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Un dominicano bien gaucho

5 Feb

(Léase en tono gauchesco)

Sin poncho,
sin boina,
sin bombacha de campo ni boleadora’
En el mar Caribe lo nombraron gaucho
Y con la raqueta se hizo macho
Este José Hernandez es trucho
pega eslai  y ejercita mucho.

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(Léase en tono normal (?))

“Primero vi la calle. Vivía en una pensión que quedaba sobre José Hernández. Creo que estaba a una cuadra de Libertador”, dice el José Hernández dominicano que explica cómo descubrió la importancia que tenía esta denominación en la Argentina. Él es tenista. Tiene 24 años, ocupa el puesto 266° del ranking ATP y comparte nombre con el autor de la obra literaria más representativa del país, el “Martín Fierro”, obvio, de José Hernández. Un juego de palabras que lleva al humor pero que fue la carta de presentación en un país que lo hizo crecer como profesional. Y va la primeraaa (?)

Después de un comienzo gauchesco,
la historia se avecina.
Su nombre de pila e’ José
que acá la puso (dentro de la cancha) y no se jué.

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Habiendo una vez googleado y charlado sobre este nombre propio que coincidía con el suyo, José Hernández pudo empezar a usarlo como mecanismo para romper el hielo durante una conversación que cae en el chiste fácil. “Cada vez que les decía mi nombre era “Uh, Martín Fierro”. Sí, así es. Algunas veces digo que soy el bisnieto del famoso escritor”, le comenta entre risas Bebo a EfectoTenis.

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Sin embargo, antes de arribar a la Argentina a los 21 años -donde entrenaría en la Academia de Fabián Blengino- y descubrir la connotación de su peculiar nombre, Hernández tuvo un largo camino. Un trayecto que explica las razones de por qué estuvo durante tres semanas haciendo pretemporada junto al argentino Leonardo Olguín, en el Florida Tenis Club.

Producción de EfectoTenis. Un día en la pretemporada de José Hernández.

Luego de su etapa como junior, donde alcanzó el puesto 37° de la ITF, llegaría el verdadero cambio en su vida: entrar a la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos. A los 19 años y con una beca bajo el brazo, el nacido en Santo Domingo comenzó a estudiar economía mientras, en simultáneo, jugaba al tenis. “Te abre muchas puertas y no te quedas estancado. Te da la oportunidad de decidir qué es lo tuyo. Estás haciendo una carrera y jugando al tenis. Si me pasa algo, toco madera, estoy a un año de tener un título”. Además, la formación tenística es realmente exigente: de enero a mayo hay competencia [por equipos] todos los viernes y domingos. También, los gastos son mínimos. La universidad le brinda a los becados: ropa, raquetas, bolso, comida, alojamiento y estudio.015bbee03fef11e2b23022000a1f9ad5_7
Bebo, Roger y atrás Severin Lüthi.

“Estas invirtiendo en ti y casi sin poner dinero”, comenta Bebo que estuvo tres años en el college al que asistió Michael Jordan. “Allá se respira Jordan. Hasta hay un museo suyo. Es el ídolo de todos los deportistas. Es el Roger Federer del mundo. Y saber que él estuvo en mi universidad fue muy chulo”.
Michael Jordan en su habitación de la Universidad de Carolina del Norte, en 1983
Jordan en su habitación de la Universidad de Carolina del Norte (1983).

En cuanto a su Licenciatura en Economía, los números siempre le interesaron al dominicano. “Te ayuda a abrir la mente. Que la vida no es solo tenis. Cuando estoy en el hotel me pongo a ver las revistas de economía y la bolsa de valores. Como para matar el aburrimiento. Te distrae. No pensar tanto en tenis, tenis y tenis. También te culturiza”.

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Pensando en el conocimiento que tiene el argentino promedio sobre las universidades estadounidenses, la diversión es lo primero que ataca nuestras mentes. A través de las películas consumidas, un mundo de diversión es bosquejado en el inconsciente. Pero, ¿es verdad? Hernández, por experiencia, lo confirma. “Cuando llegué no sabía nada de eso. Lo había visto igual que ustedes, en las películas. ¿Has visto American Pie? Bueno, es exactamente lo mismo. Es una copia. Yo pensaba “esta gente está loca”. Los de American Pie llevaron una cámara a una universidad, filmaron dos horas y sacaron esa película. Es idéntico. Si te dejas llevar por eso fracasás. La joda y las distracciones son muchas”.

