jornada olímpica. Ese, justamente ese, es un buen momento para escuchar el podcast de Efecto Tenis. Si lo hacés, tu recorrido va a tener su punto de partida en la localidad bonaerense de Pilar, junto a Javier Frana. Desde un café ubicado en los márgenes de la Autopista Panamericana, Frana, medallista en Barcelona 1992 y actual comentarista de ESPN, describe puntillosamente la diferencia entre el tour profesional y un Juego Olímpico. La claridad de sus conceptos y su familiar voz ayudan a entender por qué son mundos completamente distintos.

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Junto a Javier Frana en un café de la localidad de Pilar. 

Después volarás hasta el Caribe, más precisamente hasta Bridgetown, la capital de Barbados, donde conocerás la historia de Darian King, el primer tenista de este país que participará de unos Juegos Olímpicos. El Rey de Barbados –como fue apodado en el podcast-, de 24 años y 164° del mundo,  relata sus comienzos en el tenis, es decir, cómo y por qué eligió un deporte con tan poca tradición en su país.

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A la izquierda, un sonriente Darian.

El cierre de este segmento (o viaje) que dura apenas 21 minutos está a cargo de un ranking que recuerda a todos los tenistas argentinos que lograron colgarse una medalla en algún Juego Olímpico.

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La producción, conducción y posterior edición del podcast es de Julián Polo, es decir, el humilde servidor que está tecleando este post utilizando solo sus dos dedos mayores (a lo nonagenario tech). Por último, las artísticas y los doblajes están a cargo del talentoso Franco Basso.


Blooper: a los treinta segundos nos olvidamos de grabar.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches

4 Jul

Apretujado en un subte repleto de personas que vuelve del centro en hora pico, mientras corrés o levantás alguna mancuerna en el gimnasio, cuando estás clavado en el carril rápido de la Avenida General Paz, o simplemente tirado en un sillón bien mullido. Efecto Tenis Podcast llegó para combatir el aburrimiento. En este espacio que se incorpora al blog, vos elegís cuándo y dónde nos escuchás.

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A pesar de que el formato tiene más de una década, durante los últimos años los podcast han aumentado su número de seguidores. La superpoblación de smartphones, la facilidad para descargar y usar las aplicaciones, el internet móvil y wi-fi, sumado a la adicción por el uso del celular fue un combo explosivo que ayudó a la implementación de esta modalidad ondemand. Además, esta especie de programas de radio grabados y editados es una comunicación alternativa a lo que nos ofrecen diariamente los medios masivos.

Pero, ¿qué es un podcast? Es un archivo multimedia (en este caso de audio, pero también puede ser en video) que lo reproducís de manera online o lo descargás en tu celular, computadora, tablet u otro tipo de dispositivo que utilices.

¿De qué se trata y quiénes lo hacen? En el caso de Efecto Tenis Podcast, la idea fue respetar el estilo del blog, es decir, contar historias originales del ambiente. Después de unos cuantos meses de producción, realización, edición y difusión (todo con c/sión), Julián Polo y Mariano Molaguero dan comienzo a este podcast mensual.

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En esta primera edición que dura menos de veinte minutos, viajaremos hasta África para conocer a dos tenistas de ese continente.

– Hassan Ndayishimiye es un tenista burundés que en 2012 alcanzó el 27° puesto del ranking junior. El africano de 21 años relata cómo fue el camino que lo llevó desde la villa de Swahili, en las afueras de Bujumbura, la capital de Burundi, hasta la Universidad de Troy, en los Estados Unidos.

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– También conoceremos Christo Van Rensburg, el primer jugador sudafricano en participar la Copa Davis luego de la suspensión de este país por el conflicto del Apartheid. Además, este ex tenista de 53 años es el único campeón africano del ATP de Buenos Aires.

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Y, ¿dónde lo puedo escuchar?

  • Souncloud, que también tiene una app disponible en los markets de Android y Apple.
  • Ivoox, que también tiene una app disponible en los markets de Android y Apple.
  • Spreaker, que también tiene una app disponible en los markets de Android, Apple y Windows.
  • I Tunes: entran y simplemente nos buscan en la app que está disponible en cualquier dispositivo Apple.

Además, pueden utilizar este Feed RSS que sirve para ser copiado y pegado en sus apps favoritas de Android, por ejemplo, Castbox o Podcast Addict. Luego de ingresarlo, como por arte de magia les aparecerá el canal del podcast. Allí, los capítulos podrán ser escuchados online (si tienen conexión a internet) o ser descargados.

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Desde Wimbledon, los tenistas ya nos están escuchando. / Ph: Sergiy Stakhovsky 

AGRADECIMIENTOS

  • A Joaquín Musta Torres que plasmó su arte en esta ilustración sensacional inspirada en la película The Royal Tenenbaums.
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  • A Franco Basso, el encargado de ponerle voz a las locuciones de los separadores y a los doblajes en neutro.

EFECTO TENIS EN TUIRAH

En este lavado de cara que propone el blog, nos amigamos con las redes sociales y sumamos una cuenta de Twitter. Además de la difusión del contenido publicado aquí, nos haremos eco de los videos virales del ambiente (que tanto nos gustan a todos), mostraremos contenido in situ y recomendaremos material de otros medios.

Gail Falkenberg: una intrépida abuelita

16 Abr

Tejer un pulóver al crochet, jugar a la canasta mientras disfruta de una empalagosa torta y hacer aqua gym con un grupo de jubilados, no son las actividades corrientes de Gail Falkenberg. Esta “abuelita” estadounidense de 69 años decide ocupar la mayor parte de su tiempo jugando al tenis, deporte en el cual compite profesionalmente, y donde hace unos días venció a una chica de 22 años y enfrentó a una ex número uno del mundo Junior medio siglo más joven que ella.

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Falkenberg preparando su servicio.

Hasta los treinta y tantos años, Gail Falkenberg jamás había tomado una clase de tenis. Es decir que la vecina de Ocala, una pequeña ciudad de la Florida, reconocida en todo el globo (¿) como la capital mundial del caballo, nunca tuvo que sufrir el interminable canasto de pelotas para perfeccionar un golpe. Tampoco tuvo que practicar los diferentes efectos del servicio ante la penetrante mirada de un entrenador que reclama mayor flexión de las rodillas. El camino de la señora Falkenberg no fue el convencional. Recién en 1985, cuando tenía apenas 38 años, disputaría su primer torneo profesional. A los 43 se retiraría, pero antes habiendo alcanzado el puesto 360° del ranking WTA.

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“El Australian Open de 1988 probablemente haya sido el highlight de mi carrera tenística. Aquel año compartí el vestuario con Chris Evert, Martina Navratilova y Steffi Graff. Haber ganado una ronda fue tremendo”, le cuenta a EfectoTenis sobre el único Grand Slam que disputó, donde logró avanzar una rueda de la clasificación.

Previo a su incursión en el tenis de alto nivel, en los sesenta, en la Universidad de California de Los Ángeles, Falkenberg conformó el equipo de tenis y se graduó de Licenciada en Arte y también realizó una Maestría en Bellas Artes. Luego, durante quince años, desarrollaría su carrera laboral dentro de la producción audiovisual. “Después de todo eso, nada más que tenis. Es por ello que tener éxito a tan alto nivel significa muchísimo para mí”, relata Falkenberg, quien de 1991 a 1999, entrenó a hombres y mujeres de la Universidad Central de Florida, en Orlando.

Pero la historia recién está tomando temperatura, cuatro veranos atrás decidió que el mote de tenista retirada no era el indicado para una señorita de su edad y volvió a la actividad profesional disputando Women’s Circuits –el equivalente a los Futures de los hombres-, a través del ingreso que le otorgaba su ranking nacional de la USTA.

“Me sigue gustando. El tenis me mantiene joven”, comenta unos días después de haber terminado una racha de 35 derrotas consecutivas, su última victoria había sido en 1998. El domingo pasado en el Women’s Circuit de Pelham, en Alabama, superó contundentemente a su compatriota Rosalyn Small, de 22 años, por 6-0 y 6-1. “Pensé que ella podía llegar a tener problemas con mi juego de efectos y finalmente los tuvo. Estoy muy satisfecha de haber ganado de esa manera”, aclaró Falkenberg sobre aquel match.