Su fortaleza ante estas tentaciones estaba sostenida por su responsabilidad y ambición que desde los 15 años asumió cuando debutó en la Copa Davis. “Era el único de mi equipo [del college] que jugaba Copa Davis. Siempre tuve responsabilidad con mi país. Unos años de joda no me iban a quitar esa ilusión”, aclara sin titubear.

EFE
En la Davis. (EFE)

A los 21 años, José Hernández estaba maduro. Era hora de probar en el profesionalismo. Al igual que todos los que comienzan, los Futures son el primer escalón. En Perú, durante uno de sus primeros tres torneos, Bebo fue observado atentamente por uno de los entrenadores que trabajaban para Fabián Blengino, actual coach de Carlos Berlocq y ex de Guillermo Coria, entre otros. “Pasé la clasificación y justo me tocó un jugador de la academia de ellos. Obviamente nadie me conocía. Dominicano. De la qualy. Sin ranking. Pero cuando me vieron jugar se acercaron y les expliqué mi situación”.

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“No tengo un Norte. Jugué juniors pero son dos mundos diferentes”, fueron las palabras del dominicano en aquella charla, donde finalmente fue invitado a entrenar en Buenos Aires. Él no dudó y lo hizo. Allí mismo comenzaría el amor por Argentina donde la cultura tenística es completamente diferente a la que vivía en su país caribeño.

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“Vine para acá y me encantó la ciudad. Los entrenos, como se labura. Aquí se respira tenis. Tú te metes en los colectivos y ves gente con bolsos de tenis. Ves todas las canchas que hay. El aire es diferente. Me impresionó porque nunca había estado en un país que tuviera tanto tenis. Miles de profesores que dan clases, muchos preparadores físicos muy buenos y concentrados exclusivamente en este deporte. En Estados Unidos hacía físico pero con el mismo preparador que entrenaba a los gimnastas”, narra Hernández con un tono ameno y tranquilo.fea6f4d05c0911e28abf22000a1f9bf5_7
También probó con el paracaidismo.

De la mano del tenis llegaría la absorción de la cultura argenta. Hábitos y más hábitos que lo hicieron sentir como en casa. “No me gustaba el café para nada. Aquí lo empecé a tomar. Cogí la cultura de la merienda, porque en Dominicana no existe. Es desayuno, almuerzo y cena no tan tarde como acá. En Argentina, he visto gente llegar a los restaurantes a las doce de la noche. Esa cultura del cafecito, merienda y asados, me fascina”.10932399_898108486875440_1446920086_n
Foto publicada en su cuenta de Instagram. Me agarró hambre (?).

A pesar que este José Hernández “trucho” no escribe versos gauchescos, el dominicano tiene un cuaderno muy especial. En 2009, antes de ir a la universidad, su padrastro se lo regaló. La intención del esposo de su madre era que Bebo escribiese sus objetivos durante su estadía en Estados Unidos. “Al tercer día se me agotaron y empecé a anotar cosas”. Este “librito sagrado”, como él mismo lo llama, es su Martín Fierro. Allí escribe de todo. Es un elemento que lo transporta a su esencia. “No se lo enseño a nadie [risas]. Escribo cosas que me vienen a la cabeza, artículos que me interesan, pego fotos, dibujo y hasta algunas frases de películas. Cosas que me gustan, que me sirven de inspiración para seguir adelante. Es mi librito sagrado. Mi tiempo”.

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VICTOR ESTRELLA, SU EJEMPLO

“En Dominicana el tenis está visto como un deporte elitista. Victor Estrella ha demostrado que no lo es. Es caro pero que con sacrificio y trabajo cualquier otro lo puede hacer”, comenta con admiración Hernández que habla sobre su compatriota Victor Estrella, actual 73° del ranking y el primer dominicano en ingresar al Top 100 ATP. “Victor, en su niñez, no tuvo las oportunidades que quizás tuve yo, o mucha gente que lo juega. El tipo fue recogepelotas en un club y lo mandaron allá por su temperamento. Era muy hiperactivo y le dijeron vete a recoger bolas. Él agarró una raqueta y para ganarse la vida comenzó a pelotear con los socios. Se dio cuenta que el tenis le daba dinero, y pensó “bueno, esto es lo mío”. Y ahí empezó un hambre de querer salir adelante que lo llevó a estar donde está. Al fin y al cabo, eso es lo que importa no solamente en el tenis, sino en la vida. Es el hambre que tú tienes por conseguir tus sueños, lo que aspiras”.
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Viti y Bebo.