Cuando habla sobre su juego de efectos se refiere a los estilos de saque que ejecuta: de arriba (a lo socia dominguera de un club palermitano) o de abajo, parecido a uno de ping pong. También, todos sus golpes son con mucho slice, efecto que hace que la pelota se deslice sobre la superficie y el pique sea bajo. Además, su vestimenta, al igual que su estilo de juego, ejerce un anclaje con el pasado. Falkenberg juega toda vestida de blanco, de los pies hasta la cabeza. Zapatillas, medias tubo que apenas dejan ver sus rodillas, un pantalón corto amplio, chomba y gorra. Todo inmaculado y al mismo tono.

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La alegría de volver a sentir la satisfacción del triunfo después de dieciocho años hizo valer todos aquellos entrenamientos sobre arcilla y cemento en el (Ricky(?)) Fort King Tennis Center. Ahora tocaba medirse ante Taylor Townsend, actual 389° WTA, ex líder del ranking junior en 2012 y promesa del tenis estadounidense. “Me encantó haber jugado con alguien tan buena como Taylor. Pude ver qué partes de mi juego funcionaron y cuáles otras debo seguir trabajando. Uno solamente puede aprender jugando en el alto nivel”, señalaba Falkenberg luego de haber perdido previsiblemente por 6-0 y 6-0, en 36 minutos de partido, en el cual solo ganó doce puntos.

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Taylor Townsend, la verduga de Gail.

Sin importar este resultado, en el círculo íntimo de este tipo de torneos manejados por la Federación Internacional del Tenis (ITF), Falkenberg es conocida como “The Legend” (La Leyenda). El elogio de sus colegas le llegó a través de Keri Wong (921° WTA), otra tenista estadounidense de 26 años, quien alimentó el ego de esta veterana luchadora.

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A pesar de su particular palmarés, Falkenberg de ninguna manera pierde el optimismo y apunta alto para lo que resta de su juvenil carrera. “Mis objetivos son ganar dos partidos seguidos en el circuito, mejorar y ganar cuando tenga setenta años”, cierra ilusionada “The Legend”.

EL DÍA QUE CASI LE GANA A JENNIFER CAPRIATI

En un evento preclasificatorio para Big Amelia Tournament –torneo que solía integrar el circuito profesional- , donde la ganadora obtendría un wild card para el cuadro principal, Falkenberg enfrentó a Jennifer Capriati. Por ese entonces, la ex número uno del mundo tenía 13 años y, según nuestra veterana protagonista, venía de ganar el campeonato nacional para menores de dieciocho años. Finalmente, en aquel match  disputado en Orlando, Falkenberg perdería 7-6 y 6-4, pero tiene grandes recuerdos. “Para mí era el segundo partido del día, porque esa mañana había vencido en tres sets a la jugadora número uno de la Academia Bollettieri. Estaba cansada, pero probablemente haya sido la mejor jugadora contra la que he jugado”.

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Capriati, campeona de Roland Garros 2001.

James Ward maduró a las piñas con un argentino

20 Nov

Al ver caminar a James Ward por los pasillos de El Clú, sede del Challenger de Buenos Aires, lo único que nos llama la atención es su vestimenta. Medias con lunares celestes, chomba floreadas o con extravagantes estampados son algunos de los diseños que la marca británica Ted Baker (conocida por su ropa informal) le prepara a su embajador deportivo. Sin embargo, en poco menos de dos semanas, este fashion (?) inglés de 28 años será el quinto jugador de su nación en la final de la Copa Davis. Del 27 al 29 de noviembre, Gran Bretaña y Bélgica se enfrentarán para decidir quién será el nuevo campeón de la denominada Copa Mundial de tenis. Por ese motivo, Ward estuvo en Argentina. El lungo tenista buscaba aclimatarse al polvo de ladrillo. La serie definitoria será en Ghent y los belgas, comandados por David Goffin, eligieron utilizar como superficie la arcilla, el suelo que Andy Murray -actual 2° del mundo y máxima figura británica- menos disfruta. A pesar de esta relación esporádica con nuestro país, Jamie tiene un pasado celeste y blanco. Algunos años atrás, Diego Visotzky, luchador de MMA (Artes Marciales Múltiples), fue su preparador físico en Londres. El cordobés lo moldeó a los golpes.

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“Por eso estoy en Argentina. De otra forma no estaría aquí”, le dice con una sonrisa Ward a EfectoTenis. “Está bueno porque uno necesita practicar sobre polvo de ladrillo, tienes que acostumbrarte a esta superficie, aunque las condiciones en Sudamérica son muy diferentes a las que habrá en Bélgica. Es cuestión de moverte de nuevo sobre el polvo de ladrillo, para tener las mejores chances si es que llego a jugar la final”, aclara el 155° del mundo, que durante la última semana perdió terreno con el joven Kyle Edmund, flamante campeón de la Copa Fila y segundo singlista británico.

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Colección completa de James Ward aquí. Quiero todo.

Según la biografía que entrega la página de la ATP, la superficie predilecta de Ward es el polvo de ladrillo. “Tal vez no es mi superficie preferida en este momento porque  actualmente no estoy jugando demasiado sobre arcilla, pero estuve cuatro años y medio en Valencia”, comenta en referencia a su estadía en la Academia de Juan Carlos Ferrero, ex número uno del mundo, donde aprendió a hablar español tan bien que en Buenos Aires, a veces, creen que es un digno habitante de la península ibérica.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=zoxSbvDbY1I&feature=youtu.be]

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Ph: Sergio Llamera.

La decisión de irse a entrenar a España fue condicionada por la situación económica familiar. Su padre, Jim, desde hace muchísimos años es taxista. Ward, originario de Euston, zona céntrica de Londres ubicada a 12 millas de Wimbledon, no proviene de una familia acomodada. “En Inglaterra es igual que en Argentina. Es un deporte elitista y todas las cosas son muy caras, especialmente porque Londres es un lugar muy caro para vivir y para jugar al tenis. Por eso me fui a España, donde estuve durante algunos años. Después volví y estoy viviendo nuevamente en Londres. Es duro, pero creo que muchos jugadores del tour provienen de entornos muy normales. No siempre son chicos que tienen mucho dinero, así que estoy en la misma situación que otros tenistas”, aclara Ward, que tuvo su mejor posición en el ranking en julio de este año cuando fue 89° del mundo, luego de alcanzar la tercera ronda en el césped del  All England.

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James y el taxi cab de su padre Jim.

Como el mundo es un pañuelo (?) y siempre hay un argentino metiendo la cola, en aquella experiencia en España, Ward entrenaba con Javier Capitaine, un reconocido preparador físico cordobés. Capitaine, quien trabajó con Sharapova, Coria, Nalbandian, Dimitrov, entre otras figuras, también entrenó a su coterráneo Diego Visotzky. Este luchador que fue campeón mundial de la World Boxing Union, bronce en el Mundial de Jiu-Jitsu de 2001 y múltiple campeón argentino en esta misma disciplina, también es preparador físico.

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El Toro Diego Visotzky.

Ward necesitaba un especialista que mejore su espigada figura y que, sobre todo, fortalezca su inestabilidad mental. Capitaine le recomendó a Visotsky. Ambos empezaron a chatear por el ahora obsoleto Messenger y allí definieron un primer encuentro en Londres. “Más allá de haber charlado por MSN, cuando llegué a Londres me senté con él y estuvimos un rato largo hablando. Conversé mucho con Capitaine y con el papá de James, que fueron los que más o menos me fueron dando las consignas sobre lo que debíamos trabajar. Fueron tres meses donde progresó muchísimo y cambio varias cosas, sobre todo en su actitud hacia al entrenamiento que era lo que más le hacía falta”, le explica a EfectoTenis el Toro Visotsky, que preparó atletas del área de combate, pero también trabajo en otros deportes, eso sí, nunca antes en el tenis.

Cheering for my mate James Dino Ward... great win 2day my friend, i forgot how stressfull is to watch you play hahahahaha... thanx 4 everything mate!!!
Visotsky siguiendo atentamente a Ward durante su participación en el Challenger porteño.