“Lo de Victor (Estrella) es muy meritorio. Me gustan esas historias de motivación y él es alguien que tengo enfrente. No es que lo vi en una película, que me lo contaron, o lo leí en un libro. Yo lo viví. Recuerdo un día que volvíamos en el bus y él, con 33 años, viniendo de una lesión y estando 300 ATP, me decía que le faltaban 200 puntos para llegar al Top 100. Viejo, estamos hablando de 200 puntos. Yo me estoy matando por veintipico y él me decía eso. No lo dijo en un tono de “fantasma”, de sobrador. Lo dijo con seguridad. Te cuento y se me erizan los pelos. Eso es lo que uno debe tener. Las ganas, la seguridad, la confianza de que el mundo entero se te viene abajo y dices estoy aquí y voy a salir adelante”, relata Hernández con suma admiración. Su ejemplo es su compañero de Copa Davis que a los 34 años hace historia.

REVISTA EN SOCIEDAD

En los momentos de crisis, donde una gira salió mal, y aparecen los pensamientos y especulaciones sobre qué hubiese ocurrido en su vida si no hubiese elegido el camino del tenis, Viti Estrella es su ejemplo. “Hay momentos bajos del tenis en los que te pones a meditar…  Ahí es cuando pienso en lo de Victor y se me va. Se me olvida. El día que diga ya di mi máximo es cuando voy a colgar la raqueta. Por ahora tengo hambre. Sé que tengo mucho por mejorar. Mi techo está mucho más arriba”.

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Emilio Gómez: un camino diferente al de su padre

18 Ene

Su parecido es irrefutable. El trazo de su rostro, los pequeños ojos claros  y su imponente porte físico delatan el parentesco. El ecuatoriano Emilio Gómez, hijo de Andrés, campeón de Roland Garros en  1990, ex 4 del mundo en singles y 1 en dobles, a los 22 años recién está dando sus primeros pasos en el circuito profesional. Lejos de emular el recorrido de su padre, Emilio está “forjando su propio camino”. Sus inmaduros errores de juventud, el  hambre de gloria, su paso por la Universidad del Sur de California, la importancia de la Copa Davis y la constante comparación con su padre son los principales aspectos que fueron definiendo la personalidad de este sudamericano que lucha por incrustar su nombre en los principales torneos del mundo.

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En 2009, y con solo 17 años, Emilio Gómez ganaba su primer torneo profesional, un Future en Ecuador. Éste triunfo, sumado a ser el hijo de “La zurda de oro”, ilusionaba al mundillo del tenis ecuatoriano. Sin embargo, las malas decisiones y la inmadurez propia de la juventud demoraron su explosión tenística. “Esto comenzó cuando empecé a jugar en Juniors. Ese año (2009) me fue muy mal en la COSAT y también en la gira europea. Fueron parte de un proceso que pensé que iba a ser un poco más fructífero en cuanto a resultados, pero no fue bueno”, dice Emilio quien alcanzó la posición 54 del ranking junior de la ITF. “De repente me encontré en una semana buena donde terminé ganando el Future. Con lo pequeño y poco maduro que era, lo tomé muy mal. No tenía un entrenador fijo, ni cosas programadas para después. Cogí un ranking bueno para poder jugar los cuadros principales de los Futuros, y ese mismo año no jugué mucho”. En junio de 2010 viajó a Brasil para realizar una gira de cinco torneos Futures. Para trasladarse de uno a otro debía “coger un bus súper largo”, lo cual lo estresó y lo hizo terminar de explotar. “Me quiero tomar un descanso en cuanto al tenis profesional”, fueron las palabras de Emilio Gómez que ya tenía en mente el cambio de aire: su paso a la Universidad del Sur de California (USC).emilio y andrés
Padre e hijo. Drives parecidos pero uno zurdo y otro derecho.