“Además de nunca haber entrenado un tenista, jamás me gustó el tenis ni me llamó la atención. Como coach uno tiene que entender ciertos aspectos metodológicos del deporte y a partir de allí podés empezar a entrenar a una persona”, señala el argentino que trabajó con Ward durante tan solo tres meses. Ese trimestre, que se vio interrumpido por un asunto personal que implicaba la tenencia de su único hijo, realmente marcó la personalidad del inglés. “Cuando llegué, él no era de entrenar mucho. En el juego, apenas se le complicaba o le daban vuelta el partido, se venía abajo mentalmente y terminaba perdiendo por ese motivo. Entonces empecé a hacer un estilo de trabajo que los luchadores estamos muy acostumbrados, y por lo que vi en el ambiente del tenis, la preparación física es bastante light. Empecé a exigirlo. Que el cuerpo no dé más y que siga adelante más por la cabeza que por el cuerpo. Combiné muchos ejercicios propios de los luchadores, pero que eran beneficiosos para el tenis. Le gustó mucho ese tipo de laburo”.

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Ph: Sergio Llamera.

Inclusive, la dupla britiargentina (?) realizó numerosos entrenamientos bajo la lluvia, donde se enchastraban y embarraban. “Él, que es el típico tenista inglés todo punta en blanco, lo embarré y revolqué por todos los parques de Londres. Al principio le chocaba, pero después le encantó. Cada vez que llovía me decía de ir a entrenar al parque”, cuenta con humor este luchador que compitió en Estados Unidos, Japón, Rusia, Costa Rica, entre otros países.

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Sin embargo, el Toro no se detuvo ahí. Su metodología desacartonada e innovadora para el ambiente empezó a surtir efecto en Ward. Sacarlo de la rígida estructura que lo había acompañado toda la vida fue beneficioso. De hecho, en varias oportunidades el  europeo se comió un par de piñas. “Muchas veces le puse los guantes y lo subí a la jaula, al ring, y guanteábamos. Por un lado para que saque la cabeza del entrenamiento típico. Obviamente que no le pegaba fuerte, pero lo exigía. Lo sacaba de su zona de confort y lo ponía en situaciones que no le gustaban nada y que se la banque”, explica el cordobé, que veía en estos ejercicios una faceta recreativa y didáctica. “No era una lucha real. Te podés imaginar que si peleamos en serio lo mato. Es como si jugáramos al tenis… yo no tengo ni idea. Un par de veces, boludeando, le metí palancas o lo estrangulaba”.

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Ph: Sergio Llamera.

Durante esos tres intensos meses, Visotzky lo acompañó por el tour donde no pasaba desapercibido. Imaginen un mastodonte vestido de luchador, lleno de cicatrices, con las orejas deformadas por las peleas dando vueltas por los “paquetes” clubes europeos. No era normal. “La verdad que era como un sapo de otro pozo. La gente me miraba como si fuera otra cosa. Muchos le preguntaban a James sobre mí. En el entorno se hablaba del tema. Un día, James cayó con un montón de ropa y me dijo ‘Tomá, tenés que empezar a vestirte como tenista para no llamar tanto la atención’”.

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En plena lucha. De verlo ya me duele (?).

Lejos de sentirse intimidado por el qué diran tenístico, Visotzky  estaba convencido de su método de trabajo. “A mí no me importó demasiado cómo era el ambiente y cuán diferente era al estilo mío. Me contrataron para hacer un trabajo que consistía en hacer un cambio de actitud y de cabeza, sumado a que mejore a nivel físico. Obviamente que sobre lo técnico no tenía ningún tipo de influencia, pero asimismo en sus entrenamientos de tenis le modifiqué un montón de aspectos metodológicos que lo beneficiaron muchísimo”, comenta el Toro.

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A pesar de la insistencia de James y Jim Ward, que le prometían el oro y el moro para que se establezca en tierras inglesas, Visotzky  volvió a las sierras de su provincia para hacerse cargo de su hijo. Tres años después, el contacto es cada vez más esporádico, pero Ward le sigue pidiendo ayuda. Algunos meses atrás, el tenista le encomendó la preparación de un régimen alimenticio. “No solamente progresó durante esos meses. Por ejemplo, este último fin de semana (en referencia al Challenger de Buenos Aires) estuve con James, y  Leon (Smith, capitán del equipo de Copa Davis de Gran Bretaña) me decía que realmente le quedaron secuelas muy importantes de ese cambio de actitud y cabeza que le di en aquel momento”. Mientras que con orgullo remata: “Fue una educación más que un entrenamiento de tres meses. Fue un cambio que lo ayudó para mejorar en su carrera”. Juzgando por sus resultados podemos aseverar que definitivamente Ward aprendió. A las piñas y a los golpes, pero aprendió.

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El capitán Leon Smith, Visotzky  y Ward en El Clú.

WARD Y SU “FANATISMO” POR TAYLOR SWIFT

“No, son estupideces. Fue una broma”, explica Ward en referencia a su supuesto fanatismo por la música de la cantante estadounidense Taylor Swift. Pero, ¿cómo creció este rumor?  Andy Murray fue el culpable. “A fin del año pasado, cuando estábamos entrenando juntos en Miami, todos los días su canción sonaba en la radio una y otra vez. Al final de la semana nos aprendimos la letra y la cantábamos. Después, cuando Andy fue a Wimbledon, le dijo a todos los periodistas que mi cantante preferida era Taylor Swift. Él lo dijo y todos le creyeron. Es una cagada (shit) para mí”, aclara Ward, que quiere distanciarse de los gustos clásicos de un teenager.

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Andy Murray (left) and James Ward during practice on day Five of the Wimbledon Championships at the All England Lawn Tennis and Croquet Club, Wimbledon. PRESS ASSOCIATION Photo. Picture date: Friday July 3, 2015. See PA Story TENNIS Wimbledon. Photo credit should read Mike Egerton/PA Wire. RESTRICTIONS: Editorial use only. No commercial use without prior written consent of the AELTC. Still image use only - no moving images to emulate broadcast. No superimposing or removal of sponsor/ad logos. Call +44 (0)1158 447447 for further information.

Ph: Mike Egerton/PA Wire.

 

El regreso fue arriba de un camión

16 Nov

La espera en la ostentosa (?) terminal de ómnibus de la ciudad de Azul no es habitual. El micro de la empresa Plusmar  (obviamente no es PNT) debería haber llegado hace diez minutos. La impuntualidad, una recurrente cualidad en los argentinos, llamativamente no es un hábito en los micros de larga distancia. Impaciente, me dirijo a la oficina de la compañía que tenía que recorrer 300 kilómetros para llevarme de vuelta a la Ciudad de Buenos Aires, luego de cubrir la 19° etapa del Tour Profesional de la Asociación Argentina de Tenis celebrado en el Club de Remo de Azul.

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– Disculpame, ¿sabés qué pasó con el Plusmar de las 15:20 que va a Retiro?
– Hoy no sale ningún Plusmar – responde el cincuentón hombre desde atrás de la ventanilla.
– Mirá, te muestro el ticket.
– Ah, sí, te lo imprimieron mal. El tuyo se fue hace diez minutos. Era el violeta, el Jet Mar. Se equivocó la empresa de interné, pibe.
– ¿Y cómo lo podemos solucionar?
– No es nuestra responsabilidad.

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La Catedral de Azul.

Haciendo malabares al cargar una mochila, un bolso donde está mi ropa, un diario La Nación que lucía la trágica tapa de los atentados en Francia y una botella de agua recalentada, me acerco a otra ventanilla. Allí me explican que, en estos casos, la única forma de alcanzar al bendito micro violeta es tomarse un remis hasta el peaje de Parish, pueblito ubicado a 40 kilómetros de Azul. Ellos, haciéndome una gauchada y nunca asumiendo el error, llamarían a la oficina del peaje para que le comuniquen al chofer del ómnibus que un pasajero estaba en camino y que lo esperaran diez minutos.