“Luego de esa gira regresé a Ecuador y le dije a mis papás que era el momento. Yo me podría haber ido a la universidad en enero de ese año, y quizás por eso me atrasé un poco”, comenta en tono de reproche el 305° del mundo. “Fue un proceso muy bueno, muy tranquilo, y duro a la vez por todo lo que significaba la universidad: allí tienes que estudiar y jugar tenis. Obviamente no quedan atrás las fiestas, son parte de la universidad, parte de una vida muy distinta a la que se vive en el tenis”, explica el ecuatoriano quien estuvo tres temporadas en la USC.IMG_1193

Emilio Gómez no es mezquino con las palabras. Habla relajado, sin apuros y tampoco escatima en detalles. Con respecto a su paso por el college (camino que muchos estadounidenses y centroamericanos eligen), donde estudiaba Economía, resalta: “Es un nivel de estrés mucho más alto de los que algunos piensan. Sí, muchos dicen, vas a ir a la universidad, vas a jugar tenis, vas a ir de fiesta. Pero nosotros también teníamos las ganas de ser jugadores de tenis profesional y sabíamos lo que iba a costar salir de ahí”.

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Durante los festejos luego de vencer a Chile.

Lavar la ropa, tener que estudiar, dejar de jugar al tenis para seguir y seguir estudiando fueron nuevas responsabilidades con las que Emilio se topó y debió resolverlas. Pequeñas cosas que implantaron una semilla dentro de él. Un sentimiento que hasta ese momento nunca había experimentado: el hambre de triunfo. ”Me acuerdo que tuve un primer semestre muy duro, un bajón muy grande, donde me deprimía y sentía que tenía que estar en el circuito. Eso a la vez me ayudó. Me ayudó a extrañar lo que era el circuito, y a ganar ese hambre que necesitaba y que no tenía antes. Dentro de mí crecían unas ganas muy grandes de querer salir lo más rápido posible para jugar en el tour”.

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Junto a Nadal y Mónaco en Indian Wells.

Su reencuentro con el profesionalismo (exceptuando algún que otro torneo) ocurrió a mediados de 2013 donde finalmente abandonó el college. El empujón que lo insertó definitivamente en la “selva” se lo dio sus participaciones en la Copa Davis, en las series frente a Perú y Chile donde consiguió dos buenas victorias (ante Duilio Beretta y Christian Garín) que instalaron a Ecuador en el repechaje por el ingreso al Grupo Mundial. “Frente a Beretta, siendo mi primer match de Copa Davis, salí de la cancha y lloraba como un niño de dos años. No lo podía creer. No sabía si lo iba a vivir estando en la universidad y tuve la suerte de hacerlo. Fue muy importante para mi proceso, lo aceleró un poquito más. Frente a Chile terminé de decidir que era lo que quería”, dice el pupilo de dos importantes entrenadores: Martín Rodríguez y Wally Grinovero.
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Emilio y su primer triunfo ATP, en Bogotá y sobre cancha dura.

La temporada pasada, desde julio en adelante, Emilio consiguió dos títulos a nivel Future, una semifinal y tres cuartos de final en Challengers. Además, su primera victoria ATP, luego de superar la clasificación en Bogotá, Colombia.

En contraste con su padre, y separándose de las incesantes comparaciones, Emilio expresa que cuando entró a la universidad sabía que “estaba forjando mi propio camino, uno totalmente distinto al que tomó mi papá. Cada vez que me preguntan si es una presión, ahora ya no lo es. Es más, es una motivación, y algo muy difícil de alcanzar”. Sobre la insistencia del periodismo acerca de este tópico manifiesta entre risas: “La prensa siempre intenta buscar algo nuevo.  Voy a esperar hasta se aburran de escuchar mis mismas respuestas”.

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Andrés Gómez y su aporte a la historia grande del tenis.

TENIS ECUATORIANO

En agosto de 2013, Nicolás Lapentti, ex número 6 del ranking mundial, fue ratificado como presidente de la Federación Ecuatoriana de Tenis, cargo que ocupará hasta 2017. “No lo vemos como un presidente sino como un jugador más dentro del equipo”, enuncia Gómez.

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Lapentti y el equipo ecuatoriano de Copa Davis.

Por otro lado, Emilio expone su parecer acerca de la situación de los jóvenes tenistas ecuatorianos: “En cuanto a los más jóvenes falta mucho. No hay un nombre grande dentro de los Juniors. A los chicos en Ecuador, en la academia donde me crie, le faltan muchas ganas, ese hambre que necesitan para hacer las cosas bien. Eso se gana saliendo, jugando, sufriendo. Quedándote en Guayaquil todo el día, en tu casa, donde te dan todo, es difícil. Es una etapa de transición y se necesitan jugadores que tengan esas ganas que hacen mucha falta”.