“Dale, pibe, metele que no llegás”, fue el amistoso y motivador consejo del azuleño. A metros de distancia, un destartalado y abollado Renault 12 plateado me esperaba. Ofuscado por el pensamiento lateral de por qué La Nación hace su periódico tan grande, le explico la situación al remisero. Sentado en una silla que dejaba ver los pedazos de goma espuma amarilla, el canoso hombre argumentaba que a más de 90 kilómetros por hora no podía ir.  Puteo, pero vislumbro la llegada de un modernoso Volkswagen y no dudo un segundo en romper el acuerdo con el dueño del obsoleto auto.

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A 130 kilómetros por hora, la denominada Ruta Nacional (de la muerte) N°3 es el lugar propicio para entablar una amistad con Pucho. El intrépido remisero tiene 73 años. Durante 36 trabajó como camionero. A los 55, cuando se jubiló, decidió comprarse un remo, como él llama a su herramienta de trabajo, para acompañar el ingreso de su jubilación. La ruta es su terreno y lo conoce a la perfección. Escondiendo su mirada detrás de unos oscuros anteojos de sol, Pucho escucha con atención mi historia y también cuenta la suya. Pasaron veinte minutos y después de una curva cerrada veremos el peaje y al bendito micro violeta. Yo no lo encuentro. Pucho tampoco. El ómnibus no está. Jamás esperó.

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Con el auto aún en movimiento apoyo mi pie derecho en el caluroso asfalto. La rueda trasera derecha del remo de Pucho sigue girando e impacta en mi tobillo. Por suerte se detiene y no lo aplasta. Algo preocupado, pero con la aspiración de alcanzar el micro, cruzo la ruta y camino al trotecito hasta la oficina. Explico la situación. Un empleado que lucía un chaleco amarillo me comunica que ellos le avisaron, pero el chofer no esperó. “Capaz nos dijeron mal el número de coche”, explica. Decidido a aclarar los tantos, Pucho baja de su Volkwagen. El empleado, fluorescente por su vestimenta, lo reconoce y ambos se abrazan. Son vecinos. Viven a la vuelta.

– Pucho, ¿sabés qué podemos hacer? Llamo a la policía caminera de Cacharí y le digo que frenen a este micro violeta y que te esperen – explica el del peaje señalándome, mientras llama al puesto de control montado a 18 kilómetros de distancia.
– Gracias, querido. Vamos, pibe. Subí adelante – me dice con tono de abuelo que le da una nueva libertad al nieto.

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A toda máquina seguimos abriendo camino. Sobrepasamos varios camiones y autos hasta que llegamos a otra curva que decidirá mi suerte, si es que, a esa altura, podemos aseverar la existencia de la misma. Un frondoso bosque impide ver al puesto de control de la pequeña localidad bonaerense. Al pasar el conjunto de árboles no evidenciamos ningún rastro de un ómnibus violeta. El micro no está y, a esa altura de la tarde, ya no sé qué hacer.

Pucho toma el mando de la situación. Me indica que espere en el auto. Él baja a charlar con los uniformados (?). Unos pocos minutos después vuelve y me explica mis dos posibilidades. Una es volver a Azul y tomarme el próximo micro que pasa a las ocho de la noche y es el denominado “lechero”, es decir, aquel que se detiene en todos los pueblos a subir y bajar pasajeros. La otra opción es que los policías me consigan un alma caritativa que me acerque a destino. Mientras evalúo la alternativa de subir al auto o camión de un desconocido, por el rabillo del ojo observo que los policías ya estaban deteniendo el tránsito.

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En el puesto de control de Cacharí.

“Vos ya sabés donde encontrarme. Estoy todos los días en la terminal. Cuando vuelvas a cubrir un torneo de tenis nos comemos un asado”, me dice Pucho y nos abrazamos brevemente. Con el bolso, la mochila, el diario La Nación y el agüita en mano espero al costado de la ruta. Después de tres negativas, el cuarto camión frena en la banquina. Al trotecito me pongo a la par, saludo desde lejos a los caritativos “canas” y abro la puerta del enorme Ford Cargo blanco. A Capital Federal volveremos a dedo.

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La espera en el remis.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………- Soy Hernán y ¿vos?
– Julián, ¿cómo va? Gracias por llevarme, viejo.

Hernán tiene 30 años y es de Moreno, localidad del oeste bonaerense. Después de unos minutos de charla, me doy cuenta lo prejuicioso que he sido con el rubro de los camioneros a los que erróneamente había imaginado y catalogado. Hernán, que mensualmente hace 17.000 kilómetros y trabaja dieciséis horas por día, no se come las eses, no putea, su vocabulario es amplio y, por lo que enamoradamente cuenta, no engaña a su mujer. La conversación fluye. Durante las tres horas de viaje recorreremos los detalles de su mundo: desconocido e impensado para mí.

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Hernán y una tarde soleada.

El modernoso camión que en once meses de vida caminó 164.000 kilómetros, todos los días realiza el mismo recorrido en el cual lleva 30.0000 kilos de piedra.  De Moreno a Olavarría. 700 kilómetros diarios para ir a buscar piedra a la principal cantera de la ciudad situada en el centro de la Provincia de Buenos Aires. La rutina podría volver loco a cualquiera, pero a él, su trabajo le encanta. “Te tiene que gustar, sino fuiste. Son dieciséis horas viajando por día. Arriba del camión no tenés vida, pero para mí, la vida es esto”, me cuenta mientras maneja y ceba unos mates dulces. “Me gustan los fierros, la calle y ésto es la calle… Ni en pedo podría estar en una oficina. De hecho, muchas veces no vuelvo a casa por tres días”, explica Hernán.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nK56lqASKtA&feature=youtu.be]

Desde los quince años que está arriba de un camión. Primero fue ayudante de su primo, después empezó a hacer algunos viajes como chofer. En el 2003 se compró su primer truck, un rastrojero que no tenía ni motor, pero que, dándose un poco de maña, lo pudo arreglar. A partir de ahí siempre fue progresando e invirtiendo en un mejor vehículo. Desde enero, cuando financió el Ford Cargo, él  es su propio jefe. Eso lo hace feliz.

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En nuestro trayecto, Hernán analiza su vida conmigo, como si fuese su psicólogo. Por mi parte aprovecho a hacer lo mismo. Ambos sacamos conclusiones, hasta que un camión nos pasa a toda velocidad por el carril contrario y por poco no choca con otro que venía de frente (está filmado en el video). “Esto pasa tres veces por día”, dice y me explica por qué la Ruta Nacional N°3 es denominada la “ruta de la muerte”.

La mayoría de los pesados vehículos que transitan la autovía cargan miles de kilos de piedra o cemento. Muchos de los choferes, por hacer unos “mangos” más, se exceden de los 45.000 kilos que cada camión tiene permitido. El sobrepeso erosiona la uniformidad del asfalto, lo que genera desniveles, un potencial causante de accidentes. Además, para no dañar “la máquina”, los choferes van más despacio  y, de esa forma, es imposible para los autos pasar los incontables camiones que se acumulan. En el afán por conseguirlo, los cálculos en las distancias fallan.

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Dejando atrás todas las (muchas irreproducibles) anécdotas, el atardecer sirve de despedida. Llegamos a la rotonda de Cañuelas, donde mi hermano me pasará a buscar por una estación de servicio. El saludo promete un nuevo encuentro. Sin embargo, a la historia le queda un breve capítulo más.

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Al bajar del altísimo camión que reemplazó al micro violeta, a unos metros de distancia las luces y la música dominan la escena. “¿Qué pasa acá?”, le pregunto al playero, que me explica que hoy es la “Fiesta del Dulce de Leche”. Sin lugar para la sorpresa espero al costado de la puerta del bar. Aún con el diario en mano, un fornido hombre entra y se sienta a tomar un café. Su cara me es conocida. Me acerco, lo miro con detenimiento y confirmo las sospechas. Estoy frente al “Rey de la Carne”. El mediático Alberto Samid, reconocido empresario frigorífico, quiere cerrar el diario de viaje. A esta altura de la tarde, lo único que pido es que llegue mi hermano y, sobre todo, que no aparezca Mauro Viale (?).

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Samid y una toma digna de un paparazzi.

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La selfie de despedida.